El Alfa y la Princesa de Sangre (Secretos de Sangre 1) Capítulo 1 Matt #2
4%

Capítulo 1 Matt #2

Por el momento me contengo; tengo que aplicar todo el autocontrol disponible porque siento escalofríos por la tentación de ir en busca de mi compañera.

El entrenamiento de mi abuelo para ser un líder fuerte me ayuda a detenerme.

Hoy, primero está la ceremonia; luego podré buscar a Zoe y enfrentar esto que está pasando.

Solo espero que a ella también le ocurra, aunque empiezo a tener mis dudas.

¿Será que no lo siente? Porque desde que entré al salón no me ha dirigido una mirada, ni una sonrisa de sus labios.

Sus labios… no me había dado cuenta de lo suaves que parecen.

Son carnosos, y ese brillo que lleva solo los resalta más.

Demonios, debo controlarme. No puedo flaquear.

Respiro hondo y me dirijo a mis abuelos para comenzar.

Ellos están esperando, magníficos con sus ropas de gala, en el palco de esta sala.

Es el espacio que usamos para ceremonias más importantes; aquí, por ejemplo, mis padres se casaron y, aquí, cuando nací, fui presentado a la manada.

Mi abuela la llama su «Sala Plata». Mi abuelo se la mandó a construir hace más de dos siglos como regalo de bodas; hizo que la decoraran con toda la plata que encontró disponible.

Él siempre dice que solo la plata puede reflejar la belleza de su Luna Siciliana.

Que la decoración sea de este material tiene un simbolismo muy especial para los lobos.

Regalar plata simboliza la entrega absoluta de amor, ya que prácticamente solo la plata en forma de daga o espada puede herirnos de gravedad.

Con esto, mi abuelo, al entregarle toda la plata a través de esta sala, quería decirle que solo ella tenía el poder para herirlo; era la máxima muestra de su amor y confianza.

Me costó llegar al palco. Yo quería acelerar las cosas para poder enfocarme en Zoe, pero fui detenido varias veces para recibir saludos y felicitaciones por el cumpleaños y la toma de poder.

Mis abuelos me miraban con orgullo, aunque ella tenía esa mirada suspicaz, tan propia de su ser.

Creo que mi rostro reflejaba que algo pasaba, porque cuando me reuní con ellos, incluso me consultó si realmente quería seguir con la ceremonia.

Al parecer, pensaba que estaba nervioso por asumir como Alfa, así que la tranquilicé y les di mi consentimiento para iniciar el proceso.

Con esto, mi abuelo dio la orden de inicio de la ceremonia.

El orador pidió a todos los presentes —lobos sicilianos y de distintas manadas, vampiros tanto de la realeza como de otras clases sociales, algunas brujas blancas y un puñado de humanos con los que tenemos una relación cercana— que guardaran silencio para presenciar este momento tan trascendental para la Manada de Sicilia.

Cuando todos estuvieron prestando atención, desvié apenas mi mirada hacia Zoe.

Ella no miraba hacia el palco; mantenía la vista baja, apretaba sus manos e incluso pude ver que respiraba hondo.

¿Tal vez detectando mi olor?, me pregunté.

Con eso me relajé, porque finalmente me mostró un pequeño indicio de que seguramente estaba sintiendo el vínculo, aunque no lo entendiera del todo.

Ya más tranquilo, me concentré en mi abuelo, que se paró frente a mí e inició la ceremonia con mi abuela a su lado.

Empezó quitándose el pesado medallón ceremonial de su cuello y colocándolo en el mío; se sentía poderoso, casi como si vibrara con la fuerza de la manada siciliana.

Luego sacó la Daga de Plata del Alfa de su cinturón —un arma que se hereda de líder a líder— y me la ofreció por el mango, mientras se hacía un corte en la palma al sujetarla por el filo.

Entonces, pronunció las palabras rituales:

—«Con la entrega de esta, la Daga de Plata del Alfa, yo, Calo Capolupi, actual Alfa de la Manada de Sicilia, declino mi mando y lo deposito en ti, Matt Capolupi, nuevo Alfa juramentado. Ante testigos dejo mi vida en tus manos y acepto, desde este instante, lo que decidas hacer con ella».

Me entregó el arma; su mano sangraba por la presión contra el filo y se arrodilló, inclinándose para dejar expuesta su nuca.

Me ofreció su vida para que yo «decidiera» si había sido un buen Alfa y si era digno de seguir viviendo.

Para completar el ritual, tomé la daga y realicé un corte en mi propia mano.

Se la ofrecí, ayudándolo a levantarse y mezclando nuestras sangres.

Con este gesto, perdonaba su vida. Finalmente, se quitó su cinturón, que en nuestra manada equivale a una corona y me lo entregó. Con ello el ritual finalizó.

En ese momento, el proceso biológico del cambio inició.

Sentí cómo el poder del Alfa recorría mi cuerpo y, sumado a los efectos del vínculo con Zoe, experimenté la sensación más poderosa del mundo.

Una de las primeras cosas que noté es que, como Alfa, podía sentir los pensamientos de los lobos de mi manada que me daban la bienvenida; sentía el amor de mi abuelo e incluso la voz cariñosa de mi abuela.

Es lo que llamamos «Compartimentación del Alfa»: la posibilidad de tener comunicación directa y mental de toda la manada con su líder, sin importar la distancia.

En realidad, los lobos nos comunicamos así entre nosotros, pero la diferencia está en que solo el Alfa puede hacerlo con todos a la vez, al mismo tiempo.

Si bien todo esto era asombroso, lo que realmente me detuvo el corazón fue escuchar la voz de Zoe en mi mente, susurrando con desesperación:

—Te necesito, Matt. No lo entiendo, pero te necesito… ¿Qué me está pasando?