El Álbum de Lilly Vida a la Sombra de la Muerte #3
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Vida a la Sombra de la Muerte #3

Moses le pagó al conductor la segunda parte de su pago. Mientras que éste se daba vuelta para regresar a su camión Moses se detuvo enfrente del camión y no lo dejó moverse.

«¿Qué sucedió?» preguntó el conductor.

«Debe llevarnos de regreso con usted. O nos moriremos de frio o los aldeanos nos matarán», respondió Moses.

«Tendrá que pagarme dinero adicional por el riesgo extra», dijo el conductor.

"Okay, " respondió Moses. «Cuando regresemos, le pagaré otros cinco mil zlotys.»

"No, diez mil, " protestó el conductor.

Ellos finalmente acordaron siete mil zlotys y todos subieron al camión. Moses no pronunció ni una palabra en todo el viaje. Él sabía que el regreso era un viaje a la muerte, solo que él había recibido una ligera extensión.

Cuando llegaron a Varsovia, hubo una gran conmoción en la ciudad. Las calles estaban cerradas y el tráfico estaba completamente paralizado. Miles de soldados armados estaban en las calles y brillantes autos negros con banderas esvásticas a los lados de los faros iban conduciendo a gran velocidad.

"Esos son la SS, " dijo el conductor.

Moses, quien temía ser arrestado, le pidió al conductor que encontrara una ruta alternativa, evitando los caminos principales. La mayoría del tiempo estuvieron atascados en un lugar y cuando finalmente pudieron proceder lentamente, los soldados les ordenaron que inmediatamente dejaran el área.

Finalmente ellos lograron hacer su camino en un atestado vecindario residencial donde todas las casas habían sido destruidas.

Las calles estaban casi impasables y muchas veces Moses tuvo que salir del camión y mover grandes piedras que estaban bloqueando el camino.

En un lugar, el conductor le gritó por la ventanilla a alguien en una bicicleta, «¿De qué es toda la conmoción?

» El hombre respondió, «Hitler está viniendo y habrá un desfile victorioso mañana. »

Cuando el camión llegó a su casa, todos ellos estaban más que exhaustos. Tan pronto como se fue el conductor, ellos fueron a la cama, se cubrieron a sí mismos con mantas y se quedaron dormidos.

La residencia de Moses en la calle Ogrodowa estaba dentro de los muros del gueto y bordeaba la calle Biala, que llevaba a la Plaza Mirowski donde estaba la vieja iglesia.

Era la última calle en el gueto y una pared del gueto estaba construida contra su edificio.

Como su apartamento estaba en el segundo piso y el muro no llegaba a la altura de una de sus ventanas, se le ordenó que sellara la ventana.

El sello que puso podía fácilmente quitarse para permitirle bajar una soga hacia el lado Ario.

Él concibió un plan de escape, pero tenía que esperar el momento oportuno para implementarlo.

Él sabía que mientras más esperara más difícil sería llevar a cabo el plan.

La situación en Wloszczowa no ha mejorado; por el contrario, las cosas comenzaban a deteriorarse.

Los alemanes comenzaron a tratar a los judíos con mayor brutalidad y malicia y comenzaron a ir acorralando gente de todo el pueblo y reubicándolos en el área que ellos llamaban el «gueto.

» En febrero quinientos judíos de Wloclawek fueron traídos y reubicados en el gueto.

Una cocina de sopa fue abierta para proveer una comida caliente al día a los refugiados más desposeídos, mientras que aquellos judíos que vivían en el pueblo pudieron permanecer en sus casas.

Mientras tanto casas y cabañas eran erigidas en el gueto, para absorber cientos de refugiados que llegaban todos los días desde áreas por toda Polonia.

Ida se había recuperado de alguna manera desde que su hermana Berta, su esposo Herman y sus hijos vinieron a vivir con ella.

La Abuela Paulina, quien acababa de cumplir setenta y siete años, nunca se recuperó de cómo le destrozó el corazón la muerte de su hijo.

Ella había perdido peso, difícilmente comía algo y se quedaba acostada dormitando la mayor parte del día en su silla, con el dachsund marrón de Lilly dormido sobre sus rodillas, cubierto con una manta de lana floreada.

Herman, quien hablaba alemán fluido, hacía todas las compras y no dudaba en salir al mercado e incluso conversar con soldados alemanes.

Muchos ya lo conocían e incluso le pedían su consejo en temas de salud cuando supieron que él era un doctor.

Él volvía a casa y jocosamente decía, «No les dije voluntariamente que yo era dentista, y ellos no pidieron ver mi diploma. »

Roza venía a visitar casi todos los días, y pasaba muchas horas cocinando y limpiando. Su buena vecina, Zosia, ocasionalmente le traía huevos o medio pollo que conseguía de sus amigos en la aldea.

Eva también venía ocasionalmente a animar a Lilly, quien había perdido casi todo contacto con su familia en Varsovia, y sus dos hermanos de quienes no había escuchado nada.

Todavía llegaban cartas, si bien no regularmente. Lilly enviaba cartas a todos los domicilios que sabía, a sus tíos en Varsovia, a David en el hospital en Brest, al doctor Adam Wolowelski y a Izabella Grinevskaya en Estambul.