El Álbum de Lilly Vida a la Sombra de la Muerte #2
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Vida a la Sombra de la Muerte #2

"Claro que lo sabemos, pero estamos preocupados por el bienestar de nuestra familia», respondió Herman en perfecto alemán.

«¿Cómo es que sabes tan buen alemán?» preguntó el comandante.

«De casa. Hablábamosalemán y polaco en casa» respondió Herman.

«¿Eres judío?» le preguntó asombrado.

"Sí, " respondió Herman, mientras se sacaba la chaqueta para mostrar la banda blanca que estaba usando.

El comandante estaba un poco sorprendido ya que el nombre Herman Mirabel no era un nombre que sonara mucho a judío.

Más aún, las ropas elegantes y el Borsalino Italiano que Herman vestía y los anteojos elegantes que tenía resaltaban en completo contraste con lo que él esperaba ver a los judíos vistiendo.

«Es mejor que se apuren. El toque de queda entra en efecto muy pronto», dijo el comandante mientras les devolvía sus documentos.

Cuando finalmente llegaron al apartamento de Ida, ellos tocaron ligeramente a la puerta.

Cuando Lilly abrió la puerta, ella casi se desmayó por la conmoción.

Ella abrió la boca para decir algo, pero no salieron las palabras.

Herman se acercó a ella, la abrazó y luego el resto de la familia la abrazó. ´

Después que se hubieron instalado e Ida les dijo sobre la muerte de Wolf, la gran alegría se tornó en gran tristeza. Herman se paseaba por el largo y ancho de la sala murmurando, «Otra catástrofe que no tenía que suceder.»

Herman había llevado efectivo consigo, joyería y oro dental, por ende garantizando la estabilidad económica de la casa.

Herman ahora tenía que deducir una manera de recuperar las pesadas maletas que había ocultado.

Él tenía una idea. Lilly le pidió prestada una bicicleta a su amiga Eva, le adjuntó una canasta y a la de Eva y, juntas con su primo Mietek hicieron varios viajes hasta las maletas ocultas y finalmente trajeron sus contenidos a casa.

Cuando las maletas estuvieron vacías, ellos las arrojaron bien adentro del bosque.

A principios de febrero de 1940, los alemanes colgaron letreros que advertían de un área «infectada con una enfermedad contagiosa.

» Los letreros rodeaban el área en el oeste de Varsovia, donde la mayoría de los residentes eran judíos.

Inmediatamente después que los letreros fueron colgados, los residentes cristianos comenzaron a irse.

A principios de marzo, los alemanes les dieron instrucciones a la gerencia de la Judenrat de construir un muro alto de al menos tres metros alrededor del distrito entero.

Los alemanes ordenaron una fecha límite para completar la obra de tres semanas.

Ellos tenían que trabajar día y noche para terminar la tarea y, para empeorar las cosas, el toque de queda fue movido a las siete en punto.

El área finalmente se hizo conocida como el gueto de Varsovia.

Aquellos judíos que vivían afuera de las paredes del gueto fueron forzados a abandonar sus hogares y propiedades y mudarse adentro del gueto.

Tuvieron que soportar insultos de sus vecinos cristianos que los veían mientras estaban dejando los apartamentos que poseían.

«Finalmente nos estamos deshaciendo de ustedes, escoria asquerosa.

No se atrevan a volver aquí jamás.» En la mayoría de los casos los vecinos permanecían afuera con expresiones de schadenfreude , maliciosaalegría, en sus rostros.

Tan pronto como se fueron los judíos, sus apartamentos fueron allanados y vaciaron sus contenidos.

En la víspera de Yom Kippur, los alemanes anunciaron el establecimiento oficial del gueto de Varsovia, el cual iba a ser inmediatamente poblado por los judíos de Varsovia.

Finalmente la fecha de ocupación fue extendida a noviembre.

cristianos y judíos intercambiaban apartamentos entre ellos mismos.

Había cristianos que eran capaces de comprar lujosos apartamentos de los judíos que eran forzados a irse y escapar a Rusia.

Había apartamentos que eran simplemente abandonados por judíos que huían en las tinieblas de la noche y de los cuales los cristianos se apoderaban.

Dado que la casa de Moses estaba dentro de los muros del gueto, no fue necesario para él mudarse.

Moses había planeadoescapar de Polonia a Turquía vía Rumania.

Él le pagó a un conductor de camión cristiano quince mil zlotys en efectivo para que lo transportara a él y a su familia a Chernivtsi y de ahí a Kishinev y finalmente a través de Rumania al Mar Negro.

Él prometió pagarle la misma suma otra vez tras su arribo a su destino final.

En el día acordado el conductor llegó con su camión a la casa de Moses.

Éste corrió arriba y abajo varias veces cargando el camión con sus maletas con ropa, así como el maletín conteniendo las joyas del conde Sosnowski que estaba sosteniendo como aval.

Él tenía en su posesión algo de efectivo, pero no mucho.

Todo su dinero estaba depositado en varios bancos ya sea en efectivo o acciones.

Dado que los bancos estaban cerrados, él no tenía acceso a su dinero.

Finalmente todo estuvo cargado en el camión. Moses se sentó junto al conductor, mientras Berta y Jerzy se sentaron atrás.

El camión comenzó a moverse; finalmente estaban en camino.

Condujeron por el centro de la ciudad hacia la carretera que se dirigía al sudeste.

El habilidoso conductor pasó varios retenes viajando por calles laterales.

Él sabía que haciendo eso estaba arriesgando su vida, pero la enorme suma de dinero que iba a recibir al final del viaje estaba constantemente centelleando en su mente.

Moses, quien temía que el conductor, que sabía que él era un hombre rico, pudiera atacarlo, llevó consigo su arma cargada, la cual llevaba en el bolsillo de su abrigo. Su mano estaba metida en el bolsillo como una advertencia al conductor.

El viaje afuera de la ciudad fue sin inconvenientes mientras el camión hacía su camino sobre la carretera que llevaba a Lublin.

El tráfico, en ambas direcciones, era mayormente de vehículos militares.

El conductor siguió a la caravana de vehículos; cualquier pensamiento de adelantarse a ellos o hacerles alguna maniobra estaba fuera de cuestión.

Moses trató de romper el silencio para aliviar la tensión que reinaba entre él y el conductor.

«¿Es usted de Varsovia? " preguntó Moses.

"No, de Praga, " respondió él.

Su conversación fue interrumpida por un vehículo militar que se puso al lado de ellos y les hizo señas de que se detuvieran.

El conductor se movió a un lado del camino y detuvo el camión cuando el vehículo militar hizo lo mismo.

Dos soldados alemanes salieron del auto y se aproximaron al camión, ordenándole al conductor que saliera.

Moses permaneció sentado, tenso y nervioso, mientras que tomó el arma de su bolsillo y la ocultó debajo del asiento.

" Raus " Fuera, le gritó uno de los soldados a Moses.

Moses salió del camión y se acercó al soldado. «Papeles» gritó el soldado.

Moses tomó un pasaporte ruso del bolsillo y se lo entregó al soldado. "Oh, usted es ruso, " dijo él. Moses asintió con la cabeza y trató de sonreír. El soldado le devolvió su pasaporte.

El soldado miró en la parte de atrás del camión, pero no vio nada, ya que Cesia y Jerzy estaban cubiertos con una gran lona.

Los soldados los instruyeron que regresaran al camión y continuaran su camino. El corazón de Moses estaba latiendo salvajemente.

Mientras comenzaba a conducir, el conductor dijo, «Fuimos afortunados que ellos fueran solo soldados y no Gestapo. Si hubieran sido Gestapo, no habríamos salido vivos del calvario.»

Moses buscó debajo de su asiento, recuperó su arma y la puso de nuevo en su bolsillo. «¿No confía en mí?» preguntó el conductor.

«No confío en nadie», respondió Moses.

«Tiene razón. En días desquiciados como estos, uno no puede confiar en nadie. Sin embargo, puede calmarse, no lo traicionaré», dijo el conductor.

Cuando llegaron a Lublin, el conductor giró y comenzó a ir en dirección al este.

"La frontera es más cerca por este camino. Si continuamos en dirección sur a la frontera, podemos meternos en problemas. No todos los soldados son tan fáciles de pasar como los últimos», dijo el conductor. No teniendo opción, Moses estuvo de acuerdo.

Cuando se acercaron a la frontera, el camino se puso impasable ya que el terreno estaba lodoso y parcialmente congelado. Conducir era extremadamente difícil.

«No puedo continuar conduciendo. Tendré que encontrar un lugar para dejarlo y usted tendrá que continuar por su cuenta. La frontera está a solo unos pocos kilómetros de aquí», le dijo el conductor a Moses.

Hacía un frío espantoso afuera. Aunque se veía una cantidad de casas en el área, estas eran en realidad granjas cuyos habitantes eran hostiles hacia los judíos. Moses se dio cuenta que estaba en un área peligrosa.