Bajo Ocupación Nazi #2
Un día Izio salió a comprar algo de comida. Él regresó después de una hora luciendo pálido y asustado. Cuando le preguntaban qué había pasado, él comenzó a contar lo que había visto.
«Los alemanes pintaron una Estrella de David en todos los comercios propiedad de judíos.
Cuando Rosen, el sastre salió para discutir con ellos, un soldado le pintó el atónito rostro de Rosen con pintura negra, mientras que sus camaradas permanecieron allí desternillándose de risa.
En otro lado, vi cómo agarraron a varios transeúntes y les ordenaron que barrieran las calles. »
Paulina, que estaba sentada en el sillón con Balbina en los brazos, dijo, «Cuánta razón tenía mi hermano Juliusz cuando dijo les dijo a todos que era hora de salir de este país. Yo también les dije que se fueran.»
«Ahora es demasiado tarde, se llevaron mi auto. ¿Además adónde iríamos? ¿Quién nos ayudaría?» dijo Wolf.
«Tal vez puedas ir con tu amigo el padre Dabrowski o al conde Jan Sosnowski, " replicó su madre.
«Veré lo que puedo hacer», prometió Wolf.
«Comamos este delicioso plato de manzanas y ciruelas que preparé. No hay carne en el mercado, ya que los alemanes confiscaron todo el ganado y los cerdos», se disculpó Ida.
Lilly estaba sentada en un costado en silencio, lamentando que no se había ido a Palestina con su amado Edek. Ella había esperado en vano una carta de él. Isaac tampoco había escuchado de sus hijos desde que se habían ido.
Repentinamente escucharon el familiar sonido de alguien tocando a la puerta.
Ellos habían establecido un código de tres golpes rápidos cuando un vecino estaba a la puerta.
Izio fue enviado hacia abajo para abrir la puerta.
Cuando lo hizo, Eva, la hija de Zosia, estaba de pie allí con una jarra de leche.
Ella le entregó la jarra a Izio y dijo, «Rápido, toma esto y me voy corriendo a casa.
» Antes que él tuviera una oportunidad de decir algo, desapareció en la oscuridad.
De noche ellos podían escuchar la aglomeración de la las botas mientras los soldados marchaban por las calles en sus patrullas. Otras veces podían escuchar fuego de rifles a la distancia.
Trescientos judíos, quienes habían sido expulsados del pueblo de Sczcekociny por el gobernador militar alemán, llegaron a Wloszczowa, junto con los judíos que habían dejado Poznan y Lodz.
Los movimientos de todos los residentes de Wloszczowa fueron restringidos mientras eran incapaces de salir del pueblo, pero dentro del pueblo les era permitido moverse libremente.
Los judíos de Wloszczowa establecieron un concejo para representarlos cuando lidiaban con los alemanes, y nombraron a Mona Landau como su jefe. Él había sido el jefe de un concejo similar antes del arribo de los alemanes.
Hacia el fin de octubre, los alemanes anunciaron el establecimiento del General gouvernement , Gobierno General, el cual era el nombre que los Nazis usaban para identificar a los territorios polacos no anexados a Alemania.
Fue desde ese día en adelante que todos los judíos fueron forzados a usar una banda blanca con una Estrella de David azul en sus brazos derechos.
Wolf fue varias veces a la iglesia en búsqueda del Padre Dabrowsky, pero el sacerdote nunca estaba allí y nadie podía decirle a donde había desaparecido.
Los ahorros de toda la vida de Wolf estaban depositados en el banco de la familia Yagoda en el pueblo de Szczekociny.
Cuando los alemanes llegaron al pueblo, mil de los dos mil ochocientos residentes judíos huyeron.
De aquellos que se quedaron, trescientos fueron transferidos a Wloszczowa.
Los soldados alemanes saquearon y arrasaron las casas de aquellos que se habían ido, llevándose artículos de plata, joyería e incluso alfombras.
A tres judíos que se les opusieron les dispararon en el acto.
Todos los comercios fueron confiscados y sus propietarios expulsados.
Wolf trató de llamar al banco, el cual era siempre confiable y honorable, pero no hubo respuesta. Dado que estaba prohibido salir de Wloszczowa, él no podía ir al banco.
La situación económica de Wolf comenzó a deteriorarse rápidamente. Izio sugirió que tratara de contactar al conde Sosnowski y pedirle ayuda, pero Wolf no hizo nada, ya que no tenía manera de llegar a Maluszyn. Ahí fue cuando Izio decidió tomar la iniciativa y buscar la ayuda del conde.
Una noche, a fines de octubre, vestido abrigadamente con un gorro de lana y la tarjeta de identificación de su amigo Mietek en el bolsillo, él salió de casa y se dirigió a Maluszyn.
Caminó a través del bosque, nunca alejándose demasiado del camino principal.
Ocasionalmente un auto alemán pasaba y él se ocultaba en los arbustos y esperaba a que éste pasara.
Una vez cuando se sentó a descansar, escuchó sonidos de murmullos viniendo del bosque.
Asustado, comenzó a correr hasta que tropezó en una rama de árbol y cayó al suelo.
Se quedó quieto y no se movió, mientras que vio figuras caminando alrededor como si buscaran a alguien.
Él estaba seguro que ellos habían escuchado sus pasos.
Sabía que los partisanos se ocultaban en el bosque y temía que lo mataran por miedo a que los traicionara.
Dado que los partisanos Armia krajowa no aceptaban judíos entre sus filas, los judíos se mantenían apartados de ellos y trataban de no ir cerca de las áreas donde ellos operaban.
Mientras se acercaba a Maluszyn, él vio a una unidad de soldados estacionados en la entrada del pueblo. Decidió no acercarse demasiado a ellos, sino tratar y evadirlos para poder llegar al pueblo. Dado que ya estaba aclarando, era peligroso para él estar en las calles.
Caminar a través del bosque y caminos secundarios, finalmente logró llegar a la mansión del conde con sus altos muros de piedra rodeándola.
Él trepó la pared y cuando estaba por saltar dentro del jardín escuchó una voz gritar «halt», y un arma gatillar.
Cuando saltó hacia atrás, escuchó un disparo y comenzó a correr en el bosque con todas sus fuerzas, sin mirar atrás.
Él le agradeció a sus estrellas de la suerte que los soldados no lo persiguieron.
Jadeando, se lanzó a sí mismo sobre la hierba húmeda donde yació por un rato hasta que fue capaz de respirar normalmente otra vez.
Izio por tanto decidió abandonar su plan de ir a Maluszyn para buscar la ayuda de conde, y en vez de eso decidió ir a Varsovia con la esperanza de encontrarse con Moses, quien seguramente estaría más que contento de ayudarlo.
Tuvo que cambiar de dirección y dirigirse al norte donde esperaba encontrar un auto que fuera en su dirección y lo llevara.
Todavía estaba a una considerable distancia del camino principal que iba hacia Varsovia. Tratando de no ser descubierto, él caminó por los caminos secundarios hasta que alcanzó la carretera principal.
Para su suerte, el primer vehículo que pasaba se detuvo por él.
«¿Adónde vas? " preguntó el conductor.
"A Varsovia, a visitar a mi familia, " respondió.
«¿De dónde vienes?»
"De Maluszyn, " mintió él.
«¿Cómo te llamas?» inquirió el conductor.
"Mietek Pozynowski, " replicó él.
El conductor accedió a llevar a Izio.
Más tarde en la conversación, Izio le dijo al conductor que la vida se había puesto más difícil desde la ocupación Alemana y la persecución a los judíos. Él no habló favorablemente sobre ellos sino más bien muy fáctico.
«¿Sientes lástima por ellos? Trajeron la guerra sobre nosotros», dijo el conductor enojadamente.
«Absolutamente no. Por mi parte Polonia debería deshacerse de ellos» replicó Izio.
"Bravo. Bien dicho. Debemos deshacernos de ellos de una vez por todas», dijo el conductor.
Cuando llegaron a los límites de la ciudad de Varsovia, fueron detenidos por la policía militar que quería chequear sus papeles de identificación.
Primero revisaron los papeles del conductor y los bienes que tenía y luego pidieron ver los papeles de Izio.
Cuando él les dio sus papeles, se dio cuenta que su mano estaba temblando.
El soldado lo miró sospechosamente, pero rápidamente le devolvió los papeles y le dijo al conductor que continuara.
Cuando estuvieron más cerca del centro de la ciudad, Izio salió del auto. Le agradeció al conductor, quien continuó su camino.
Él caminó, mientras miraba derecho hacia adelante y no de lado a lado, para no levantar sospechas. Caminó rápidamente con la cabeza levantada como si estuvieran apurado por llegar a algún lado.
Varsovia estaba en ruinas; las calles estaban destruidas y muchos edificios colapsados todavía estaban humeando.
Había una horrible pestilencia de los cadáveres humanos y animales sepultados bajo los escombros.
Era muy difícil asimilar la escena y darse cuenta cómo había cambiado completamente el paisaje urbano.
Cuando llegó a la calle Ogrodowa él inmediatamente reconoció el edificio. Aunque la fachada estaba completamente destruida por metralla, era posible entrar a la escalinata.
Él tocó a la puerta y aguardó. Había silencio en el otro lado; nadie respondió.
Él espero por un largo tiempo y tocó nuevamente susurrando, «Soy yo, Izio.
» La puerta se abrió y él rápidamente entró al apartamento.
Moses y Cesia estaban de pie en el salón, ambos se veían muy pálidos y delgados.
Izio se acercó a ellos y los abrazó muy fuerte.
Los tres permanecieron abrazándose mutuamente por un rato sin decir una palabra.
«¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué le pasó a la familia?» preguntó Cesia.
«No se preocupen, todos están bien. Por ahora los alemanes no están necesariamente persiguiendo judíos», respondió él.
«¿Dónde está Jerzy?» preguntó.
«Él está durmiendo ahora, pero llora todo el tiempo. Todos estamos muy preocupados por lo que sucederá», dijo Cesia.