El Álbum de Lilly Amor y Odio #2
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Amor y Odio #2

Como resultado del Anschluss , la anexión de Austria por la Alemania Nazi, el gobierno austríaco comenzó a expulsar judíos de Austria.

Los no-ciudadanos eran expulsados inmediatamente y esos ciudadanos que recibían permisos de salida eran forzados a pagar pesados impuestos antes de irse.

Todos aquellos que elegían quedarse atrás soportaban grandes humillaciones.

Profesores, escritores y gente de estatus social alto recibían cepillos de dientes y les decían que limpiaran las calles.

El famoso compositor y conductor de la Filarmónica de Viena, Juliusz Wolfsohn, quien era el tío abuelo de Lilly, se fue exitosamente de Viena con su familia y llegó a Polonia.

La primera noche en Polonia, Julius se quedó en casa de Wolf para poder visitar a su hermana y sobrino antes de ir a Varsovia, donde poseía un apartamento.

La tarde siguiente, Julius se presentó a la embajada de los Estados Unidos con documentos atestiguando el hecho de que él era un consumado director y compositor que tenía muy amistosas relaciones con la Orquesta Filarmónica de Filadelfia.

Él sacó una carta en la cual ellos le notificaban que estaban buscando un director y él consideraría tomar el trabajo.

Se le dijo que esperara unas pocas semanas para tener una respuesta.

Como por milagro, dos semanas más tarde recibió una visa para emigrar a los Estados Unidos.

Él no perdió el tiempo, dejó todo, empacó unas pocas maletas, abandonó su apartamento y con su esposa y dos hijos se fue en tren a los Países Bajos donde él abordó un barco que navegó a Nueva York para comenzar su nueva vida.

Las noticias que comenzaban a filtrarse en Polonia desde Alemania eran de lo más preocupantes.

Wolf se sentaba por horas escuchando la radio, escuchando mientras surgían rumores diarios, cada uno peor que el día anterior.

El reporte de la mañana del 5 de octubre, 1938, era que la ciudadanía de todos los judíos alemanes había sido revocada, y que sus tarjetas de identificación tenían que ser estampadas con la letra «J» identificándolos como judíos.

También, con propósitos de identificación rápida y sencilla, a los hombres les estaban dando el nombre Israel y a las mujeres Sarah.

El reporte terminaba con las novedades que el gobierno alemán había comenzado a confiscar hogares y comercios judíos.

Wolf llamó a Moses y pidió su opinión de la situación.

Moses, siendo un calmo, tranquilo y sereno hombre de negocios, no mostraba signos de gran preocupación.

Él calmó a Wolf diciéndole que la población judía en Polonia era apenas el diez por ciento del total de la población y que ellos no se preocuparían a sí mismos con los judíos.

Además, Polonia no era Alemania y el gobierno polaco no era un gobierno fascista.

Sin embargo, él añadió que era importante estar constantemente en alerta y ver en qué dirección el viento estaba soplando.

A fines de octubre parecía que los vientos del mal comenzaban a soplar en dirección de Polonia.

El 27 de octubre los Nazis comenzaron una deportación en masa de todos los judíos que vivían en Alemania con ciudadanía polaca.

Las SS llevaron a cabo la orden de expulsión con celo y gran crueldad.

Familias enteras eran forzosamente removidos de sus hogares, incluyendo niños, ancianos y enfermos.

Eran expulsados y abandonados en un pueblo fronterizo entre Polonia y Alemania, llamado Zbaszyn.

En este pueblo que yacía en ruinas, los judíos eran forzados a encontrar refugio.

Por un lado los polacos se rehusaban a dejarlos reingresar a su país, y por otro lado los alemanes los empujaban y golpeaban a punta de fusil.

Ya que ningún país los dejaba entrar, eran forzados a pasar el frío y nevado invierno en los establos abandonados que proveía el pueblo.

Ellos se mantenían a sí mismos con la poca ayuda que recibían de los locales y de «Joint» (Comité Americano judío de Distribución Joint).

Muchos de ellos morían de frío y hambre, mientras que había muchos que cometían suicidio.

Los gobiernos polacos y alemanes sostenían extensas deliberaciones sobre qué hacer con los judíos que habían sido expulsados.

Polonia clamaba que estas personas habían perdido su ciudadanía polaca, mientras que los alemanes argüían que ellos no eran ciudadanos alemanes en absoluto y por ende no podía continuar vivir suelo alemán.

Finalmente, después de mucha presión de Alemania, Polonia consintió y permitió a aquellos judíos de regreso en Polonia.

Wolf estaba muy perturbado por estos eventos y urgentemente le pidieron a Stanislaw que viniera a verlo.

Él también estaba en contacto continuo con su familia en Varsovia y Lodz. Todos estaban preocupados.

"Stas z ek, ¿Qué hacemos? ¿Debería convocar a David y Lilly a que vengan a casa?» preguntó Wolf preocupadamente.

En este punto en la conversación Ida intervino y dijo, «No los asustes. David está trabajando y Lilly está ensayando para su actuación de apertura.»

«¿Qué hacemos si el gobierno comienza a imponer sanciones contra los judíos aquí en Polonia?» preguntó Stanislaw.

«No creo que esa será la situación aquí.

Los polacos no se comportan como aquellos Nazis.

Polonia no es como Alemania. Además, ¿adónde iríamos?

» preguntó Wolf mientras los miraba. «Si la situación realmente se deteriora, no tendremos opción sino irnos.

Eugenia todavía no está convencida, pero estoy seguro que con suficiente persuasión la convenceré.

No nos quedaremos aquí y esperar por ellos para tratarnos como perros rabiosos», Stanislaw dijo enojado.

Paulina, quien había estado en silencio hasta entonces, se unió a la conversación.

«Mi hermano Julius tenía razón cuando él dejó Polonia por los Estados Unidos.

Ustedes son un montón de tontos. Deberían irse inmediatamente de este condenado país que no nos acepta como sus ciudadanos.

Cada ocurrencia negativa es culpada sobre los judíos.

Ustedes no tienen futuro en este país», dijo ella emocionalmente.

«¿Qué quieres decir «ustedes», y qué ´hay sobre ti?» le preguntó Wolf a su madre.

«Ya soy vieja. ¿Qué me podría pasar?» replicó ella con una media sonrisa.

«¿Qué les sucederá a Jerzy, David y Lilly? " preguntó Ida con obvia preocupación.

«Todo estará bien; solo deja de preocuparte tanto. Hemos vivido en tiempos difíciles antes y los hemos superado, así será esta vez», dijo Wolf. Todos los presentes dudaban si él creía en sus propias palabras.

"Wolf, quería decirte algo más. En mi último viaje a Varsovia, encontré a Lolek en el tren y nos sentamos juntos.

Él me confesó sobre su gran amor por Lilly.

Él vive con la esperanza de que algún día ella será de él, y me pidió que hablara con ella», Stanislaw les dijo a Wolf e Ida, quienes se quedaron con cara de piedra enfrente de él.

«No te atrevas siquiera a decirle que lo encontraste. Todavía sospecho que la piedra que fue arrojada por la ventana estaba de algún modo conectada con ese bribón. No tengo pruebas, pero esa es mi impresión», le dijo Wolf a Stanislaw.