El Refugiado desde Berlín
Aunque el sacerdote consideraba a Wolf un amigo de él y había venido a visitarlo varias veces, él sólo venía si tenía una buena razón y sólo a presentar sus respetos.
Wolf, quien estaba feliz de ver al sacerdote, lo apresuró a que entrara en la casa.
Él inmediatamente notó que la expresión facial del sacerdote era seria y preocupada.
Wolf deliberadamente no quería cuestionar el propósito de la visita, ya que sabía que el sacerdote era un hablador y que en pocos minutos abriría la boca y lo diría todo.
Le tomó cuatro tragos de vodka para aflojar la lengua del sacerdote, y de hecho, cuando comenzó a hablar lo dijo todo.
«Un refugiado de Alemania llegó a la iglesia», comenzó el sacerdote, «y me preguntó si podía darle un cuarto temporalmente porque estaba emocionalmente destruido.
Todo parecía muy natural y no sospeché nada, ya que muchas personas acuden a mí por asistencia física y emocional, especialmente en tiempos de crisis.
Sin embargo, cuando comenzó a contarme todo lo que le sucedió, decidí que debía compartirlo contigo, dado que es demasiado peso para soportar solo.
Vine a preguntarte si estás dispuesto a venir a conocer al hombre.
El hombre es un cristiano de descendencia judía y por ende vino a la iglesia a buscar ayuda.
Empero, él pidió suplicando que quería encontrarse con judíos que estuvieran dispuestos a escuchar su historia y transmitir su mensaje a personas de alto nivel de influencia para tomar medidas preventivas antes que hubiera más problema. »
Wolf accedió a encontrarse con el hombre. El sacerdote pidió que la reunión tuviera lugar en la iglesia, y Wolf no se rehusó.
La mañana siguiente, Wolf salió de su casa, cruzó la plaza Rynek y caminó unos pocos cientos de metros y entró a la iglesia.
Él entró a la oficina personal de sacerdote y encontró al hombre esperando por él.
El hombre se veía en sus últimos treintas usando ropas que estaba raídas y sucias.
Su semblante se veía abrumado por agotamiento y preocupación, y sólo sus ojos azules parecían alerta, moviéndose en sus órbitas con ambos, sospecha y nerviosismo.
Wolf se presentó y se sentó enfrente de él y comenzó a escuchar.
"Mi nombre es Gerd Baum y soy un arquitecto de Berlín. Vivo... lo siento, vivía en un adorable suburbio de la ciudad en un hermoso edificio con un portero, en un apartamento de dos habitaciones con mi esposa e hija de tres años.
En realidad provengo de una familia de rabinos prominentes. Mi padre se hartó de la religión judía, se convirtió al Cristianismo, se casó con una mujer Alemana gentil y juntos me tuvieron a mí y a mi hermana menor, Inga.
Mi padre, quien era un fusilero en el ejército de Franz Josef, luchó en la Primera Guerra Mundial. Cuando la guerra terminó yo tenía diez años y hoy tengo 32. Como ya mencioné, estoy casado y tengo una adorable hija de tres años.
Aproximadamente hace un mes, a las cuatro de la mañana, escuché que tocaban fuertemente a mi puerta.
Tuve miedo de salir, pensé que podían ser ladrones.
Miré afuera por el balcón y vi un auto de la policía afuera de mi edificio.
Cuando abrí la puerta, había cuatro hombres armados en uniformes marrones en la puerta.
Reconocía el uniforme de inmediato; SA o tropas de asalto.
Ellos me preguntaron educadamente si podían entrar.
Cuando accedí, ellos entraron a la cocina y se sentaron a la mesa.
El líder del grupo sacó un documento de su bolsillo, el cual él se rehusó a dejarme ver, lo sostuvo en frente de su rostro y en voz alta leyó:
'Orden de arresto y un pedido de interrogatorio de Gerd Baum, quien está acusado de casarse con una mujer Alemana cristiana, ser padre de un bebé, todo mientras él mismo es judío. '
Tan pronto como escuché la acusación, inmediatamente respondí diciéndoles que no soy judío y que todo debía ser un malentendido. Pero los camisas marrones me rodearon y me llamaron un impostor, Kike, traidor a su gente, contaminador de la raza Aria.
Me esposaron, me llevaron escaleras abajo, me arrojaron dentro del auto y me llevaron a la estación de policía.
Me pusieron en una sala de interrogatorio donde me senté solo por varias horas.
Debido a las esposas ajustadas, la circulación de la sangre en mis manos estaba interrumpida, consecuentemente, mis dedos se pusieron azules e insensibles.
Tan pronto como el interrogador entró a la sala, inmediatamente comenzó a abusar de mí y llamarme nombres denigrantes.
Me acusó de simular ser un alemán y complotando contra el partido Nazi.
No fui golpeado pero recibí tratamiento acorde con el peor de los criminales. »
Wolf miró al hombre con un acara consternada y preguntó, «¿Por qué tu padre se convirtió al Cristianismo? ¿Hubo alguna razón especial?»
El hombre inclinó su cabeza, bajó su voz y explicó, «Él quería ser un alemán ciento por ciento e incluso se casó con una mujer Alemana cristiana. Su familia lo proscribió y no quería tener contacto con él o sus niños.»
Wolf, nerviosamente se movía inquieto en su incómoda silla, le preguntó a Gerd, «¿Eso ayudó? Por como lo veo, es imposible ocultarse o huir de tus orígenes judíos. Hitler buscará y te encontrará raíces judías incluso después de muchas generaciones.»
«De hecho usted está en lo cierto. Sin embargo, nunca habría imaginado que una iluminada y progresiva nación tal como Alemania con su rica cultura, buscaría y perseguiría a los judíos por su religión», respondió Gerd.
"OK, continúe, " dijo Wolf. "Déjeme escuchar cómo salió de allí. "
Todo el tiempo el padre Dabrowski estaba sentado en el rincón, con el rostro pálido, sin proferir una palabra.
"Después de varias horas de sufrir entre insultos e intimidaciones, fui liberado.
El interrogador me aconsejó que por mi propio bien, debería irme inmediatamente de Alemania.
Fui a casa y le dije a mi esposa todo lo que había sucedido y todo sobre el interrogatorio que había padecido.
Ella no podía creer lo que escuchaba. Estaba estupefacta cuando le dije que yo tenía que irme de Alemania.
Ella dijo que si nos íbamos, perderíamos todo; el apartamento, los muebles, ropas y el poco dinero que habíamos ahorrado en el banco.
Llegamos a la conclusión de que lo mejor sería que yo me fuera hasta que las cosas se calmaran. Estaba seguro que ellos no lastimarían a mi esposa o a mi hija.
Fui a ver a mi hermana Inga, quien vivía cerca en la misma calle donde su esposo alemán tenía un pequeño comercio.
Me alegré de encontrar a mi hermana en su casa.
Le conté todo lo que me había sucedido y ella se asustó.
Sugirió que temporalmente me mudara a otro país, tal vez a Polonia.
Ella me dio el poco dinero que tenía en casa y me dijo que no lo aplazara, ya que ellos podían venir por mí otra vez.
Me dijo que como su esposo se había unido al partido Nazi, ella se sentía segura.
Tomé una pequeña maleta y fui por el apartamento y metí algo de ropa adentro y otros artículos importantes que podría necesitar en mi viaje. También tomé algo de dinero que me duraría un corto tiempo.»
Me despedí de mi esposa e hija con un adiós con lágrimas.»
En este punto, un nervioso Wolf interrumpió y dijo, «Tal vez puedas acortar la historia un poco. No tengo que escuchar todos los detalles irrelevantes de cada minuto.»
Un atónito Gerd lo miró y dijo, «Continuaré diciéndole lo que vi en mi viaje hacia aquí.»
«Sí, diga lo que vio. Es obvio que ellos no lo mataron, de otra manera usted no estaría sentado aquí», dijo Wolf sin siquiera asomar una sonrisa.
«Cada día nuevas regulaciones contra los judíos eran anunciadas, las cuales tenían la intención de aislarlos más y más del resto de la población.
Nosotros, quienes nos vemos a nosotros mismos como alemanes, somos repentinamente clasificados forzosamente como judíos y despojados de todos los derechos. »
«¿Qué hay de malo con ser judío? ¿Usted es un cristiano practicante?» preguntó Wolf.
«Sí», respondió Gerd. «Voy a la iglesia todos los domingos. No lo olvide, nací cristiano de una madre cristiana.»
«Siendo ese el caso, realmente no entiendo por qué usted huyó de Alemania y dejó a su familia», replicó Wolf.
«Hui, porque me di cuenta que un judío permanece judío para siempre; aun si se convierte a cristiano o su abuelo o bisabuelo se hicieron cristianos, él sigue siendo judío. No me malentienda, no tengo nada contra la religión judía, pero nací cristiano y quiero permanecer como tal.»
En este punto, él giró hacia el padre Dabrowski y dijo, «Padre, ¿me dará refugio por un tiempo hasta que me organice a mí mismo?»
«Usted todavía no me ha dicho lo que vio en camino a Polonia», interrumpió Wolf.
«Vi cómo los judíos estaban siendo perseguidos.
Inicialmente fueron despojados de su ciudadanía Alemana y después fueron cazado como animales en el bosque.
El objetivo es hacer que Alemania esté libre de judíos.
Si los judíos no escapan y se van de Alemania ahora, su destino será muy amargo.
No hay un país en el mundo que esté dispuesto a aceptar refugiados de Alemania.
Después que me fui de casa, fui a la embajada de los Estados Unidos para conseguir permiso para emigrar allí y fue denegado.
La embajada Canadiense me dijo que volviera en un mes, mientras que Australia no estaba aceptando refugiados judíos en absoluto.
Vi a los alemanes arrojando judíos fuera de los trenes en movimiento.
Los vi destrozando las vidrieras de comercios judíos y cómo eran forzados respetables ciudadanos judíos a barrer las calles con cepillos de dientes.
Todo lo que vi es sólo la punta del iceberg de lo que les espera en el futuro, y que finalmente se esparcirá a cada país Europeo donde viven judíos. »
Wolf se sentó y escuchó con cara seria la narración entera. Él se rehusaba a creer todo lo que Gerd le había dicho. Una cosa él sabía de seguro, era que el refugiado era un cobarde que había abandonado su religión y su pueblo y ahora su familia y su tierra natal.