El Álbum de Lilly Edek llama la atención
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Edek llama la atención

Simon Zaidenbaum administraba el negocio familiar con gran eficiencia.

Lo amplió y compró el terreno situado detrás del depósito, donde construyó un aserradero nuevo y moderno.

Instaló una pequeña grúa y una máquina de rodillos y cadenas que facilitaba enormemente el levantamiento y traslado de las enormes tablas desde la fábrica hasta el depósito y desde allí hasta la zona de carga.

Él lo llamaba «automatización», y aquello le permitía ahorrar mucha mano de obra. «La grúa hace el trabajo de cuatro personas y ahora solo necesito contratar a una», decía con orgullo a cualquiera que quisiera escucharlo.

Edek, su hermano menor, de constitución frágil y carácter amable, se ocupaba principalmente de las ventas, el mercadeo y la contabilidad de la empresa.

No veía como misión de su vida permanecer allí, porque quería estudiar medicina.

Sin embargo, su padre tomó la decisión por él.

Siempre le repetía que era importante que trabajara en la empresa porque algún día sería suya.

Edek estaba decidido a estudiar medicina, pero no sabía cómo podría costear sus estudios sin la ayuda económica de su padre.

Intentó convencerlo, pero fue inútil. Isaac se mantuvo obstinadamente en su postura hasta que, un día, Edek lo llamó «corazón de piedra».

A partir de entonces, Isaac dejó de hablarle.

Sarah, la esposa de Isaac, intentó reconciliarlos, pero ambos se aferraban obstinadamente a sus posiciones. Era imposible convencerlos siquiera de sentarse a la misma mesa para hablar.

Edek pensaba en mudarse a Argentina. Lilly le había contado cómo su tío Muniek se había establecido allí y le iba muy bien.

También había oído que la vida era buena y que el nivel de vida era alto.

Como las fronteras de Estados Unidos estaban prácticamente cerradas, Argentina parecía la siguiente mejor opción.

Viajó a Varsovia para tramitar sus documentos de viaje, pasaportes y demás papeles necesarios.

Cuando regresó a casa, se enteró de que su madre había sido llevada al hospital después de desmayarse repentinamente.

Fue de inmediato y encontró a su padre y a su hermano caminando por el pasillo con rostros sombríos.

«¿Cómo está mamá?», le preguntó a Simon.

«No lo saben. Perdió el conocimiento y desde entonces está en coma», respondió Simon mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.

Isaac se apartó de los dos.

«Habla con él, está completamente quebrado», le dijo Simon a Edek.

Edek fue hacia su padre y le puso la mano sobre el hombre. Su padre lo miró y rompió en lágrimas, lo abrazó con fuerza y lloró sobre su hombro.

Sollozando, Isaac dijo, «Daría todo lo que tengo para que ella se recuperara.»

Tratando de calmar a su padre, Edek dijo, «Madre se pondrá mejor.»

Repentinamente, Wolf apareció con Lilly en la sala de espera y se dirigió directamente hacia Isaac y sus hijos.

«¿Cómo está Sarah?» preguntó Wolf.

«No hay cambios en absoluto. Todavía está inconsciente. Los doctores piensan que sufrió una apoplejía. Esperemos que se recupere, de otra manera todos moriremos con ella, de dolor y ansiedad», dijo Isaac.

Lilly fue hacia Edek, a quien ella había conocido la mayor parte de su vida, y lo sentía parte de su familia, y dijo, «Es una lástima que tengamos que reunirnos bajo tales circunstancias.»

Edek asintió, pero sus pensamientos no estaban en lo que ella decía. Él estaba preocupado por su madre y pensando en ella.

Lilly sintió su fragilidad y fue hacia él para abrazarlo y permitirle que él se apoyara en ella, cuando él repentinamente presionó sus labios sobre la mejilla de ella y la besó.

Mirándola a los ojos, él dijo, «Qué amable de tu parte que vinieras, mi Lilka.»

«¿Mi Lilka? Qué insensatez. No soy su Lilka», pensó ella para sí misma. Ella se alejó de él para que no la tocara.

"Lilka, " dijo él, "Si madre abriera los ojos ahora y nos viera juntos, ella inmediatamente se mejoraría.»

Lilly se dio cuenta que ella la quería como nuera.

«Esa es la razón por la que se mejoraría y estaría tan feliz», pensó ella para sí misma.

Ella entonces miró a Edek, y vio que él ya no era el niño con la nariz constantemente moqueando. Él había cambiado y se había vuelto un joven bien peinado, alto, apuesto, bien vestido, con una barba cuidadosamente recortada.

Inesperadamente a ella comenzó a gustarle él. Ella no demostró ningún interés exterior en él, pero definitivamente no continuaría rechazando ninguno de sus avances.

«Después de todo, él es apuesto, rico y judío», se sonrió a sí misma.

Sarah nunca recuperó la conciencia y tres días más tarde falleció. El funeral estaba programado para la tarde del día siguiente para permitirle a la gente de lugares lejanos que asistiera.

Isaac estaba abatido, no durmió en toda la noche y solo se sentaba en la cocina y oraba. Su casa estaba llena con visitantes que venían a consolarlo.

Wolf, Ida y Lilly llegaron para su funeral. Como ellos habían sido amigos cercanos de Isaac por muchos años, Wolf pensó que sería apropiado tener unas palabras en privado con él. Sin embargo, Simon y Edek le pidieron que dejara solo a su padre.

La mañana siguiente dos mujeres de la sociedad de sepultureros vino para preparar el cuerpo para el entierro, de acuerdo con la tradición judía.

Las mujeres la lavaron, le peinaron el cabello, le limpiaron las uñas de las manos y de los pies, le untaron el cuerpo con aceites fragantes, le cerraron los papados y la boca y luego envolvieron su cuerpo en una mortaja blanca hecha de lino.

Finalmente cubrieron su cuerpo con un paño negro.

Antes de irse, una de las voluntarias dijo en una voz temblorosa, «Te rogamos tu perdón si durante este ritual de purificación no te tratamos con el mayor de los respetos. Te pedimos que ruegues a Dios y abogues en nuestro nombre y en nombre de toda la Nación de Israel.»

Al final del ritual ellas se retiraron en silencio.

A la hora acordada un carretón, con una camilla para cargar el cuerpo en ella, arribó.

La procesión funeraria comenzó en la casa de Sarah.

Isaac, sostenido por sus dos hijos, iba primero.

Justo detrás de ellos, cuatro hombres usando sombreros y vestidos de negro guiaban al carretón.

Todos caminaban lentamente detrás de ellos con los miembros judíos del concejo de la ciudad liderando a los dolientes.

A continuación venía Wolf, Ida, Lilly, Izio, Eugenia, Stanislaw, con Roza detrás de ellos y finalmente el resto de los judíos participantes del pueblo.

Una multitud muy grande acompañaba a Sarah al cementerio judío, el cual estaba a una corta caminata de su casa.

A todo lo largo del camino la gente no-judía del pueblo permanecía observando.

Estaban acostumbrados a ver funerales judíos, pero un funeral de esta talla ellos jamás habían visto.

Cuando el carretón que llevaba el cuerpo llegó al cementerio, la línea se estiraba todo el camino de regreso hasta el centro del pueblo.

La multitud de dolientes estaba estimada en varios miles.

«Padre, ¿de dónde viene esta popularidad por Sarah? Podrías pensar que una reina estaba siendo sepultada», le preguntó Lilly a su padre.

«Tienes razón mi querida Lilly», respondió Wolf. «La mayoría de la gente no la conoce en absoluto. Esto es más una demostración que un funeral.»

«¿Una demostración?» preguntó ella. «¿Contra quién y qué?»

«Dado que la mayoría de los miembros judíos del concejo de la ciudad han sido despedidos y hay una prohibición de demostraciones, los judíos no podían protestar contra la decisión de mostrar su descontento.

El funeral por ende les permite la oportunidad de reunirse en grandes números y demostrar contra el gobierno», respondió Wolf.

«Los judíos son un pueblo muy sabio», comentó ella.

«No apostaría sobre eso», respondió Wolf.

«Si fueran un pueblo inteligente ellos se unificarían contra el gobierno, en vez de estar en desacuerdo y creando asociaciones y movimientos para avanzar en sus filosofías.

El gobierno sabe cómo explotar este divisionismo al constantemente crear nuevos decretos contra nosotros. »

«Primero y antes que nada somos polacos. ¿Por qué debemos ser primero judíos y luego polacos?» preguntó Lilly.

«Esa es una buena pregunta. No es que decidimos qué somos primero. Es decidido por nosotros, sea que estemos de acuerdo o no. No hay mucho que podamos hacer para cambiar eso», respondió Wolf.

Desde su encarcelamiento, Wolf había vacilado en sus miras de Polonia y su inquebrantable lealtad a ella. Él sentía que Polonia lo había traicionado y sus miras pro-polacas ya no eran tan fuertes como en el pasado.

Al final del funeral, todos fueron hacia Isaac y sus hijos para reconfortarlos. Edek abrazó a Lilly y le susurró al oído, «Espero verte otra vez, bajo otras circunstancias por supuesto.» Lilly le sonrió pero no dijo nada.