El Álbum de Lilly El Trato
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El Trato

Wolf regresó de Varsovia agitado y nervioso.

Moses le había advertido que intentara una última vez, pero no insistir en un trato que le causara gastar mucha energía, lo cual ciertamente no era bueno para su salud.

Rosa vendría por una o dos horas todos los días para ayudar a Wolf e Izio con varios quehaceres hogareños.

Ella siempre reprendía a Wolf por no tomar siestas en las tardes y por correr por ahí como poseído por un demonio.

Había sido una semana dese que Wolf visitara al conde y ahora él estaba emocional y mentalmente preparado para reunirse con él nuevamente.

Moses le aseguró a Wolf que él personalmente vendría a firmar el acuerdo y darle el dinero al conde.

Esto sería después que el conde le hubiera dado su consentimiento final a Wolf y éste lo hubiera revisado y se hubiera asegurado que todas las garantías estaban en orden.

Esa mañana, el día antes que tres mujeres regresaran de Turquía, Wolf fue a visitar a su viejo amigo el joyero, Leib Lewita.

"Leib, necesito tu ayuda. Pero primero, debes saber que lo que estoy por decirte es confidencial y debe ser mantenido en secreto. Debes prometerme no hablar sobre esto con un alma, ni siquiera tu esposa o niños. ¿Entendido?» dijo Wolf.

Leib levantó sus cejas sorprendido y respondió, «Que yo sea sepultado como una cebolla, de cabeza primero en el suelo, si yo le dijera a alguien.»

«¿Podrías dejar de bromear? Esto es un asunto serio. Quisiera que vengas a tasar algo de joyería por mí», dijo Wolf.

«Iré con beneplácito, ¿pero por qué todo el misterio?» preguntó Leib.

«No hay misterio, sólo hermetismo. Las personas en cuestión son muy importantes y por ende, todo debe ser hecho confidencialmente y ni una palabra puede filtrarse», dijo Wolf severamente.

«Como dije, con mi cabeza en el suelo», replicó Leib.

Una reunión estaba acordada entre Wolf, Leib y el conde.

A la hora acordada, vino Wolf con su auto a recoger a Leib y juntos fueron al pueblo de Maluszyn.

Mientras viajaban por el estrecho camino que conectaba el pueblo de Wloszczowa con Maluszyn, Leib giró hacia Wolf y dijo, «no quiero meterme en sus asuntos privados, ¿pero sabes que tu hija es muy amigable con Lolek, el hijo del farmacéutico?»

«Lolek es un miembro de la familia. No veo nada de malo con lo que acabas de decirme», respondió Wolf.

«Tal vez no entiendas lo que estoy diciendo. Hay amor entre ellos y demasiada cercanía. Los vi andando juntos en bicicleta», dijo Leib.

«Estás metiendo tu nariz judía demasiado en lugares donde no deberías. Apreciaría si te ocuparas a ti mismo con otras cosas», replicó Wolf furiosamente.

Leib no dijo otra palabra hasta que llegaron a la finca del conde. Wolf aparcó el auto y ambos caminaron hacia el conde, quien estaba esperándolos en la puerta. Wolf le dio la mano pero no mostró excesiva calidez, a diferencia de Leib que casi se dobló al medio mientras hacía una reverencia.

Cuando entraron al gran salón recibidor, los ojos de Leib se dispararon en todas direcciones y Wolf tuvo que patearle la pierna para hacer que él se concentrara en el trabajo por hacer.

El conde sacó un bolso de cuero y colocó sus contenidos sobre la mesa mientras Leib tomó una lupa y comenzó a tasar las joyas.

Cuando completó la tasación, él sumó el valor estimado de cada artículo y llegó a un gran total de ochenta mil zlotys.

«Eso es lo que tengo para ofrecer», dijo el conde Sosnowski.

Entonces Wolf giró hacia Leib y le preguntó, «Estás seguro que no has calculado mal? ¿Tal vez quieras calcular otra vez?»

«Todo depende del clima económico y de negocios. Hoy los precios están bajos porque hay un exceso de joyería en el mercado y no mucha demanda. En otros tiempos pueden ser evaluadas mucho más alto», respondió Leib.

«Hablaré con el prestamista y estaremos en contacto. Si él está satisfecho con esta suma, el dinero estará en sus manos en unos días. Dejaré un borrador del contrato con usted», Wolf le dijo al conde.

Mientras se estaban yendo, el conde se disculpó de nuevo con Wolf por el incidente que había ocurrido entre ellos. Wolf le aseguró que por lo que a él concernía, el asunto estaba olvidado…