El Obsequio #3
«Los Armenios eran un pueblo sin un país y los Turcos Otomanos los masacraron.
Algunos dicen que entre 1915 y 1918 un millón de personas fueron asesinadas, pero el número reales estimado cerca de un millón y medio.
Los Turcos aducen que durante la guerra los Armenios colaboraron con los rusos, por ende cometieron actos de traición.
Los Jóvenes Turcos, quienes regían en ese tiempo, regularmente navegarían el Mar Negro con botes cargados con mujeres, niños y los ancianos y los arrojaban a las embravecidas aguas sin piedad, para que se ahogaran.
Jóvenes mujeres Armenias eran enviadas a Damasco y vendidas como esclavas sexuales.
Un decreto fue dictado para violar a sus mujeres, y de esa manera traer vergüenza a los Armenios.
Como resultado los jóvenes Turcos fueron a aldeas Armenias y centros y cazaron a sus mujeres.
Caravanas de familias fueron llevadas al desierto y dejadas para morir de hambre o sed.
Hubieron aquellos que fueron rodeados y enviados a campos de internación cercados donde eran quemados vivos. »
Izabellaadvirtió a Lilly que no hablara con nadie sobre esto mientras estuviera en Turquía.
«En Polonia tales cosas serían impensables», dijo Lilly mientras miraba fijamente su plato en profundos pensamientos. «Jamás he oído sobre los horrores que acabas de contarme.»
«Siendo ese el caso viremos nuestra conversación a temas más felices. ¿Qué te gustaría comer? ¿Ordenamos hojas de parra rellenas con arroz y cordero?» preguntó Izabella.
Después de escuchar las historias de horror sobre los Armenios, Lilly ya no era la misma persona. Había perdido por completo el apetito y no quería comer nada. Le pidió a Izabellaque la llevara a casa.
"Mi querida Lilly, eres demasiado sensible. Así es la vida; gente mata a otra gente sólo por diferentes creencias u opiniones. Eso es lo que sucedió a través de la historia. Comamos algo y te contaré todo sobre mi trabajo con los encantadores y estupendos Baha´is», sugirió Izabella.
Lilly estuvo de acuerdo, pero su rostro no tenía su perpetua sonrisa. Repentinamente ella tenía una mirada muy seria como si hubiera envejecido diez años.
Mientras esperaban sus órdenes, Izabellacomenzó a contarle a Lilly sobre sí misma.
«El año era 1890 cuando llegué a Odessa desde Grodno.
Yo tenía 26 años y ya había escrito varias obras e historias mayormente en ruso, el cual sabía desde casa.
Envié mis obras e historias a los círculos literarios judíos y fueron muy bien recibidas y fueron escritas excelentes revisiones sobre ellas.
Muchas fueron publicadas varias veces. Las cosas realmente comenzaban a verse bien para mí cuando escribí un libro serio.
«El Huérfano». Mi siguiente libro «De la Felicidad a la Tumba» fue publicado en Varsovia en 1894.
En ese libro, traté de retratar la vida de los judíos de clase media y la situación de iluminación de las jóvenes judías.
Luego me mudé a St. Petersburgodonde viví por seis años.
Mientras estuve allí, comencé a tener correspondencia con la comunidad Baha'i que vivía en Constantinopla.
En 1910 vine aquí para conocer al líder de la secta, Abdul Baha, y viajé con él a Egipto.
Después de conocerlo y a la comunidad Baha´i, escribí una obra sobre su vida y creencias.
Subsecuentemente viajé a Francia, Azerbaiyány Baku, donde había una gran concentración de Baha´is, para estudiarlos más.
Me correspondí con Martha Ruth, una investigadora Americana que estaba asociada con e influenciada por los Baha´is y también me reuní con Abdul Baha cuando él visitó los Estados Unidos.
Aquí en Constantinopla, la cual es llamada Estambul, encontré paz y quietud de toda la tensión e intensidad en mi vida. »
Lilly miró a Izabellacon gran admiración. Estiró su mano y sujetó la flaca, huesuda mano de su tía Berta Friedberg, la pequeña mujer judía de Grodno, quien fue a convertirse en
Izabella Grinevskaya, cuyos trabajos habían sido leídos por Lev Tolstoy, el autor de La Guerra y la Paz y Anna Karenina.
Cuando regresaron a casa era bastante tarde en la noche y las dos hermanas ya estaban durmiendo.
Lilly se metió bajo la frazada de su madre, se acurrucó junto a ella e inmediatamente se quedó dormida.
Había sido un largo día, pero un día que dejaría una marca indeleble en su joven, sensible y vulnerable alma.
Esa noche Lilly decidió que su futuro estaría en la actuación y que ella gastaría todos sus esfuerzos y energía para alcanzar ese objetivo. Ella no compartió esa decisión con nadie, ni siquiera su tía Izabella, quien ella sabía que indudablemente apoyaría su decisión.
La despedida de Izabellano fue fácil para Lilly.
Ella sentía una fuerte cercanía emocional con su tía, a quien no había conocido hasta este viaje.
Lilly le prometió a Izabellacorresponderse regularmente con ella y mantenerse en contacto cercano.
Izabellano prometió pero no excluyó la posibilidad de ir a Polonia de visita.
«Si mi salud continua fuerte, entonces…» dijo ella.
Ella entonces sacó de su bolso un paquete envuelto, se lo dio a Lilly, y dijo, «Estoy segura que amarás esto.»
Cuando fue el momento de irse ellas se abrazaron por un largo tiempo e Ida y Berta incluso lloraron. Lilly no lloró ya que decidió ser tan fuerte como su tía.
Mientras se subía al carruaje del Expreso de Oriente ella volvió a mirar por última vez la delgada forma de su tía Izabella, quien había enriquecido tanto su vida e influenció su decisión sobre su futuro.
Cuando el tren se movió, y Lilly se sentó cómodamente en su asiento, ella comenzó a quitar la envoltura del obsequio que había recibido, «Oh cielos, creo que me voy a desmayar», exclamó mientras sacaba una cámara Leica del paquete.