El Álbum de Lilly Los Resultados
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Los Resultados

La tranquila ciudad de Wloszczowa, la cual yace a medio camino entre Varsovia y Cracovia, con Kielce al este y Czestochowa al oeste, y rodeada por docenas de pequeños pueblos y aldeas, atraía muchos nuevos residentes.

judíos que venían de ciudades cercanas se mudaban allí y abrían nuevos negocios.

Dos molinos harineros fueron construidos por los judíos que venían de Lodz, así como una fábrica para la producción de aceite.

Debido al alta demanda, almacenes y comercios que abrían siguiendo la ocupación Austro-Húngara, experimentaron abundancia sin precedentes.

Sin embargo, varios años después del retiro, la situación se dio vuelta, la gente quedó desempleada y los almacenes fueron forzados a cerrar.

Más de la mitad de la población de la ciudad de Wloszczowa era judía.

Ellos construyeron una sinagoga, fundaron asociaciones que proveían para los necesitados, clubes juveniles y escuelas.

La mayoría de los judíos que vivían en el centro del pueblo eran judíos modernos y miembros del movimiento de Esclarecimiento (Reforma).

Ellos adoptaron un modo de vida laica; sus niños asistían a escuelas públicas y tenían relaciones amistosas con sus vecinos católicos con quienes ellos vivían en armonía.

Esta armoniosa relación entre la población judía y la población católica polaca era prevalente mayormente en ciudades grandes.

Eso es porque estos dos grupos no se veían mutuamente como seres tan diferentes dado que se vestían de modo similar y hablaban el mismo idioma.

Uno de los judíos más respectados viviendo en Wloszczowa, era Isaac Zaidenbaum, un extremadamente acaudalado comerciante.

Él era perspicaz, honesto y justo y a todos les gustaba hacer negocios con él.

Había hecho su dinero vendiendo madera a fabricantes de muebles.

Él rentaba bosques enteros de la municipalidad, cortaba los árboles y los procesaba en tablas en el aserradero construido cerca del bosque.

Entonces él vendía las tablas directamente a la fábrica de muebles en Lodz.

Él transportaba todo el material en un camión que poseía.

Un año más tarde, él alquiló un bosque adicional, éste cerca de la ciudad de Lodz, y construyó otro aserradero.

Él por ende se ahorraba el costo del transporte.

Isaac tenía dos hijos, Simon y Edek. A la edad de trece años, Simon el mayor ya estaba trabajando y ayudando a su padre en el aserradero.

Edek por otro lado, era delicado y frágil y no era particularmente afecto del aserradero.

Desde una temprana edad, él le decía a cualquiera que estuviera interesado en escucharlo, que cuando él creciera quería ser un doctor.

Simon era de la misma edad de Davidek, mientras que Edek era de la edad de Lilly.

Cuando Isaac y su esposa, Sarah, iban a visitar a Wolf e Ida, muy a menudo llevaban a sus hijos con ellos.

A Lilly no le gustaba ninguno de los dos hermanos y no jugaba con ellos.

Cuando Ida le preguntaba por qué ella no jugaba con los niños, ella respondió, «Porque cuando les chorrean las narices, ellos se las limpian con sus mangas. »

Por otro lado, a ella le gustaba Lolek, y lo llamaba Loczek (rizos, en polaco) por el eterno rizo que pendía de su frente.

Wolf ya difícilmente dejaba la casa. Él se rehusaba a regresar a su empleo de tiempo completo anterior. Sin embargo, él volvió a trabajar a medio tiempo para el conde. Por ende él vivía de su pensión y el poco dinero que ganaba del conde Sosnowski.

Davidek tomaría lecciones privadas de violín varias veces a la semana e iría en bicicleta a su clase.

Una tarde, una particularmente brumosa, Davidek estaba montando su bicicleta sobre el camino de grava a través de los bosques que llevaban a la finca del conde Sosnowski donde él se iba a encontrar con su padre, cuando en la distancia él vio los faroles de un auto encendidos.

Él pedaleó hacia el vehículo y cuando estuvo bastante cerca, notó que era el auto de su padre.

El motor estaba en marcha pero él no vio a nadie adentro.

Davidek se bajó de su bicicleta y espió por la ventanilla. Él quedó estupefacto de ver a su padre yaciendo doblado en el asiento y sin moverse. Aparentemente, Wolf había estado conduciendo cuando repentinamente se desmayó.

Davidek abrió la puerta del auto y tocó a su padre quien se sentía bastante tibio pero estaba inconsciente. Él saltó de vuelta sobre su bicicleta y voló camino abajo hacia la casa para conseguir ayuda.

Mientras se acercaba al pueblo, encontró a un grupo de trabajadores regresando de sus trabajos en los campos y de camino a casa.

«Por favor», gritó él agitadamente. «Deben venir a ayudarme. Mi padre está yaciendo inconsciente en el auto.» Los trabajadores lo miraron apáticamente y dijeron risueñamente, «¿Por qué estás tan agitado? Eso significa un judío menos.»

Ya se estaba poniendo oscuro mientras Davidek pedaleó hacia casa tan rápido como pudo.

Repentinamente él notó un auto aproximándose.

Se bajó de su bicicleta y corrió al camino agitando las manos para que el auto se detuviera.

Era un extraño que había venido al pueblo a visitar a unos parientes.

Davidek le explicó lo que había sucedido y él inmediatamente le dijo a Davidek que subiera al auto.

Cuando llegaron al auto de Wolf, los dos pusieron a Wolf en el auto del hombre y aceleraron hacia el hospital.

«Todos los síntomas apuntan a una hemorragia cerebral, pero todavía es difícil determinar la extensión del daño», dijo el médico que examinó a Wolf.

De la nada, Ida apareció repentinamente, con Stanislaw y Roza por detrás.

Cuando Ida había escuchado las novedades, cayó al suelo.

«Ellos mataron a mi esposo», le dijo ella a Roza. Todos sabían a quienes se refería ella.

Los días siguientes fueron los más críticos.

Wolf no comía ni bebía, sólo yacía inmóvil con los ojos cerrados y la boca torcida.

Si tenía que rascarse la nariz, él intentaría hacerlo levantando su mano izquierda, lo cual hacía con gran dificultad.

Además de drenarle sangre varias veces al día, él no recibía otro tratamiento.

Después de una semana o algo así él comenzó a balbucear, aunque las palabras eran incomprensibles. No mucho después, él comenzó a escribir mientras sostenía el lápiz en su mano izquierda. Era imposible descifrar lo que él escribía.

Roza e Ida se turnaban con Wolf en el hospital.

Cuando finalmente el color regresó a sus mejillas y él dejó de quejarse sobre dolores, ellos intentaron que sentarlo en la cama colocándole almohadas detrás de su espalda.

Sin embargo, él no era capaz de sentarse derecho y siempre se caía hacía la derecha, debido a la parálisis en ese lado.

Roza convocó al doctor Herman al hospital para que examinara a Wolf.

Aunque la nieve cubría los caminos él hizo el viaje desde Lodz.

Después de su examinación, él confirmó que el tratamiento que Wolf había recibido era de hecho correcto, pero añadió que deberían inmediatamente comenzar con fisioterapia.

Ellos deberían comenzar con ejercicios sencillos en la cama y después sacarlo de la cama y continuar la terapia en un sillón.

Esto fortalecería sus músculos y aseguraría el flujo de sangre en sus brazos y piernas.

Wolf estaba muy débil, no cooperaba, y constantemente agitaba su mano izquierda como si estuviera espantando moscas.

En una voz inaudible, él murmuraba palabras fragmentadas e ininteligibles.

Cuando se frustraba porque la gente no le entendía, él comenzaba a golpear la barandilla de hierro de su cama.

En el décimo día de hospitalización, Roza trajo a Lilly a visitarlo.

Wolf estaba sentado en un sillón usando pijamas frescos, cuando ella corrió hacia él y lo abrazó.

Una pequeña sonrisa torcida asomó por la comisura de su boca, mientras la miraba con ojos amorosos y decía "Lillynka".

Esa fue la primera palabra completa y entendible que él pronunció desde que cayera enfermo.

Unos días más tarde, él regresó a casa.

Ida convirtió su estudio, el cual estaba en la planta baja cerca de la cocina, en su propia habitación privada. Un terapista físico venía todos los días por una hora y practicaba varios ejercicios de estiramiento de músculos con él.

Su apetito lentamente regresaba. Ida diría «Este es la mejor señal de recuperación.» Como resultado de su falta de movimiento y su postración en cama todo el día, él comenzó a ganar peso.

Ida instruyó al terapista a endurecer y fortalecer a Wolf.

Eso era de hecho lo que él quería, y los resultados eran aparentemente casi de inmediato.

Con la ayuda de un bastón, él comenzó a caminar un poco.

Aunque su mano derecha estaba plegada hacia su cuerpo y su pierna estaba muy débil, él era capaz de caminar otra vez y equilibrarse a sí mismo.

Su habla también comenzó lentamente a regresar a él.

Parecía que Wolf estaba en camino de su recuperación.