El Juicio
Comenzando con sus declaraciones de apertura, las menciones del abogado estatal eran abiertamente antisemitas.
«Su señoría», comenzó él. «Ante nosotros comparece un judío, quienes muchos dicen que los discriminamos, que recibió un empleo gubernamental muy prominente como jefe recolector de impuestos en Radom Kielce.
¿Qué hizo él en retribución? Traicionó a su gente y a su país y mostró nada sino ingratitud y traición. Él era el enemigo interno.»
Él entonces escuchó todos los cargos que habían fabricado contra Wolf.
Aunque Wolf se declaró no culpable y que él era leal a su tierra natal, fue inútil.
Él trató de explicar a la corte que él no tenía control sobre las acciones de Emma y que él había sabido que ella se había ido sólo después del hecho, ya que él había cortado los lazos con su hermano años antes.
Todo cayó en oídos sordos. El juez no aceptó ninguno de sus argumentos o explicaciones.
Al final del juicio Wolf fue culpado y recibió una sentencia de dos años en prisión.
Nunca nadie vio a Janusz otra vez. Él desapareció sin que nunca se escuchara de él otra vez.
Wolf fue encarcelado, despedido de su trabajo en el Ministerio de Finanzas, y por supuesto como asesor del conde Sosnowski. Su auto le fue quitado también. Le estaba permitido recibir visitantes solo una vez al mes.
Mientras Wolf estuvo encarcelado, su cuñado Stanislaw escribió cartas a los miembros del Parlamento polaco, describiendo los hechos del encarcelamiento de Wolf y comparando el juicio al «Juicio Dreyfus», que habían tenido lugar treinta años antes.
Él hizo una lista de todas las falsas acusaciones y que eso era todo un acto de venganza.
Amenazó con enviar cartas a instituciones prominentes en otros países y colocar avisos en la prensa extranjera.
La presión y amenazas rindieron frutos. Después de server un año de su sentencia durante el cual él raramente vio a su esposa y tres niños, se declaró juicio nulo y a Wolf le fue otorgada una revisión de la causa.
La revisión de la causa fue llevada a cabo a puertas cerradas con sólo el defensor público presente.
Él describió la injusticia que había sido hecha a Wolf y el daño a su imagen.
Wolf difícilmente habló en el juicio. Él se había vuelto delgado, pálido, y caminaba con los hombros encorvados.
Había perdido toda su auto confianza que era tan característica de él.
El nuevo juicio fue asistido sólo por tres jueces, uno de los cuales era una figura pública. Ellos lo absolvieron de todos los cargos y dictaminaron que él debería ser reinstalado en su trabajo gubernamental, le fuera regresado su auto y le fuera pagada una compensación por su sufrimiento.
Cuando Wolf regresó a casa, ya no era el mismo Wolf quien era un abogado, jugador de bridge, amante de la buena vida, afecto a las motocicletas y mujeres hermosas. Él estaba emocionalmente destruido y deprimido y sólo se sentaba en casa y miraba por la ventana por varios días.
Lilly iba a su habitación, se sentaba junto a él y le leía una historia. Él le sostenía la mano mientras le corrían lágrimas por el rostro.
Ida fue a Varsovia con Izio y Davidek para pasar algún tiempo con su hermana. Roza le aseguró que ella cuidaría de Lilly y Wolf. La Abuela Paulina también ayudaba cocinando y limpiando y cuidando de las necesidades de su hijo.
Un día Lolek Bitoft, el hijo del farmacéutico, apareció en la puerta. Cuando Lilly abrió la puerta y vio quién estaba ahí, se paralizó y ambos fueron incapaces de pronunciar palabra.
Lolek se recuperó primero, extendió su mano y dijo, «¿No me recuerdas? Soy Lolek.» Lilly lo recordaba muy vívidamente. Cómo podría ella olvidar a ese niño apuesto con los rizos dorados y ojos azules, y dos dientes de conejo que adornaban su hermosa sonrisa.