El aeródromo Capítulo 44 El Peso De La Culpa
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Capítulo 44 El Peso De La Culpa

04 de noviembre

21:30 horas

Casa de Lucía

El pitido constante de los monitores de la sala de Observación del Hospital San Pedro parecía taladrar las sienes de García mientras recordaba la visita a Lucía.

Había algo en la rigidez de sus hombros, en la forma en que evitaba parpadear cada vez que mencionaban el nombre de Julián, que dejó a la teniente con una mosca persistente detrás de la oreja.

Aquella chica no encajaba en el perfil de fría manipuladora que intentaban pintar; más bien parecía un animal acorralado que temía tanto a sus propios recuerdos como a la sombra de quienes la rodeaban.

Esa misma tarde, sin avisar y saltándose los canales habituales de procedimientos, García aparcó el coche frente al edificio donde vivía Lucía. Tras unos segundos de duda ante el telefonillo, pulsó y decidida subió a hablar con ella.

Lucía le abrió con el rostro demacrado, envuelta en una chaqueta de punto, y la invitó a pasar a un salón tenuemente iluminado por la luz del crepúsculo.

No hizo falta interrogarla con dureza. Bastó que García se sentara frente a ella y le ofreciera una vía de salida real, la promesa de un estatus de testigo protegido que la pusiera a salvo de una vez por todas, para que el dique de conten-ción cediera por completo.

—Julián me tenía atada de pies y manos, teniente —confesó Lucía con la voz rota, apretándose las manos contra el regazo—.

Me chantajeó con los expedientes de urbanismo, amenazó con destrozar mi carrera si no hacía exactamente lo que me pedía.

Cuando me llevó al caserón creí que lo hacía para ponerme a salvo, que él me protegería de todo aquello... Estaba ciega.

Se detuvo un segundo, tragando saliva con dificultad, mientras las lágrimas asomaban a sus ojos.

—Victoria y Val me miraban con desprecio, me odiaban desde el primer día, sentían que yo sobraba allí. El único que medio me cuidó y tuvo algo de decencia conmigo fue Gabriel...

Lucía levantó la vista, clavando en la teniente una mirada cargada de auténtico pavor.

—Sé que oculté pruebas a los agentes, que borré cosas y callé cuando debí hablar, y lo siento de verdad. Pero hay algo que pasó durante los días que estuve ingresada en la UCI que no me deja dormir, algo que no puedo olvidar…