Capítulo 38 La Tercera Hija
30 de octubre de 2026
11:00 horas
Despacho de García
El despacho de García era un hervidor de papeles revueltos y carpetas abiertas por todas partes. La puerta se abrió de golpe y Sara entró con paso decidido, sosteniendo un sobre marrón acolchado contra el pecho como si fuera oro en polvo.
—Ya están aquí los análisis del laboratorio y el testamento original que pedimos al registro notarial de la comarca— anunció Sara, depositando el sobre sobre la mesa central, junto a las fotografías del cobertizo y las muestras del arado de cincel—.
Lo he revisado por el camino. Hay algo que no cuadra en absoluto.
García se adelantó de inmediato, despegó la solapa del documento oficial y desplegó las ajadas hojas notariales firmadas por Victoria de la Torre años atrás.
Los ojos de la teniente recorrieron las líneas con avidez, deteniéndose en la cláusula de reparto de bienes.
Al leer el párrafo clave, se quedó petrificada.
—¿Qué pasa, jefa? ¿Qué dice? —preguntó Garmendia, asomándose por encima del hombro de su compañera con el ceño fruncido.
—Dice que deja la totalidad del patrimonio, fincas y ex-plotaciones a partes iguales entre sus tres hijos: Gabriel, Valeria... y Paola —leyó García en voz alta, con un hilo de incredulidad en la voz—. Paola. ¿Quién coño es Paola.
Adri, que llevaba todo el día organizando los informes balísticos en la esquina del despacho, levantó la vista de golpe, parpadeando con desconcierto.
—¿Paola? Imposible. En todos los padrones históricos de la familia, en las escrituras de partición de herencia y en los registros oficiales del SIGO solo constan Gabriel y Valeria. No hay rastro de una tercera hija.
—He comprobado los libros de la parroquia y los archivos civiles de la época por si hubiera un registro cruzado o una adopción tardía —intervino Sara, cruzándose de brazos con gesto de frustración mientras abría su propia carpeta de apuntes—.
No existe certificado de nacimiento, ni DNI expedido, ni cartilla sanitaria a nombre de Paola de la Torre en toda la provincia.
Es como si la hubieran borrado del mapa antes de que pudiera dejar huella oficial.
El silencio se instaló de golpe en la estancia, pesado y denso. Garmendia se frotó la nuca, rascándose la cabeza mientras caminaba de un lado a otro del despacho de García.
—Un momento... Si hay un testamento legal ante notario que la nombra heredera a partes iguales, esa persona existe o existió — razonó el sargento, gesticulando con las manos—.
Alguien tuvo que conocerla, verla crecer en este caserón o tratar con ella.
¿Cómo es posible que Teresa, la guardesa que lleva media vida en la casa cuidando de todos, no haya soltado una sola palabra?
¿Por qué nadie en el pueblo habla de una tercera hermana?
—Porque, o la han mantenido en el más absoluto y hermético secreto, o su existencia desmonta toda la estructura de poder y los chanchullos económicos de los De la Torre —concluyó García,
arrojando el testamento sobre la mesa y señalando las nuevas pruebas del cobertizo que Sara acababa de añadir al dossier—.
Primero los expedientes robados de San Torcuato, luego las deudas de juego de Julián, la bolsa de basura agrícola atrapada en el apero de Mateo...
y ahora una hermana fantasma que hereda un tercio de todo.
Adri miró las fotografías del caserón con una mezcla de inquietud y certeza.
—Si esa tal Paola está viva, o si su desaparición guarda relación con la muerte de Julián, la familia entera ha mentido en cada una de las declaraciones que nos han dado hasta ahora.