El aeródromo Capítulo 37 El Sobre Kraft
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Capítulo 37 El Sobre Kraft

29 de octubre de 2026

11:00 horas

Despacho de Damián Aguirre

Un timbrazo seco y elegante resonó al otro lado de la puerta de roble. Segundos después, la puerta se abrió con suavidad y apareció la secretaria de Damián Aguirre, una mujer de gesto impecable y modales formales.

—Buenos días, soy la cabo Herrero y él es el agente Chamborro, de la Policía Judicial de la Guardia Civil —se adelantó Sara con firmeza, mostrando su identificación antes de guardarla metódicamente en el bolsillo—. Preguntamos por el señor Damián Aguirre.

Damián Aguirre, que pasaba por el recibidor en ese preciso momento, giró la cabeza hacia la puerta y levantó ligeramente la barbilla, mirándolos por encima de la montura de las gafas con una mezcla de cautela y frialdad profesional.

—Ya veo, pasen directamente a mi despacho —respondió el letrado con voz seca, sin ofrecerles asiento de inmediato—. Supongo que no se habrán presentado aquí a primera hora solo para saludar.

—Vamos a dejarnos de preámbulos, señor Aguirre —cortó Sara, sentándose en una de las sillas sin esperar la invitación, imitándola Adri—.

Queremos toda la información que Victoria tuviese en su poder antes de morir.

Sabemos de sobra que estaba investigando los pasos de Lucía, y que para ella no era más que una sacaperras profesional.

El abogado suspiró, se recostó en su sillón con parsimonia y abrió el cajón central de su mesa. De dentro extrajo un sobre kraft grueso, sin nombre, y lo deslizó con suavidad sobre la caoba hasta dejarlo frente a los agentes.

—Doña Victoria es una mujer meticulosa, muy suya, y desde luego nunca ha tragado con los tejemanejes de Lucía —admitió con voz pausada—. Pagó de su bolsillo los servicios de un detective privado para que la siguiera de cerca. Esto es lo que recabaron.

Adri abrió el sobre con rapidez y extrajo una serie de fotografías en papel brillante. En ellas se veía claramente a Lucía en el interior del Ayuntamiento, agachada junto a unos archivadores auxiliares, deslizando documentos oficiales directamente dentro de su bolso con prisa y sigilo.

—El detective no pudo requisar los papeles en su momento — aclaró Aguirre, señalando las imágenes con un dedo—, pero que lo que hacía era ilegal salta a la vista. Victoria guardaba esto como oro en paño para desmontarla.

Sara contempló las instantáneas con los ojos entornados. Aquello confirmaba que entre ambas existía una guerra fría de poder y desprecio mutuo que iba mucho más allá de un simple enfrentamiento personal.

Sin embargo, Adri apartó las fotos a un lado y mantuvo la mirada fija en el abogado.

—Las fotos son oro, no lo niego —terció Adri, cruzándose de brazos—.

Pero no hemos venido solo por esto. Necesitamos el testamento de Victoria.

Traemos una orden judicial que nos permite investigar las últimas cláusulas que firmó, cómo repartió el patrimonio y si hay alguna modificación en la misma—terció, arrojando el documento firmado por Su Señoría encima de la mesa.