El aeródromo Capítulo 33 La Brecha De Valpierre
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Capítulo 33 La Brecha De Valpierre

13 de mayo de 2026

12:30 horas

Oficina de Urbanismo del Ayuntamiento de Logroño

El pasillo del Ayuntamiento estaba en penumbra, iluminado únicamente por el parpadeo lejano de los fluorescentes y el murmullo amortiguado del aire acondicionado.

Lucía caminaba despacio hacia el despacho de su superior cuando el tono tenso y contenido de unas voces al otro lado de la puerta entreabierta del despacho del concejal de urbanismo la hizo detenerse en seco.

Se pegó ligeramente a la pared, conteniendo la respiración. Reconoció la voz del concejal Raimundo, mezclada con la de su adjunto, Tomás, que hablaba con un nerviosismo evidente que raspaba en el silencio.

—Te digo que no están, Raimundo —susurró Tomás, pasándose una mano temblorosa por la frente—. He revisado la base de datos local tres veces. Y no es solo cosa de la carpeta física; los expedientes digitalizados de las fincas de la zona del Alto de Valpierre sencillamente se han esfumado.

Hubo un silencio espeso, roto únicamente por el crujir de una silla de cuero al desplazarse. Raimundo soltó un bufido seco, incrédulo.

—Eso es imposible, Tomás. Estás perdiendo el norte.

Esos archivos no pueden haber salido de esta oficina por arte de magia, y mucho menos haber desaparecido de la nube encriptada que gestiona el Ayuntamiento.

Los servidores tienen copias redundantes, registros de acceso de nivel tres...

Borrarlos así como así requiere credenciales de administrador principal.

¡Alguien tendría que haber entrado con las llaves maestras del sistema!

—Pues créeme, Raimundo: no hay registro de salida, ni rastro de borrado, ni señal digital de ningún tipo —insistió el adjunto, golpeando levemente la madera de la mesa con los nudillos—.

Es como si nunca hubieran existido en el servidor.

Pero sabemos perfectamente lo que contenían esas modificaciones sobre los terrenos.

Si alguien los reclama o si entra una auditoría externa, seremos el centro de un escándalo de los que hacen historia.

—Baja la voz, idiota —siseó el concejal, con un tono gélido que helaba la sangre—. Aquí hay algo muy extraño... Alguien con acceso a los archivos está jugando con los expedientes.

Lucía sintió que un escalofrío le recorría la columna.

Apartándose sigilosamente de la puerta, dio dos pasos atrás en la penumbra, con el corazón martillándole en el pecho.

Aquellas fincas del Alto de Valpierre no eran un asunto menor; había intereses muy oscuros detrás de esos expedientes desvanecidos.