El aeródromo Capítulo 23 El Box 17
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Capítulo 23 El Box 17

11 de octubre de 2026

Tarde del domingo

Hospital Universitario San Pedro

Las puertas automáticas del hospital se abrieron expulsando una bocanada de aire viciado y el bullicio perpetuo de las urgencias.

La tarde del domingo respiraba esa tensión sorda propia de los grandes hospitales: pacientes apiñados en los pasillos, familiares agotados aferrados a sillas de plástico y celadores que cruzaban con camillas a paso ligero, lidiando con la presión invisible de los turnos de doce,

diecisiete e incluso veinticuatro horas, y una sala de espera desbordada donde la paciencia hacía meses que se había agotado.

La teniente García se dirigió a admisión, una pequeña cristalera situada a la derecha de la puerta de entrada.

Tras esos cristales, dos auxiliares administrativos trabajaban sin descanso entre llamadas y expedientes.

Una de ellas levantó la vista al notar la presencia de la agente y la atendió con presteza.

Tras comprobar los datos de los compañeros que habían trasladado el parte— recordando que Lucía, tras recibir el impacto emocional por la muerte de Julián, había sufrido una recaída que obligó a dejarla en observación por su avanzado estado de gestación—, la auxiliar le indicó el camino.

—Box 17, al fondo del pasillo de Observación, a mano derecha — le señaló, volviendo de inmediato a su teclado.

García avanzó por el pasillo escuchando el pitido intermitente de los monitores y el murmullo constante del personal.

Al llegar a la altura del Box 17, la puerta automática se abrió al detectar su presencia y, en ese preciso instante, escuchó un sonido seco y rítmico que salía del interior: clic, clic, clic.

No llegó a averiguar de qué se trataba, porque el ruido cesó de golpe en cuanto ella se asomó por completo al vano de la puerta.

En el interior, una médico de mirada cansada, bata arrugada por las horas de guardia y el fonendoscopio colgado al cuello, terminaba de revisar los sueros. Era la doctora Rivers.

Al notar su presencia en la entrada, la doctora dio un paso al frente y bajó la voz con firmeza, bloqueando el acceso con delicadeza pero con absoluta determinación.

—¿Le puedo ayudar en algo? ¿Es usted familiar? —preguntó la doctora de inmediato, escudriñando el rostro serio de la mujer que tenía en frente.

—No soy familiar —respondió García con voz firme, mostrando de inmediato su credencial identificativa—. Teniente García, de la Guardia Civil. Necesito hablar con ella sobre el caso de Julián de la Torre— expuso, señalando a Lucía.

— Mire, la paciente se encuentra todavía algo sedada por la medicación, así que sería mucho mejor que se acercara en otro momento o que se esperase a que le dieran el alta.

García miró de reojo hacia el interior, vislumbrando la silueta pálida de Lucía descansando bajo los efectos de la sedación.

Asumió al instante que forzar la situación en ese estado no solo era inviable legal y éticamente, sino que pondría en riesgo a la paciente y echaría por tierra cualquier declaración futura. No era el momento.

—De acuerdo, doctora. No la molestaremos hoy —cedió la teniente con profesionalidad, guardando la acreditación policial y dando media vuelta—. Estaré al tanto de su evolución. Avísenos en cuanto consideren que puede recibir visitas.