Capítulo 13 Malas Noticias
10 de octubre de 2026
12:00 horas
Sala de Urgencias del Hospital Universitario San Pedro
El ambiente en la sala de boxes del Hospital San Pedro de Logroño era una coreografía de caos controlado y luces blancas. Los pitidos de los monitores se mezclaban con el ruido de las puertas automáticas abriéndose sin descanso.
La doctora Aranda, con la mascarilla quirúrgica ajustada y el pulso firme, apenas levantó la vista mientras atendía al motorista que acababa de llegar.
El paciente, un joven que había impactado contra un quitamiedos, presentaba un cuadro de politraumatismo severo, tórax inestable y posible hemorragia interna.
—¡Aranda, la tensión sigue cayendo! —gritó el doctor Gutiérrez, monitorizando ansioso la pantalla —. ¡Vamos a perderlo si no compensamos este volumen! ¡Pasadle mil de fisio a chorro y preparad ya la sala de reanimación!—continuó, señalando hacia el personal de enfermería.
En ese preciso instante, la puerta de la sala se abrió de golpe. Un técnico sanitario entró empujando una camilla, seguido por una enfermera que intentaba calmar a una mujer joven, pálida, que sollozaba con un ataque de ansiedad que apenas le dejaba respirar. Era Lucía.
—¡Doctora, necesitamos ayuda en el box 2! —exclamó la enfermera—. Paciente gestante, crisis de ansiedad aguda tras confirmación de muerte violenta de su marido. Está hiperventilando y con taquicardia severa.
Aranda no dejó de atender al motorista, pero giró la cabeza lo justo para ver a Lucía.
—¡Gutiérrez, encárgate de la paciente! —indicó la doctora Aranda con firmeza—. ¡Controla esa frecuencia cardíaca por el bebé!
Gutiérrez hizo una mueca de tensión antes de dejar el instrumental y acercarse a Lucía, que se aferraba al abdomen presa de una angustia que parecía desgarrarla por dentro.
—¡Señora, tiene que mirarme! —intentó Gutiérrez, mientras indicaba a la enfermera pasarle un sedante leve—. ¡Respire conmigo, por favor!
—Han... han dicho que estaba en el aeródromo... —balbuceó Lucía entre espasmos, con los ojos inyectados en sangre—. No puede ser... él no... el niño...
Mientras Gutiérrez daba indicaciones para estabilizar a la viuda, el motorista le dio un leve respiro manteniendo los niveles hemodinámicos al límite, gracias a la fluidoterapia masiva.
—¡Aranda, la presión se sostiene por los pelos, pero el abdomen sigue a tensión —advirtió Gutiérrez desde el otro extremo del box, sin soltar a Lucía—. ¡Ya he avisado a radiología! Con el suero a chorro aguantará lo justo para cruzar al TAC. ¡Añádele tranexámico! ¿¡Dónde coño está cirugía!?
—¡Preparad el traslado inmediato! —respondió Aranda sin dudar, apartándose un segundo del motorista para mirar de reojo a Lucía, que empezaba a calmarse bajo los efectos del sedante—. ¿Cómo está ella?
—Estable físicamente, pero el impacto emocional es brutal— contestó Gutiérrez con gravedad—. Necesito que baje ginecología a descartar un desprendimiento. No para de repetir que ella no sabía nada, que el aeródromo no era su sitio.
Aranda se quitó los guantes con un chasquido seco, mientras el personal sanitario de Urgencias se disponía a movilizar el equipo para desplazar al TAC al accidentado.
—Por cierto, si no hay patología ginecológica, en cuanto la valoren, que remitan de nuevo a esta mujer a Observación —indicó Aranda a la enfermera del control—.
Y avisa a Seguridad. Si el hombre del que habla ha muerto como dice, vamos a tener un despliegue de la Guardia Civil en este hospital en menos de diez minutos.