El acuerdo matrimonial (Multimillonarios Hawthorne) Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

—Quizás la niñera le dio algo. —Nicole sigue tan impasible como siempre. Sin revelar nada. Noto un hormigueo en la nuca. Nunca se había mostrado tan entrometida. Vuelvo a pensar en Ivy.

—Quizás —digo, midiendo mis palabras—. También me contó que fuiste a mi casa esa noche y que estuviste jugando con Lake un rato.

Un pequeño destello de emoción le cruza el rostro y desaparece tan rápido como ha llegado.

—Así es —dice casi sin aliento—. Iba a dejarte la ropa de la tintorería. Llegó a tu despacho después de que te fueras y pensé en llevártela a casa.

—¿Y no le diste nada a Lake?

Se encoge de hombros.

—No. Nada de nada.

Es la primera vez que la veo de otra manera. Me está mintiendo. No entiendo por qué mentiría sobre algo tan inocente si fue un accidente. No sabía que Lake era alérgico. Nadie lo sabía. No tiene motivos para mentir, y si le preocupa que la regañe, sabe que nunca la despediría por algo así.

Le ofrezco una última salida. Una última oportunidad de salir del hoyo en el que se está metiendo.

—Vaya. Pues ella estaba convencida de que le diste unos dulces a Lake.

—¿Dulces? —Nicole niega con la cabeza—. A lo mejor me está echando la culpa para librarse de algo que hizo ella. No sé.

Entrometida otra vez. Ahora resulta aún más sospechosa, y me fastidia que sin querer le haya dado la razón a Ivy.

Algo me ronda por la cabeza. La otra acusación de Ivy.

Esa maldita nota que me restregó por la cara, con mi letra.

No pudo ser Nicole quien la escribió. Si está ocultando esto, ¿qué más esconde? Dejo correr el tema.

—Hmm, puede que tengas razón. Seguramente por eso dimitió.

Nicole asiente.

—Hay gente que no sabe asumir sus responsabilidades. ¿Eso es todo?

—Hay otra cosa de la que quiero hablar. ¿Te acuerdas de cuando Ivy me perseguía, hace años?

Nicole resopla por lo bajo.

—Era muy insistente. ¿Cómo iba a olvidarlo?

—Cierto. Genial, porque quiero preguntarte algo. —Abro el cajón de mi escritorio, saco el papel que me dio Ivy y se lo entrego a Nicole—. Ivy me lo dio. Me dijo que yo se lo di a ella.

Nicole coge la nota y la lee. Su expresión no cambia y por un momento me pregunto si estoy equivocado, pero entonces veo un destello de reconocimiento en su rostro antes de que lo oculte rápidamente tras su habitual máscara de indiferencia.

Deja la nota sobre la mesa.

—¿Escribiste tú esto?

—No.

Nicole suelta un bufido más audible.

—¿Ivy lo falsificó? Típico.

—Pero no es su letra, ¿verdad? Creo que ambos sabemos que fuiste tú.

Suelta una risa ahogada y nerviosa.

—¿Por qué dices eso? Yo nunca...

—¿En serio? Eres la única persona capaz de imitar mi letra a la perfección. Bueno, no tan perfecta como para hacer los bucles en las «u» y las «w», pero bastante bien.

Se le enrojece el rostro.

—¡Damien, yo jamás haría algo así!

—Bueno, si insistes. —Si va a ponerse terca, supongo que tendré que darle más pruebas. Abro el cajón de nuevo, saco unos documentos y los arrojo sobre el escritorio—. Nunca firmé estos y, sin embargo, tienen mi firma. ¿Cómo es posible?

Después de que Ivy me contara lo de la nota, hice una breve investigación por mi cuenta, con la esperanza de demostrar que Ivy estaba equivocada y despejar la duda que me carcomía sobre Nicole, pero descubrí que lleva bastante tiempo falsificando documentos a mi nombre.

La mayoría de las falsificaciones, si no todas, son inocuas.

Solo aprobaciones de cosas que yo habría aprobado de todos modos, pero la nota. .. ¿Cómo pudo?

Nicole se encoge de hombros.

—No lo sé. ¿Quizás Meg tenga algo que ver?

—Algunos de esos documentos son de antes de que Meg empezara a trabajar aquí. Puedes comprobarlo si no me crees.

No lo hace. En su lugar, suplica:

—Vale, puede que hiciera alguna falsificación menor, pero fue para facilitar el trabajo cuando no estabas, nada más.

—¿Y la nota? Es tu letra.

Se queda atónita un momento, y luego dice:

—Solo hice lo que pensé que querías que hiciera.

Noto cómo el calor me sube al rostro mientras la rabia me invade.

—¡Joder, Nicole! ¡Estaba embarazada! ¡De mi hijo!

—Dijiste que era una mentirosa. Siempre la llamaste mentirosa.

—¡La viste embarazada y la echaste! ¿No pensaste que yo necesitaba saberlo? —balbuceo.

Nicole rodea el escritorio hasta mi lado y me agarra del brazo. Estoy demasiado atónito para reaccionar ante esta repentina muestra de emoción por su parte.

—Lo hice por ti. Por nosotros. —Tiene los ojos llorosos.

—¿Nosotros? —Apenas puedo creer lo que oigo.

—No me digas que nunca te has dado cuenta de que tengo sentimientos por ti. ¿Por qué iba a quedarme a tu lado todos estos años si no?

Me suelto de su agarre de un tirón y ella se estremece.

—Nunca te lo pedí. —Entrecierro los ojos—. ¿Envenenaste a mi hijo? —Mi voz suena lo bastante amenazante como para asustarla y hacerla retroceder.

Se le demuda el rostro.

—No estaba pensando con claridad cuando pasó. Fui a tu casa y llevaba un paquete de frutos secos en la mano. Le ofrecí algunos. Te juro que no quise hacerle daño.

—Y aun así me mentiste cuando te lo pregunté.

—Tenía miedo.

Respiro hondo, intentando calmarme.

—Nicole, te conozco desde hace años, así que preferiría no tener que despedirte. Creo que es mejor que dimitas.

Abre los ojos de par en par.

—¡No, Damien! ¡No puedes!

Suelto un bufido y mi rabia se redobla.

—¿Que no puedo?

—Quiero decir... por favor, no me hagas esto. Este trabajo es mi vida. —Da un paso adelante y esta vez me agarra de la cintura—. ¡Te quiero!

La aparto de un empujón y se tambalea, pero no llega a caer.

—Si me quisieras, no habrías hecho lo que hiciste. Recoge tus cosas y vete. Si vuelvo a verte, no respondo de lo que te haga —siseo.