Capítulo 11 #2
Damien arquea una ceja de esa manera que antes me parecía adorable pero que ahora me resulta irritante. Mierda, todavía me parece adorable.
—Más que eso, en realidad —aclara.
—¡Damien!
Se encoge de hombros y me vuelvo hacia Lake.
—¿Quieres que te lea Timmy el Tren de Té Viajero?
Lake bosteza.
—Sí.
Pero para cuando abro el cuento en el móvil y leo una página, Lake ya está dormido.
—Tiene tu mandíbula.
Casi me da un infarto cuando veo a Damien de pie a mi lado. Me levanto sin pensar, queriendo estar más a su altura.
—¿De qué hablas?
—La forma de vuestras mandíbulas. Mira.
Se inclina y traza con delicadeza la mandíbula de Lake sin despertarlo. Luego se incorpora y lleva la misma mano a mi mandíbula, acariciándola. Se me corta la respiración mientras quedo una vez más prisionera de su mirada.
—Es la misma.
Si no estuviéramos tan cerca, quizá no lo habría oído. Su voz es grave y sensual, y me llena de una calidez reconfortante que no debería estar sintiendo. Este hombre quiere quitarte a tu hijo.
Pero ¿acaso esa voz sensata me hace caso?
No. El deseo grita más fuerte que cualquier otra cosa dentro de mí mientras me inclino hacia delante.
El espacio entre nosotros desaparece cuando nuestros labios se tocan.
Sus labios acarician los míos y rozo mi lengua contra la suya, deseando más.
Él gime, me agarra la cabeza y aplasta sus labios contra los míos.
Mordisquea y lame mientras me besa con un fervor que enciende un fuego en mi interior.
Un hambre similar a la de nuestra primera vez. Me devora con el beso hasta que gimo contra su boca. Mis manos le acarician la espalda mientras me aferro a él como si me fuera la vida en ello.
Tan abruptamente como empezó, se aparta.
—Joder.
Sin pensar, bajo la mirada hacia Lake. Está profundamente dormido.
—No digas palabrotas delante de él —le susurro a Damien.
—¿Quién es Brad? —me susurra. Hago un gesto hacia la puerta para salir. Me sigue, y en cuanto cierro la puerta tras de mí, vuelve a preguntar—: Bueno, ¿quién es?
—¿Nos besamos y eso es lo primero que dices? —siseo.
Se encoge de hombros.
—No pude resistirme a tus labios suaves. Tenía que probarlos.
—Brad es mi exnovio. El único novio que Lake ha conocido, antes de que me sueltes un sermón sobre cómo expuse a tu hijo a un desfile de hombres.
—¿Así que admites que es mi hijo?
Aparto la mirada.
—Podría ser de Brad.
Sus ojos se oscurecen.
—Si yo fuera tú, Hiedra Venenosa, me andaría con cuidado.
Con su amenaza clara, se marcha a su habitación. Entro en la mía, que está frente a la de Lake y, noto ahora, al lado de la de Damien, y me dejo caer en la cama sin quitarme la ropa.
Nos quedamos en su casa los tres días siguientes mientras esperamos los resultados de las pruebas de ADN.
Algunos paparazzi me pillaron saliendo del apartamento de Damien, y la noticia apareció en los blogs de cotilleos durante unos días.
Saliendo de la guarida del Diablo fue el titular.
Debía de ser un día flojo de noticias para que les importara tanto yo.
Por suerte, no vieron a Lake, o al menos tuvieron la sensatez de no publicarlo. Sonya no paraba de hablar del tema, y el resto del personal me lanzaba miradas extrañas.
Cuando salieron los resultados, Damien me llamó a su despacho. Podría haber dicho que no, pero desafiarlo sería otro punto en mi contra.
—La prueba es positiva —dice en cuanto entro en su despacho.
Nicole, que me abre la puerta, hace una mueca.
¿Qué le pasa? Quizá lo sabe. Intento no pensar en ella y me concentro en Damien.
Elegante como siempre, con camisa blanca, corbata azul marino y pantalones de traje a juego.
Arroja los resultados sobre el escritorio.
No me molesto en comprobarlos. Sé que dice la verdad.
—Tenemos que decírselo —dice mientras rodea el escritorio y se planta frente a mí.
—¿Puedes darme algo de tiempo para pensar cómo decírselo a Lake con delicadeza?
—¿Decírselo con delicadeza? No soy un criminal. ¿Por qué tendrías que hacer eso? Se lo dices esta noche o se lo digo yo —espeta.
Lake está en su cuarto cuando vuelvo del trabajo.
Está jugando con un nuevo juego de Lego que Damien le compró.
Es uno de los muchos juguetes con los que ha llenado la habitación de su hijo.
Durante los tres días que llevamos aquí, el cuarto ha pasado de ser una simple habitación de invitados a algo parecido al cuarto de Lake en mi apartamento, pero más lujoso.
Hasta las sábanas son ahora de Spiderman, y la niñera que contrató, que habla francés, griego y español, es un paso adelante respecto a la monolingüe Paige.
Greta es un poco mayor que Paige y actualmente está cursando un grado en cuidado infantil en un prestigioso instituto de niñeras.
La mismísima Mary Poppins habría envidiado sus habilidades.
—¡Mamá! —Suelta las piezas de Lego que tiene en las manos y corre hacia mí con sus piernecitas torpes. Me arrastra de la mano hasta el centro de la enorme habitación y dice—: ¡Mira lo que hemos construido Greta y yo!
En el suelo, junto a Greta, hay una batcueva de Lego a medio terminar.
—¡Vaya! ¡Impresionante! —Estoy realmente sorprendida de lo rápido que han podido construir algo tan grande y complejo. Lake rara vez se queda quieto lo suficiente como para dedicarse a un proyecto así.
Greta está sentada con las piernas recogidas mientras guarda algunos bloques en una caja.
—Su hijo es maravilloso —dice mientras se levanta.
Le tiendo la mano para ayudarla a levantarse.
—Gracias por tu tiempo.
A diferencia de lo que pasaba con Paige, nuestras conversaciones no terminan hablando de dinero, ya que Damien se ha encargado de todo eso. Cabría pensar que eso evitaría la incomodidad, pero no es así.
—¿Crees que puedo quedármela cuando esté terminada? —Lake vuelve a tirarme de la mano—. ¿Puedes preguntarle al tío Damien si puedo?
Una punzada de culpa me golpea en la boca del estómago.
—Lake, no tienes que preguntar. Es tuya.
Sonríe de oreja a oreja.
—¿Entonces puedo llevármela a casa?
—Lake, cariño, ¿puedes esperar aquí mientras acompaño a Greta a la puerta?
Se deja caer al suelo y coge un bloque.
—No hay problema.
Vuelvo a darle las gracias a Greta mientras se va y regreso a la habitación de Lake con los zapatos como si fueran de plomo. Por el amor de Dios, es tu hijo. Decirle la verdad no debería llenarte de pavor.
Lake sigue jugando con sus Legos cuando vuelvo a su habitación. Me siento en una esquina de la cama.
—¿Puedo hablar contigo un momento?
Lake levanta la vista, asiente y vuelve a sus juguetes.
—Es un asunto serio.
Suelta el juguete a regañadientes y se acerca para ponerse entre mis piernas. Levanto su cuerpecito y lo siento en mi regazo.
—¿Recuerdas cuando me preguntaste si tenías papá?
Asiente.
—He hablado con él y quiere conocerte.
Abre los ojos de par en par y una sonrisa radiante le ilumina el rostro.
—¿Dónde está?
Respiro hondo.
—Esa es la cuestión. Llevas tres días en su casa.
Frunce el ceño y luego abre la boca en una O al comprender lo que le digo.
—¿Estás diciendo que el tío Damien es mi papá?
Asiento.
—Creo que preferiría que lo llamaras papá y no tío Damien.
Más que ver a Damien entrar en la habitación, siento su presencia. Cuando Lake lo ve, parece inseguro.
—Es verdad. Pregúntale —lo animo.
Lake se vuelve hacia Damien.
—¿Es cierto?
Asiente. Lake se baja de mi regazo y corre hacia él. Damien lo recibe con el mismo entusiasmo y se arrodilla para abrazarlo.
—Siempre he querido un papá —dice Lake llorando.
—Y yo siempre he querido un hijo —responde Damien. Cuando miro a Damien, juraría que tiene los ojos llenos de lágrimas. Nunca lo he visto llorar. Pensaba que no tenía lágrimas. Pero sí las tiene. Las guardó para su hijo.