Capítulo 6 #2
—No estoy seguro de que deba estar allí, pero lo que tú digas, Hiedra Venenosa.
—Cuelga inmediatamente después. ¿Hiedra Venenosa?
Estoy segura de haber oído bien. Resoplo ante el apodo.
Típico de Damien inventarse un mote de cómic.
Recuerdo perfectamente que siempre tenía un cómic o una novela en las manos. Igual que Lake.
Cojo el teléfono de nuevo y entro en el chat grupal al que me uní después de que muriera papá. Somos los siete hermanos Hawthorne y ha estado inactivo desde el día del entierro. Ninguno me ha dicho nada sobre la noticia, aunque estoy segura de que Nolan lo sabe. Mejor decírselo a todos.
Hola. Puede que algunos ya hayáis oído la noticia. Si no, hace poco me casé con Damien Sinclair. Sí, ese Damien, y mamá lo ha invitado al aniversario de papá. En cuanto a Lake, él aún no lo sabe, y me gustaría que siguiera así por el momento. Así que no seáis gilipollas mañana y todo irá bien.
Releo el mensaje antes de darle a enviar. Nadie dice nada hasta media hora después, cuando me estoy preparando para dormir. Entonces me llega una notificación. Raine ha puesto un emoji de cara sonrojada. Nadie más responde.
Dejo el teléfono en la mesita de noche y me meto en la cama para olvidarme de Damien Sinclair. Pero cuando me duermo, sueño con él, con Lake y con sus palabras. Deseo un papá.
◆◆◆
Damien llega a mi apartamento temprano al día siguiente.
Demasiado temprano. Aparece unos minutos después de que Lake se vaya con Paige.
Paige iba a llevar a sus hermanas al zoo el fin de semana y pensó que quizás a Lake le gustaría ir.
Y como ahora soy una mujer rica, le doy a Paige dinero de sobra para gastar no solo en el zoo, sino también en una visita al museo y un almuerzo divertido después.
—¿Puedo pasar o tienes que esconder las pruebas de tu novio? —bromea Damien en cuanto abro la puerta, con una mirada de complicidad.
Pongo los ojos en blanco.
—Entra. Espera un momento mientras cojo el bolso.
Corro a mi habitación y me retoco el maquillaje mientras me tiemblan las manos. Me digo que es porque estoy nerviosa por ver a mi familia, pero es mentira. Solo un hombre tiene este efecto en mí. El corazón no se me ha calmado desde que entró Damien.
Respirar hondo no funciona y, al cabo de un rato, desisto de trazar una línea recta en la ceja y opto por un maquillaje sencillo.
Cuando vuelvo de mi habitación, Damien no está en el salón. Está de pie en la cocina, con la mirada fija en algo sobre la encimera. Rezo para que no sea uno de los dibujos de Lake, que por suerte ya no pongo en la nevera, sino que los tengo en mi habitación.
—¿Qué haces?
—¿Un bote de palabrotas? —Se gira para mirarme con un tarro de cristal lleno de billetes y monedas que tintinea en su mano.
Me encojo de hombros.
—Para controlarme. Estoy intentando soltar menos tacos.
—¿Idea tuya o de tu novio?
—Mía. Y sí, Lake me ayuda a cumplirlo. ¿Podemos irnos ya?
Deja el tarro.
—Lake suena a profesor de catequesis aburrido.
No se mueve cuando se lo digo. En lugar de eso, recorre la cocina con la mirada como si tuviera todo el tiempo del mundo. Al cabo de un momento, añade:
—Dijiste que ya habías gastado cuatro millones.
Lo miro fijamente.
—¿Qué?
—Supongo que te referías a comprar un piso. Porque, viendo este, necesitas uno nuevo —comenta.
—Gracias por despreciar un sitio que me costó mucho esfuerzo poder pagar. Y ahora, ¿podemos irnos?
Su mirada vuelve a mí y, con solo mirarme, me cautiva al instante.
Dios, es devastadoramente guapo. La camisa azul y los vaqueros negros que lleva le dan un aire intimidante, pero no para mí.
Los dos botones de arriba de la camisa están desabrochados, y se le ve un poco el pecho, lo justo para que quiera ver más.
No sé por qué eso me vuelve loca, sobre todo en él.
—¿Por qué?
—¿Eh? —Aparto la mirada de su pecho, avergonzada por mi despiste momentáneo, y me centro en lo que dice.
—No hace falta trabajar duro para vivir en un cuchitril como este. Yo pensaba que alguien tan rica como tú no tendría que ir tan justa de dinero.
Miro la hora en el móvil. Si salimos ahora, probablemente lleguemos pronto. Hay tiempo de sobra, pero preferiría pasar el menor tiempo posible a solas con Damien. Y a ser posible, fuera de este piso.
—¿Tenemos que hablar de esto ahora?
—A ver, creo que como tu marido merezco saber al menos eso. Un matrimonio lleno de secretos difícilmente dura.
Pongo los ojos en blanco. No tengo ninguna intención de que este matrimonio dure.
—Mi padre me desheredó y yo quería demostrarle que podía hacerlo todo sola.
—¿Y luego se volvió demasiado difícil? Lo entiendo. Vivir como el noventa y nueve por ciento del mundo puede resultar complicado.
Su tono rezuma desdén. Decido no picar. La verdad es que mis padres querían quedarse con Lake. Querían que se lo entregara y fingir que no era mi hijo, para no deshonrar a la familia. Pero no puedo contarle todo eso, ¿verdad?
Mi padre prácticamente me apartó no solo del dinero familiar, sino de la familia entera. Si no hubiera sido por Nolan Junior, no sé qué habría hecho.
—Algo así. ¿Podemos irnos ya?
Damien entrecierra los ojos, como si intentara descifrarme. Pero luego se rinde, se encoge de hombros y va hacia la puerta. Su coche con chófer nos espera fuera. Me fijo en que el mismo conductor que tenía cuando fuimos a Las Vegas es el que abre la puerta.
Me sonríe mientras me meto en el coche, y me pregunto qué pensará de todo esto. Seguro que sabe que mi matrimonio con su jefe es falso.
El coche nos lleva a la casa de mi padre, ahora de mi madre.
Es una de las pocas cosas que consiguió cuando él murió.
En lugar de venderla, prefiere el prestigio de vivir en una casa grande, aunque apenas pueda permitirse el mantenimiento.
Me preparo mentalmente mientras entramos.
Hace mucho que no vengo, y la última vez que estuve aquí juré no volver nunca.