27 #2
—Creía que era el único al que le pasa eso. Y no me refiero a tener algún que otro pensamiento retorcido cuando alguien te ha fastidiado. Hablo de imaginarme vívidamente matándolos, de observar cómo la vida se les va de la cara. La sangre. Por todas partes.
El estómago se me retuerce al pensar que eso le gusta, que lo desea.
La diferencia es que Grace ha hecho realidad sus fantasías a través de Omar.
—Nos encontramos en secreto e hicimos planes.
Durante meses y meses estuvimos planeando lo que nos gustaría hacer, hasta que se convirtió en una necesidad.
No podía seguir siendo una fantasía. Teníamos que hacerlo.
—Grace se da golpecitos en la mejilla con la punta del cuchillo, pero no aprieta lo suficiente para cortarse—.
Omar y yo estuvimos de acuerdo al mismo tiempo.
Fue el destino. Ese primer asesinato fue...
No hay palabras para describirlo. Nunca lo entenderíais.
—Me alegro —suelta Zayn por lo bajo.
—Cuidado con lo que dices —le advierte Omar. Pone la mano sobre el bolsillo e inclina la cabeza hacia un lado.
—¿Mataste tú a Mac? —le pregunto a Grace. Mac fue el primero en morir el año pasado. Hasta ahora, solo tenemos la confesión de Omar.
—No. Somos un equipo. Omar es quien mata. A mí me gusta mirar y encubrirlo.
Zayn gruñe.
—¡Abre los ojos, Omar! ¡Te está usando!
—¡Eh! Necesito saberlo todo, así que todos menos mi hermana cerrad el puto pico. ¿Cómo está papá metido en esto? —pregunta Nash—. ¿Por qué está él en prisión y no tú?
Grace resopla despectiva.
—Dios, era tan sobreprotector que resultaba agobiante.
En realidad, no lo era. Nash y Grace siempre habían disfrutado de mucha libertad. A no ser que nos esté diciendo que Jackson le prohibió que matara a gente y sea eso a lo que ella se refiere con «agobiante».
Me parece razonable.
—Comenzó a sospechar que yo ocultaba algo.
—¿Cómo? —pregunta Nash.
—Por casualidad oyó algunas cosas que le decía a Omar por teléfono.
Quería que fuera a clases de control de la ira —contesta, y se ríe—.
Al parecer, estaba muy preocupado. Pero no lo habló con nadie, no pidió ayuda, no fue a la poli.
Ni siquiera cuando volví a casa con la camiseta manchada de sangre.
Me miró mientras la quemaba en el patio y no dijo nada.
Nash niega con la cabeza.
—Las cosas se le fueron poniendo peor tras eso.
Omar y yo volvimos a matar, esta vez, enmascarados.
Papá encontró una de las máscaras en mi habitación.
Le solté alguna trola diciéndole que era parte de mi disfraz, pero no me creyó.
No después de que los cadáveres fueran apilándose.
Me rogó que parara. Eso fue todo. Solo me rogó y me pidió que parara y me ofreció toda la ayuda del mundo.
Era tan débil... —explica riendo para sí.
Jackson debería haberla denunciado a la poli.
—¿Cómo acabó cargando con la culpa? —pregunto mientras lanzo una rápida mirada a Nash. Una linterna sigue iluminando a Omar, y la otra a Grace, pero puedo distinguir el horror absoluto en el rostro de Nash.
Ha estado odiando a su padre durante mucho tiempo.
—Me siguió la noche que nos cargamos a Kelsie y a Brodie.
Omar había ido a buscar su pickup para cargarlos cuando papá me encontró.
—Respira y luego esboza una gran sonrisa con sus malvados labios—.
Le hice la actuación de mi vida. Lloré y le rogué que me ayudara.
Le dije que era consciente de que mi cabeza no estaba bien, blablablá, y que quería mejorar para poder ir a la Universidad de Nueva York.
—Estás enferma —susurra Nash.
Grace no le hace caso y continúa con su historia.
—La escena del crimen era un poco un caos. No habíamos tenido tiempo de limpiar y ya oíamos sirenas de fondo. —Pone los ojos en blanco—. Kelsie hizo muchísimo ruido cuando Omar la estaba apuñalando. Me dolieron los tímpanos, así que no fue ninguna sorpresa que alguien la hubiera oído.
Noto el sabor de la bilis en la boca al pensar en Kelsie luchando por vivir.
—Papá se arrancó un mechón de pelo y lo dejó sobre el cuerpo de Kelsie.
Me dijo que él lo arreglaría y que, a cambio, yo no volvería a ver a Omar y me centraría en poner mi vida en orden.
Pensándolo ahora, era un plan horrible. Pero los federales estaban llegando y él se dejó llevar por el pánico. Se sacrificó por mí.
—¿Y qué piensa ahora? —gruñe Nash con los dientes apretados.
—Dejé de atender sus llamadas cuando matamos a Noah. Sabía que se enteraría, sabía que la poli lo interrogaría otra vez, así que ¿cómo iba a fingir que no estaba pasando nada?
—Así que pasaste de él.
—Y aun así, él siguió encubriéndome. —Menea la cabeza—. Así que, ya ves, Nash, vamos a acabar con esto y luego vendrás con nosotros. A algún lugar donde podamos volver a empezar sin todo este veneno.
Grace es el veneno.
Nash niega con la cabeza.
—Yo no voy a ninguna parte contigo.
—¿Con qué vas a acabar? —pregunto.
Ella agita una mano.
—Con vosotros tres. Omar, encárgate ya, ¿quieres?
Adi, Zayn y yo lanzamos un grito apagado. Nos volvemos de cara a nuestro amigo, al que acaban de ordenar que nos mate.
—¡Omar, no! —grito cuando él salta hacia nosotros y, sin vacilar, le hunde el cuchillo a Adi en el abdomen.