El acecho 27
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Asombrada, lanzo un grito y giro en redondo para encontrarme con otro de mis mejores amigos.

Omar.

—¡No! —exclamo, negando con la cabeza—. Omar no.

Pasa el dedo por la punta del cuchillo que tiene en la mano. Está cubierto de sangre seca, que se está volviendo del color del óxido. ¿La sangre de Jensen?

—Pues me temo que sí.

El modo en que Nash lo mira, con la boca medio abierta y los ojos saliéndosele de las órbitas, me renueva la esperanza de que pueda ser inocente. Pero no sé a quién creer. Hace solo treinta segundos, hubiera confiado mi vida a Omar.

Y hace solo tres minutos, pensaba que Zayn podría ser el culpable.

—No. ¡Mierda, no! —exclama Zayn—. Pero, tío...

Omar respira hondo.

—Siento que hayamos llegado a esto. De verdad. Hemos intentado dejaros fuera de esto, pero tú, Penny, ¡Dios, Penny!, no podías seguir apartada de Nash, ¿no?

—¿Qué? Omar, ¿eso qué tiene que ver con toda esta historia? Por favor, piensa en lo que estás haciendo. Somos amigos. Si nos haces algo, no vas a poder perdonártelo. —Hablo por hablar, porque todavía no he acabado de entenderlo.

—Grace no quería que siguieras con él —contesta Omar. La respuesta es muy simple, pero al mismo tiempo apabullante. Como si no querer que tu hermano pase el rato con su ex fuera una razón para asesinar a cinco personas.

—Omar..., ¿los has matado tú a todos?

—No es tan difícil, Penny. Simplemente tienes que... —encoge un hombro lentamente— clavarlo.

Las náuseas me revuelven el estómago.

—Trataste de hacerme daño. Podría haber muerto en ese accidente.

—Te perseguí por el campo de maíz y seguiste sin quedarte en casa —me dice, mirándome ceñudo como si yo fuera una niña traviesa—. ¿Qué otra opción me dejaste? Incluso después del accidente, fuiste corriendo a verlo.

Grace suelta un bufido burlón, pero Nash la corta.

—¡Tú no decides quiénes pueden ser mis amigos! ¿Qué mierda te ha pasado? Sé que has estado hablando con papá, pero esto es una locura, y lo sabes.

—No le hables así —replica Omar, y su actitud cambia de chula a furiosa..., asesina. Grace tiene un poder sobre él que nunca me habría imaginado. Lo ha convertido en su arma personal.

Me lo quedo mirando y trato de averiguar cómo he podido pasar por alto esa faceta suya. Mi amigo dulce y sarcástico, que nunca se toma nada demasiado en serio.

—¿Qué vas a hacer ahora, Omar? ¿Matar a todos tus amigos?

—Solo me necesita a mí —responde Grace por él.

—Penny no te estaba hablando a ti —suelta Zayn.

—¡He intentado avisaros! —Omar alza las manos con el cuchillo apuntando al aire. La sangre destella bajo el rayo de mi linterna.

—¿Y cuál es el plan? —pregunto mientras doy un paso adelante—. Omar, nos conocemos desde los cinco años. Has sido mi amigo durante doce años. Confiaba en ti, y ahora no te quiero perder.

—Eso no va a servir de nada —asegura Grace.

—Deja de hablar por él —le digo—. Puede pensar por sí solo.

El problema es que, justo ahora, eso no parece ser cierto. Está haciendo todo lo que ella quiere, matando cuando ella quiere. Cuando los vimos hablando fuera del cine, seguramente acababan de dejar el cadáver de Mae. Omar solo se fue unos minutos, así que Grace tuvo que haberlo ayudado.

Aparcar cerca con Mae en el maletero, meterla por la entrada de personal del callejón. Estaría mucho más vacío, pero continuaba siendo muy arriesgado... aunque, claro, también lo es matar. A Mae le caía bien Omar. ¿Qué debió de sentir cuando este la atacó?

—Omar, por favor, piénsatelo. Piensa en lo que esto representa para ti. Ella no ha matado a nadie. Ha hecho que tú lo hicieras todo. Eres tú quien acabará en prisión, no ella. Por favor, no lo hagas. Sabes que no quieres hacernos daño.

—Tú también has traído un cuchillo —dice él, y estoy segura de que su sonrisita está cargada de orgullo.

—No quiero usarlo. Por favor, no me obligues a defenderme.

—Intenté avisarte, pero no me escuchabas.

—¿Cómo iba yo a saber que esto era un aviso para que me alejara de Nash?

Inclina la cabeza y sonríe sarcástico.

—¿Te habrías alejado si lo hubiera hecho de un modo más evidente?

Aprieto los labios y pienso en mentir, pero él lo notaría. Hace demasiado tiempo que Omar me conoce como para que eso funcionara.

—No, no lo habría hecho.

—Vale —interviene Adi, y alza las manos mientras se acerca un poco más a Omar—. No sé qué hay entre tú y Grace, pero puedo ver que te está utilizando. ¡Abre los ojos!

—¡Eh! —suelta Omar—. Vigila lo que dices.

—No, somos sinceros los unos con los otros, y no voy a dejar de serlo ahora. Decimos lo que hay que decir por incómodo que resulte. Ese ha sido siempre el trato.

Ese era el trato hasta el año pasado. Desde entonces todos hemos tenido secretos.

—¡Calla! —grita Omar, y da unas largas zancadas hacia ella.

Adi grita y corre hacia atrás, pero se golpea con las sillas y cae sobre un asiento cubierto de polvo. Se cubre el rostro con las manos. Nash, Zayn y yo volamos hacia delante.

—Eh, eh —digo mientras le bloqueo el paso a Omar para que no se acerque más.

Nos quedamos cara a cara, ambos con un cuchillo en la mano, aunque el suyo es mucho más grande que el mío.

Su respiración es tan entrecortada como la mía.

En este momento, podríamos estar solos. Ninguno de los dos puede pensar más que en el otro mientras planeamos nuestro siguiente movimiento.

Yo intento pensar en qué decirle para que reaccione.

Él... Llegados a este punto, ni me puedo imaginar lo que piensa.

Hay tantas cosas de Omar que nunca he sabido. Como su relación con Grace, para empezar. ¿Cuál es la historia ahí? Él se había colgado de ella, pero ella siempre había pasado de él.

—Penny, retrocede —susurra Nash.

Niego con la cabeza mientras un subidón de adrenalina me hace ser más valiente que nunca.

—No. Omar y yo vamos a arreglar esto.

—Buena chica —contesta Omar—. Puede que estemos en bandos opuestos, pero estoy orgulloso de ti.

Sus palabras me envían un rayo de furia por todo el cuerpo. Es completamente incapaz de ver que Grace está jugando con él.

—No digas eso. Me estás amenazando con un cuchillo; estás dispuesto a matarme. Así que no finjas que sigo importándote. ¿Por qué haces todo esto por ella?

—La amo.

Bueno, eso era evidente.

—Alguien que te ama no te pide que mates por ella.

—¡Calla! —suelta Grace.

¿Por qué no tratan de atacarnos? Ahora no tienen elección; sabemos la verdad.

—¿Qué fue lo que te dijo?

Omar respira hondo por la nariz y cambia el peso de un pie al otro.

—No me ha manipulado, Penny. Le dije que quería ayudarla.

No quiero ni imaginarme cómo sería esa conversación.

—No lo entiendo.

Grace lanza una carcajada enloquecida.

—No pasa nada, se lo puedes contar, cariño.

Mi grabadora sigue acumulando segundos.

Adi se pone en pie y se agarra a Zayn. Ambos observan a Omar, esperando a oír la vida secreta de nuestro amigo.

Es la última persona de la que me hubiera esperado que hiciera daño a alguien. En ocasiones, puede haber sido muy frío y bromear sobre cosas de las que nadie bromea, pero no algo como esto. No es quien yo creía que era.

—Omar, por favor. ¿Puedes explicarnos qué está pasando?

—Me gusta, Pen. Me gusta.

—¿Ves?, así es como todo tenía que ser. Mi padre lo sabía —explica Grace, mientras Zayn la ilumina con su linterna. Yo mantengo la mía sobre Omar.

—¿Papá lo sabía? —pregunta Nash—. ¿Has hablado con él de lo que estabais haciendo? Lo sabía. Oh, mierda. Me dijo que...

Grace pone los ojos en blanco.

—Ya me dijo que había hablado contigo.

—¡Grace, dime qué es lo que sabía papá! —La paciencia de Nash está desapareciendo.

—Me dijo que Omar era mala gente. —Le guiña un ojo a Omar—. Quería protegerme. Al menos, hasta que se dio cuenta de todo.

—¿Se dio cuenta de qué? Di las cosas claras.

—Realmente no lo sabes, ¿verdad?

—No —contesto—. Tu padre te advirtió que te alejaras de él. No te refieres a hace poco. Oh, Dios... Tú eres la que está detrás de todo , Grace, y tu padre es inocente, ¿verdad?

—¿Qué? —Nash se vuelve de golpe, con la boca y los ojos muy abiertos y pálido como un fantasma—. ¿Qué estás diciendo, Penny? Grace, ¿qué mierda está diciendo? Eso no es cierto.

Desde atrás, Omar aplaude.

—Sabía que Pen acabaría pillándolo.

—Dime ahora mismo que eso no es verdad —exige Nash.

Necesitamos un plan. Favorecer que sigan hablando retrasa lo que quiera que vayan a hacer.

—Omar y yo nos hemos estado viendo durante dos años y medio —nos cuenta Grace—. Ninguno de vosotros tenía ni idea.

—No sabes cómo quise apuñalarte, Zayn, cuando le pediste salir —añade Omar.

Zayn se tensa y se acerca un poco más a Adi, y los cuatro nos quedamos juntos, dispuestos a enfrentarnos a lo que sea que está a punto de ocurrir.

Cuatro contra dos. Aún tenemos la ventaja de los números.

Pero ellos tienen dos cuchillos contra mi triste cuchillito.

Quiero, sobre todo, que mis padres se den cuenta de que no estoy en casa y alerten a los federales que están en la puerta.

Pero vendrán con sirenas, y entonces quién sabe lo rápido que Grace perderá la cabeza.

Aun así, tengo la sensación de que nos estamos quedando sin tiempo, porque Grace no va a cambiar de idea.

No han pasado ni treinta minutos desde que todos se marcharon de la fiesta. Querría pensar que la poli aparecerá en cualquier momento, si alguien no hizo caso de las órdenes y dio la alarma.

—¡Grace! —exclama Nash, y suena como si le faltaran solo segundos para colapsarse. Ha tenido mucho que procesar en los últimos treinta minutos.

—Desde hace mucho tiempo he querido matar a un montón de gente.

Descubrí enseguida, gracias a la cerveza y a quedarme sola con Omar en una fiesta, que él siente lo mismo.

Tardé otros tres meses en volver a mencionarlo.

Había tanta gente que se creía mejor que yo...

, que nosotros, Nash. Cada vez que alguien se daba aires al pasar, yo me imaginaba clavándole un cuchillo en la barriga.

Lo tenía en la cabeza tan a menudo que supe que no podía seguir ignorándolo.

Omar suelta una risita.