El acecho 26
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—¿Qué quieres decir? —pregunta Nash, mientras pasa la mirada de mí a su hermana. Lentamente, va uniendo las piezas, pero no quiere hacerlo—. Grace, ¿qué estás haciendo aquí?

Ella sigue en la puerta que hay en lo alto de la sala de proyección. No sé dónde se encuentra la salida de emergencia de esta sala, porque no hay electricidad que pueda iluminar el cartel y mostrar el camino.

Grace comienza a bajar hacia nosotros y se me retuerce el estómago.

¿Qué está haciendo? Somos cuatro contra una. No tiene ninguna posibilidad, así que ¿por qué se acerca a nosotros como si ella dominara la situación y nosotros debiéramos estar asustados?

—Sí que habéis tardado en llegar aquí.

—Grace, ¿qué mierda es esta? ¿Qué estás haciendo? —exige saber Nash mientras menea la cabeza—. Dime que esto es una broma de mal gusto. ¡Grace!

—Tranquilo, Nash. ¡No te pongas histérico! —suelta ella—. Déjame empezar diciendo que, si veo a alguien marcando el número de la policía u oigo alguna sirena, mi lista de cadáveres se va a disparar. No estoy jugando, así que mejor no me pongáis a prueba.

Controlo el impulso de llamar pidiendo ayuda porque me la creo... porque he visto de lo que es capaz.

Nash se pasa las manos por el pelo, como aceptando finalmente que Grace es quien está detrás de todo esto.

Grace es bastante alta, pero no ancha de hombros. Claro que no le habría costado nada llevar alguna ropa que le modificara el aspecto.

Con su padre en prisión, su tío muerto en la sala de al lado y su hermana convertida en asesina, Nash ya ha perdido a todos. Es el único Whitmore cuerdo y vivo.

—¿Por qué? —pregunta a media voz.

—Puta loca —masculla Adi—. Sabía que tenía algo torcido.

—Cierra el pico, Adi. Dios, ojalá te hubiera matado. Siempre pensando que tú sabes más. Señorita Perfecta. Me pones enferma.

Grace se ha parado. Extiende los brazos, invitándonos a contemplar su espectáculo. No puedo apartar la mirada. Necesito saber por qué.

—¿Esto es por papá? —pregunta Nash—. ¿Te ha comido la cabeza?

Ella pone los ojos en blanco, como si estuviera esperándose eso, como si Nash estuviera totalmente equivocado.

Mantengo la linterna de mi móvil sobre ella, pero me tiemblan las manos y eso hace que la sombra que se proyecta tras ella parezca a punto de comenzar a boxear y noquearnos a todos. KO. Grace gana.

—¿Por qué? —pregunto—. Nos has hecho venir aquí, así que no nos quieres muertos todavía, ¿verdad? Primero quieres explicarte. Antes de asesinarnos, quieres que entendamos exactamente lo que estás haciendo.

Tiene que querer algo, aparte de sangre. Ya ha tenido antes la oportunidad de matarnos.

Una sonrisa siniestra le curva los labios, y ya no la reconozco.

—¿No es eso lo que queremos todos? ¿Que nos entiendan?

Eso es una gilipollez. Una no va asesinando por ahí para que la entiendan.

—No así —contesto—. Puedes detener toda esta locura, Grace. Aún no es demasiado tarde.

Se echa a reír.

—Es más que demasiado tarde, y tú lo sabes.

—No —insiste Nash, que da un paso y se coloca delante de los demás. ¿Acaso cree que ella no lo matará porque es su hermano? Grace ya ha demostrado que, para ella, tener la misma sangre no significa gran cosa.

Pero se crio con Nash. Seguro que no le haría daño.

—Grace, háblame. No tenía ni idea... ¿Qué te ha estado pasando? Te fuiste a casa de Brant y ahora... esto.

—Dios, Brant es tan aburrido... Es un alivio haberme librado de él.

—Menea la cabeza y sonríe, como si fuéramos a entender lo irritante que encuentra a su «novio».

Pero la sonrisa desaparece y la expresión se le endurece—.

Todo el pueblo, Nash. Ya lo sabes. Odio este lugar.

Si pudiera hacerlo arder hasta los cimientos y matar a cada uno de sus habitantes, lo haría. Lo haría sin dudarlo.

—¿Qué? —susurra Nash.

—Comenzó hace años. Esto no tiene nada que ver con papá. Siempre hemos sido los que estaban aparte. El desguace. Éramos menos que todos ellos, y no me digas que no te dabas cuenta de cómo nos miraban por encima del hombro.

—¡Eso no es cierto! —exclama Zayn—. Siempre has sido parte de nuestro grupo.

—Voy a tener que pedirte que no me vuelvas a interrumpir —le dice Grace a Zayn. Le mantiene la mirada mientras desenfunda un cuchillo que lleva en la cintura.

Me muerdo el labio mientras el corazón se me cae a los pies. Su cuchillo hace que el mío parezca de juguete.

—Grace —la llama Nash para que vuelva su atención de nuevo hacia él.

No podemos llamar a la poli, así que tenemos que intentar controlar la situación, mantener a Grace calmada. No estoy muy segura de que Nash pueda lograrlo hablándole. Nadie tenía ni idea de que fuera ella la que estaba detrás de todo esto. Yo ni siquiera lo sospechaba.

Grace ha matado a cinco personas. ¿Qué le espera ahora? Si la atrapan, se va a pasar el resto de su vida en prisión. En una de máxima seguridad, como su padre.

—Como tú te has sentido este año es como yo me he sentido toda mi vida, Nash. ¿Sabes lo que hace eso a una persona?

—Nada bueno —digo para mí.

Zayn resopla, pero parece que Grace no me ha oído.

—Eso no justifica todo esto, Grace. Vamos a dejarlos que se vayan y luego lo hablamos.

—Me parece que no, hermanito.

—Pero tenemos que soltarlos. Vamos, no puedes hacer esto.

—No he acabado.

—No voy a dejar que les hagas daño.

Ella inclina la cabeza hacia un lado.

—No vas a tener elección.

Nash se estremece visiblemente delante de mí.

—Grace, vamos...

Su voz es áspera y rota. Suena como si quisiera salir corriendo y hacer como si no estuviera pasando nada de esto.

—¿La elegirías a ella, Nash, de verdad? —Grace hace una mueca de desprecio—.

Yo soy de tu sangre. Soy la única que te ha apoyado.

La única. —Cierra la boca de golpe y lo mira fijamente, con una rabia apenas contenida.

El rayo de mi linterna se adhiere a ella como pegamento, y yo no aparto los ojos del cuchillo que tiene en la mano.

La app grabadora de mi móvil sigue en marcha. No puedo arriesgarme a llamar a la poli después de la amenaza de Grace, pero al menos podrán escuchar esto y saber lo que ha hecho.

Aún nos hallamos demasiado lejos para que pueda alcanzarnos con el cuchillo, pero su comportamiento es irritable e irracional, así que no sé por dónde saldrá. En cualquier momento podría lanzarse al ataque y parece que quiere venir a por mí.

¿Qué cree que va a pasar? Quizá pueda herir a uno de nosotros con el cuchillo, pero el resto se abalanzaría sobre ella en segundos.

—¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora con todos juntos? —mascullo para mí. «Piensa, piensa, piensa». No tiene sentido venir sola. ¿Brant? Ha dicho que se había librado de él, pero ¿qué significa eso exactamente?

—Grace, ¿dónde está Brant?

Se encoge de hombros mientras me mira como si yo fuera tonta y le hubiera hecho una pregunta estúpida.

—¿Y cómo coño lo voy a saber? Me largué de su bodrio de fiesta familiar hace horas.

Entonces, quizá no sea Brant. Y al menos él está bien. ¿Es posible que esté haciendo todo esto sola? Estaba en la ceremonia, pero el cadáver podía haber sido colocado en la iglesia antes, y lo mismo en el cine. Pero cargar un peso muerto es un marrón, y ella no es exactamente fuerte.

Grace da otro paso. Zayn, Adi y yo retrocedemos. Nash no se mueve.

Está realmente convencido de que no le hará daño.

Yo creo que es capaz de cualquier cosa.

—Grace, ¿por qué ellos? —pregunto.

Con una fea sonrisa, se dirige a mí directamente.

—Por nada en particular, Penny. Estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado.

No me lo creo.

—¿Te dijo tu padre lo que tenías que hacer?

Nash se sorprende, y pasa la mirada de ella a mí y de vuelta.

—Vaya, ¿y por qué supones que necesito su ayuda? —añade con un gruñido—: ¿Por qué nadie me cree capaz de hacer esto yo sola? ¿Creéis que porque no he ido a ninguna universidad elegante no soy lo suficientemente inteligente para planear todo esto?

—Nadie piensa tal cosa —contesto—. Todos sabemos lo lista que eres. Los profesores siempre dijeron que podrías haber ido a la universidad que quisieras.

—Sí, sabemos que eres la persona más inteligente de esta sala —añade Zayn—. ¿Recuerdas cuando solíamos quedar detrás de la biblioteca? Me dijiste que harías lo que hiciera falta para entrar en la NYU. ¿Qué ha pasado con ese sueño, Grace?

Nash se vuelve hacia Zayn por esa confesión. Ya, yo tampoco sabía que ellos dos quedaban.

—¿De verdad crees que adularme y recordarme los viejos tiempos va a servir de algo? Has pasado de mí durante meses, Zayn. Todos lo habéis hecho.

—Grace, ¿qué crees que va a pasar? —pregunta Nash—. ¿Qué sentido tiene todo esto? Vas a acabar en prisión, como papá, y yo me quedaré solo. Has... has matado a Jensen.

Grace relaja los hombros y sonríe a su hermano.

—Ya me estoy aburriendo de esto. Démosles las respuestas que quieren y así podremos largarnos de este maldito pueblo.

Sus palabras se me repiten en bucle en los oídos.

Las repito una y otra vez hasta que tienen sentido.

«Démosles las respuestas que quieren».

«Démosles».

El corazón se me hace un nudo y retrocedo con Adi y Zayn, mirando a Nash como si acabara de cortarme la cabeza y tirarla a la basura. Todo este tiempo ha estado compinchado con ella.

Nash se vuelve hacia nosotros, con los ojos muy abiertos y las manos alzadas en señal de rendición.

—No la escuchéis. Penny, tú me conoces. ¡Grace, pero qué mierda...! No estoy detrás de esto, lo juro.

Va a dar un paso hacia mí, pero se detiene cuando saco el cuchillo del bolsillo.

—No te acerques. —Meneo la cabeza con los ojos llenos de lágrimas. La traición me golpea con más fuerza que la ventanilla en el accidente.

Nash niega con la cabeza, los ojos cargados de pánico.

—No, Penny. Está mintiendo. Vamos, tú me conoces.

Grace ríe.

—Vamos, hermanito. Ahora ya no te va a creer. Más nos vale acabar esto de una vez.

—¡Calla la boca! —grita Nash—. Pero ¿qué coño te pasa a ti? ¡Grace, necesitas ayuda!

—Oh, tranqui, hermanito.

—Penny, te prometo que soy inocente. No tenía ni idea de que ella era... ¡Dios, pero si ha matado a mi tío! —Nash se hunde las manos en el pelo—. Zayn, tú sabes que yo no lo haría. Me conoces, venga ya.

Zayn alza las manos, como poniendo una barrera entre nosotros y Nash.

—Aléjate, tío. En este momento no sabemos una mierda, excepto que tu hermana tiene un cuchillo en la mano y ha confesado los asesinatos.

—Lo cierto es que no he confesado... —canturrea Grace—. Yo no he matado a nadie.

Entonces es cuando otra voz suena en la sala. Una que reconozco muy bien.

—Yo sí.