El acecho 25
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—Debería haber pasado totalmente de nosotros —murmura Nash—. Grace y yo estamos malditos. Dios, voy a tener que decírselo.

—Yo lo haré contigo. Ella tiene a Brant. Estará bien. Los dos estaréis bien. Nash, ¿nos vamos ya? Él está aquí, y Adi podría estar...

Carraspea para aclararse la garganta y me mira con cara de estar tan hecho polvo que no sé si alguna vez volverá a estar bien.

—¿Quieres quedarte con él?

—No voy a dejarte sola. —Palmea la mano de su tío y se levanta. Con energía renovada y tanta rabia emergente que estoy segura de que podría ganarle al asesino con una sola mano, añade—: Vamos a atrapar a ese cabrón.

Este nuevo y airado Nash es exactamente el que necesito junto a mí en este momento. Estamos llevando a cabo una misión de rescate y venganza.

—¿De dónde crees que se llevó a Jensen? —pregunta.

—¿Hoy has sabido algo de él?

—No. Grace fue a casa de Brant porque toda su familia estaba de visita y quería conocerla. Era una buena excusa para salir de casa esta noche.

—¿Dónde está eso?

—Su casa está a unos veinte minutos de aquí. Grace está a salvo.

—¿Y a ti te dejaron solo?

—Con un agente federal vigilando fuera de casa. Nadie creía que este tipo pudiera colarse estando él.

—No lo entiendo. ¿Por qué empezar copiando a tu padre si este asesino iba a tirar por su lado?

—No lo sé, pero de algún modo mi padre está relacionado. A mí me han atacado y a Jensen...

—Vale. Sin ofender, pero los dos os parecéis mucho a él, así que ambos seríais buenos sustitutos. Pero ¿por qué no te ha matado a ti también?

—No tengo ni idea, Pen. ¿Crees que este tipo ve a mi padre como su héroe, o que lo odia?

—Buena pregunta. —Sus ojos me siguen, expectantes—. Oh, no tengo la respuesta.

Se detiene frente a una puerta.

—Supongo que no importa. Solo tenemos que pararlo.

—¿Entramos? —pregunto, indicando la puerta con el mentón.

La última vez, yo entré primero, y me parece que esta vez se lo dejo a Nash.

—No sueltes ese cuchillo, Pen, pero tenlo escondido. Tiene que creer que la ventaja es suya.

El estómago se me retuerce y la adrenalina me recorre las venas, preparándome para la pelea de mi vida. Tengo tantísimas ganas de que esto se acabe... Quiero salvar a Adi y parar a ese tío, cueste lo que cueste.

Nash abre la puerta de golpe y cruzamos el umbral.

Está muy oscuro dentro, sin ventanas, pero uso la linterna del móvil para ver algo.

El aire es espeso y rancio, y las partículas de polvo flotan por doquier, haciéndome cosquillas en la nariz.

Hay un olor horrible, como de comida podrida, suciedad y desesperación.

Asqueroso. Me cubro la boca y siento náuseas.

La habitación desciende hacia una enorme pantalla. Filas y filas de asientos aún se mantienen orgullosamente en su sitio. Nos recuerdo a Adi y a mí aquí, hace unos años, llenándonos la boca de palomitas y M luego grito de dolor porque, estúpidamente, he usado mi mano mala. Al instante, la muñeca me palpita, pero no tengo tiempo de sentir pena de mí misma.

—¿Penny? —me llama Nash mientras vuelve atrás.

Corro ante él, diciéndole: «Estoy bien», y salto sobre la plataforma. Zayn está iluminando a Adi con la linterna. Esta tiene las manos atadas, de una forma bastante tosca, como en la foto, y está amordazada.

Nos mira con ojos enloquecidos mientras empieza a llorar.

Me lanzo de rodillas al suelo y tiro de la cuerda que le rodea las manos. Los nudos están más apretados de lo que parecían.

—¿Estás bien? —le pregunto mientras Zayn le quita la mordaza.

—Penny —solloza ella; lanza la cuerda lejos y se tira sobre mí.

—Ya está —le susurro—. Ahora estás a salvo. ¿Estás herida?

—No... no sé lo que ha pasado —murmura mientras niega con la cabeza sobre mi hombro.

—¿Cómo te ha atrapado?

—No lo recuerdo. ¿Estaba ya en la cama? No lo sé. ¡No lo sé!

—Ya está, Adi —dice Zayn con suavidad mientras le acaricia el pelo para calmarla. No, es imposible que él esté detrás de esto—. Pero tenemos que salir de aquí.

—¿Has visto quién ha sido? —pregunta Nash.

Adi se echa hacia atrás y niega con la cabeza.

—No.

—¿Es un no definitivo o es que no lo recuerdas?

—Puedo... puedo haberlo visto, supongo. No puedo recordar nada, Nash, ¿vale?

Él alza las palmas al aire.

—No estaba insinuando nada. A mí me golpearon y me he despertado en casa de Sarah. Tampoco he visto a nadie.

—Espera, ¿qué? —pregunta Adi.

—No hay tiempo para explicaciones. Ya hemos perdido mucho —insiste Zayn mientras ayuda a Adi a ponerse en pie—. ¿Puedes andar?

—No estoy muerta, Zayn.

Este me mira.

—Estará como una rosa.

Zayn ayuda a Adi a dar los primeros pasos y luego ella lo aparta. Podría estar cojeando y con el brazo colgando, y aun así intentaría ir sola.

Me vuelvo hacia los escalones para que podamos largarnos de aquí, cuando la puerta vuelve a abrirse.

Adi ahoga un grito. Zayn pega un bote. Nash da un paso adelante. Yo agarro el cuchillo.

Nash da otro paso.

—¡Mierda, Grace, qué susto nos has dado! ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Dónde está Brant?

—Nash —lo llamo, y lo agarro por el brazo cuando va a dar otro paso.

Aún no lo ha visto.

La expresión enloquecida en su rostro, sus ojos carentes por completo de emoción.

—Es Grace —susurro.