24 #2
Sigo adelante, y uso los brazos para atravesar ese estúpido pogo.
¿Dónde se ha metido Nash?
Mientras me acerco, el enmascarado se va de la sala. Me abro paso a empujones a toda prisa porque no quiero perderlo. Correr hacia el asesino va totalmente en contra de mi instinto.
Irrumpo en el vestíbulo y no encuentro a nadie. Ni a Nash, ni a Chad, ni a los otros miembros del equipo... ni al asesino.
Giro en redondo, y busco cualquier señal de que se estén usando otras salas de proyección. El tenue resplandor de la linterna no sirve de mucho en un espacio grande, pero es mejor que nada.
Alzo la mirada a tiempo de ver cerrarse una puerta en el piso de arriba.
¿Se supone que tengo que subir ahí sin Nash?
Para nada.
Me vuelvo de nuevo y miro hacia la sala.
—¡Penny! —grita Nash, y empuja a alguien que acaba de tirarse sobre él.
Corro hacia él.
—¿Dónde te has metido? —le pregunto—. El asesino estaba aquí. Ha ido arriba. ¡Tenemos que seguirlo!
—Guau. —Mira hacia la puerta como si pudiera ver por dónde se ha ido el asesino—. Te he perdido entre la gente. Te estaba buscando.
—Vamos, tenemos que subir.
Pero, antes de que podamos dar un paso, oímos gritos aterrados por encima de la música. Miro hacia atrás y una nube de humo color púrpura va llenando la sala, dirigiéndose hacia nosotros como si nos tuviera manía.
—¡Corre, Pen!
Nos golpean y nos empujan mientras todo el mundo sale por la puerta de la sala hacia el vestíbulo.
—¡Es la pasma!
—¡Es el asesino!
—¡No digáis una mierda a nadie!
—¡Salid de aquí e id a casa!
—¡Viene a por nosotros!
Toso cuando el colorido humo me llena los pulmones. Me aferro a Nash, y mi cabeza me devuelve de nuevo a la iglesia.
Nash me saca de entre la gente que corre hacia la puerta lateral.
Un par de tipos están en la entrada principal y envían a todo el mundo hacia la salida lateral, que da al callejón.
Incluso con la amenaza inminente de un asesino entre nosotros, no podemos permitir que los padres o la poli se enteren de que hemos salido de casa.
El humo sale del cine, y sigue a la multitud como si estuviera decidido a tragársela. Hilillos de vapor púrpura flotan hacia el techo.
Respiro hondo y me voy directamente hacia la escalera.
—¿Adónde primero? —pregunta Nash, que ha corrido para alcanzarme.
—El cuarto con el armario roto. Es la puerta que he visto cerrarse cuando salía.
Rápidamente, la planta baja se queda en silencio cuando la música cesa y los últimos asistentes corren hacia sus casas. No puedo oír nada en el exterior, ni siquiera algún murmullo de voces. Todo el mundo está siendo extremadamente silencioso mientras sale del cine.
—Emm, ¿dónde está ese cuarto?
Claro, él no estaba con nosotros la última vez que vinimos.
—Aquí. —Abro la puerta de un empujón y el estómago se me retuerce al ver el cuerpo de un hombre adulto desmadejado sobre el suelo.
—¡Penny! —grita Nash, mientras tira de mí hacia atrás y suelta un sollozo—. ¡No! ¡No!
Nash cae de rodillas y se queda mirando al cuerpo sin vida de su tío, quien debería estar trabajando. Entro en la sala y aprieto el puño alrededor del mango de mi cuchillo... pero el asesino ya no está aquí.
Jensen yace preocupantemente inmóvil y desmadejado sobre el suelo, pero... no se lo ve igual que a los otros.
No está pálido. La sangre que tiene alrededor es fresca, rojo brillante y gotea lentamente de la puñalada que ha recibido en el abdomen.
—Penny —susurra Nash. La voz le falla, y yo deseo desesperadamente rodearlo con los brazos y decirle que todo irá bien. Pero no hay tiempo para el duelo. Tenemos que encontrar a Adi y salir de aquí.
Aunque no podemos dejarlo ahí sin más.
—Algo no está bien —le digo, dando un paso adelante. Me falta el aliento y aprieto la mano que agarra el cuchillo.
¿Una puñalada que produce una cantidad tan pequeña de sangre sería suficiente para hacerte caer al suelo?
A mi espalda, oigo que Nash se pone en pie de un salto.
—Guau, ¿qué quieres decir?
Doy otro paso hacia el cadáver y continúo aferrando el cuchillo.
—Mantente alerta, Nash.
—¿Qué estás haciendo?
Me acuclillo y extiendo mi brazo malo para buscarle el pulso. Si él es el asesino y salta sobre mí ahora, lo apuñalaré con la otra mano.
Cuando estoy solo a unos cuantos centímetros, Jensen hace un sonido gutural y abre los ojos, que se le ponen en blanco.
Nash y yo gritamos. Me caigo de culo y muevo las piernas para apartarme. Con el corazón a punto de estallarme del susto.
—¡Jensen! —exclama Nash, dejándose caer junto a su tío—. Eh, mírame. Estás bien. Te vas a poner bien.
El pecho de Jensen borbotea y él exhala un espeluznante aliento final.
—Nash —digo mientras me incorporo y le pongo mi temblorosa mano en el hombro—. Lo siento mucho. Se ha ido.
—No. ¡No! ¡Acaba de respirar! No puede estar muerto. Podemos ayudarlo. Tenemos que hacer algo. ¡Reanimarlo!
Nash le presiona rítmicamente el pecho y yo lo observo desde la puerta.
—Vamos —ruega—. Respira.
Me quedo sin aliento cuando oigo un ruido fuera de ese cuarto, un golpe sordo. El asesino está ahí fuera y nosotros somos la presa fácil.
—Nash. Está ahí fuera.
No me oye.
Meneo la cabeza; mi corazón sufre por él al ver cómo intenta salvar a su tío, pero Jensen ya está muerto. Aun así, Nash lo intenta y lo intenta, pero pasan los minutos y no cambia nada.
—¡Vamos, Jensen! —ruega Nash—. No nos dejes. Penny...
—Lo siento mucho —contesto, pero no le digo que pare, aunque hemos llegado demasiado tarde. Llamar a la policía no servirá de nada, porque el asesino todavía tiene a Adi—. No es justo, y lo siento muchísimo. Pero tenemos que movernos, porque no somos los únicos aquí arriba.
Se pone en cuclillas y deja caer la cabeza, destrozado.
—No hemos podido salvarlo.
—No, no hemos podido, pero ¿por qué estaba aquí?
Deja escapar un aliento entrecortado.
—No lo sé.
El asesino no podía llegar hasta Jackson, así que quizá Jensen fuera el mejor sustituto.