El acecho 24
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Llegamos al primer escalón y contemplamos el alto edificio abandonado frente a nosotros.

Hasta esta noche, nunca nos había parecido siniestro.

Ventanas tapadas, ladrillos descascarillados y telarañas tan espesas que parece como si el hielo se hubiera instalado en las marquesinas.

Miro mi reloj. Las once y cuarenta y cinco.

No queda mucho para la mañana de Halloween.

Un escalofrío me recorre la espalda.

—La fiesta estará en la sala tres. La misma de siempre. Nos quedamos juntos y buscamos a Adi —digo.

—¿Crees que el asesino estará de fiesta?

Me encojo de hombros.

—Adi estaba inconsciente, así que ella debe de estar en otro lado, quizá siga en el coche. El mensaje decía que viniera a la fiesta.

—Así que empezamos por ahí. Cuando entremos, veremos si alguien nos está buscando. Tenemos que hacer que nos lleve hasta Adi.

—¿Deberíamos separarnos? ¿Tú buscas a Adi y yo voy a la fiesta? —pregunto.

—Bueno, voy a hacer como si no me hubieras sugerido eso.

—Nash, no sabemos cuánto tiempo le queda.

—Y él te ha dicho que vayas a la fiesta. Por ahora tenemos que jugar con sus reglas, porque no sabemos lo que puede representar para Adi si no lo hacemos.

—No dijo que tú vinieras conmigo.

Nash inclina la cabeza hacia un lado y me mira como si fuera tonta.

—Te ha enviado a buscarme primero.

Suspiro de frustración; dudo de mí misma y no sé qué hacer.

—Penny, sabe que estamos juntos, así que no nos desviemos. ¿Llamamos a Zayn y a Omar para que nos ayuden? —Frunce el ceño y añade—: O al menos a Omar. Espera, llamamos a Zayn y a ver dónde está, antes de entrar y de que sea evidente que estamos en la fiesta.

—¿Y si el asesino nos ve llamando? En este mismo momento podría estar vigilándonos desde algún agujero en las ventanas tapiadas.

—Nunca te ha dicho que no llames a nadie.

—¿No crees que eso está implícito?

—Oh, está muy implícito —contesta, y vuelve a extender la mano para que le dé el móvil.

—¿Dónde está el tuyo?

—Supongo que en casa. —Aprieta unos cuantos botones, porque se sabe mi contraseña, y llama a Zayn.

Vuelvo a mirar el edificio, sabiendo que tenemos que entrar en él muy pronto. Adi podría estar arriba. No quiero ni pensar en qué podría estar reteniéndola allí donde se encuentre.

—Eh —dice Nash, y eso me devuelve a la realidad—. Sí, soy Nash... Está conmigo. ¿Dónde estás tú?

—¿Qué dice? —susurro.

Nash alza un dedo para indicarme que espere. No se me da bien esperar. Se me están comiendo los nervios en la acera, y necesito seguir adelante.

—Tenemos cuidado. Nadie sabe que está conmigo. —Ríe, pero es un poco falso. Aunque probablemente convencerá a Zayn—. La llevaré a casa y me aseguraré de que llegue sana y salva.

No le ha dicho a Zayn dónde estamos, así que, seguramente, este da por sentado que estamos en casa de Nash. No creo que pueda oír la música por el móvil. Nash tampoco tiene ya activado el Find My en su móvil. No sé de qué otra forma podría saber dónde nos hallamos.

Mientras Nash charla como si estuviera manteniendo una conversación cualquiera, yo miro alrededor y observo las pocas ventanas del cine que dan para nuestro lado. La luz de las farolas del centro cae hacia aquí e ilumina lo suficiente para ver que no hay nadie rondando cerca.

—Vale, tío, nos vemos.

Nash cuelga y me devuelve el móvil.

—¿Y bien?

—Ha dicho que está en casa.

—No pareces muy convencido.

—Quizá. Se oía música, pero no sé si es la misma que encontraremos aquí. Podía estar oyendo algo en casa... También podría haber ido a otra de las salas de proyección para coger la llamada. No hay manera de saberlo.

—Excelente. Entonces no podemos descartarlo. Yo quiero poder descartarlo, Nash.

Suspira.

—Lo sé. Yo también. ¿Preparada para una fiesta?

—No. ¿Tú?

—No. Vamos.

—Tienes que estar de broma —susurro cuando Nash abre la puerta. La música sale del edificio, inundando la calle.

Nash y yo entramos en el cine; cerramos rápidamente la puerta para contener el ruido, y pasamos ante unas cuantas personas que están en el vestíbulo, riendo. El olor a cerveza barata impregna el aire.

—Eh. —Un par de personas saludan a Nash; antiguos compañeros de equipo a los que no les importa que lleve meses ausente o que su padre sea un asesino.

Nash los saluda con la cabeza, sin darles la oportunidad de comenzar una conversación, porque ahora no es el momento, y cruzamos la puerta de la sala tres.

Me sorprendo cuando pasamos la mirada por la sala desde la puerta. La mayoría de la gente que está dentro va disfrazada.

Hay monstruos bailando Anti-Hero , con las copas en alto y salpicando cerveza por todas partes.

Unos cuantos llevan máscaras, pero la mayoría tiene la cara pintada.

Bajo la tenue y colorida iluminación, y con los trajes oscuros, es casi imposible distinguir quién es quién.

El generador, que Sarah debe de haber cogido de su granja, estará girando como loco.

Si tenemos suerte, no se acabará pronto, como la última vez.

Pero no tenemos suerte.

—Nash...

—Sí —contesta.

No tenemos ni idea de quién es el asesino y no hay manera de saberlo aunque nos encontremos a alguien que nos mire.

—¿Crees que llevará aquella máscara?

Alguien me empuja y sigue andando. Nash se tensa y mira hacia atrás para ver quién ha sido. Alguien con una capa negra, la capucha cubriendo su cabeza y el rostro pintado como un vampiro.

—No creo que sea él —digo.

—¿Por qué?

—Ni lo bastante alto ni lo bastante fornido... y podría ser una chica. Es difícil decirlo con la capucha puesta —le explico, mientras ambos observamos a quienquiera que sea desaparecer tras la esquina de la pared.

—¿Qué hay al otro lado? —pregunta Nash a los futbolistas, que están riéndose y metiéndose los unos con los otros por los tiros fallados.

Uno se encoge de hombros.

—Ni idea.

—Los aseos —contesta el otro. No lo reconozco para nada, así que creo que debe de ir a otro instituto.

—¿Lo seguimos? —pregunto a Nash.

—No creo que ese sea el tío que buscamos.

—Seguro que no es la persona que me persiguió por el campo de maíz o me sacó de la carretera.

—Entonces, vamos hacia dentro. Busca a cualquiera con la máscara. Quédate cerca.

Mientras me trago el nudo sólido como la roca que tengo en la garganta, voy hacia delante, y Nash va justo detrás de mí, como un guardaespaldas.

Observo a la multitud, mis ojos se mueven rápidamente entre personas con caras pintadas y cualquier disfraz que no sea negro con una sencilla máscara blanca.

Estoy totalmente de los nervios, y el corazón me late salvajemente dentro del pecho mientras trato de encontrar al asesino. Podría estar escondido en un rincón oscuro, observándonos mientras lo buscamos. ¿Cuál es el plan cuando lo encontremos?

¿Debo montar un número o seguirlo en silencio hasta donde nos quiera llevar? No puede pretender que nos quedemos aquí.

Algo no acaba de estar bien... y no me refiero simplemente a lo evidente.

—Nash, esto no me gusta —le digo por encima de la música.

—Lo mismo digo.

¿Qué sentido tiene hacer que alguien vaya a una segunda localización si Adi está en otro lado? Tiene que estar aquí. Mi miedo va creciendo, se multiplica por dos con cada paso hasta que estoy convencida de que los pulmones me van a estallar.

—Nash —lo llamo, con un jadeo seco, mientras lo agarro de la muñeca.

Seguimos avanzando, apretándonos para pasar junto a un grupo de personas vestidas como asesinos en serie de diferentes películas. Les miro el rostro y las manos, buscando algún arma. Lo único que parecen tener en las manos es o cerveza o el móvil.

Nash se adentra más en la sala, medio empujándome con él, porque he cambiado totalmente de opinión. Quiero volver a casa y meterme en la cama. Pero no lo haré, claro, porque tengo que sacar a Adi de aquí.

—¿Ves algo? —pregunta Nash.

—No. No reconozco a nadie.

Literalmente. Ni a una sola persona, ni a un solo asesino. Recuerdo unos hombros anchos y la altura. Un par de tíos del equipo de fútbol americano y algunos de los tipos más deportistas encajarían, pero aún no he visto a ninguno de esos por aquí.

Salvo el que nos dijo que ignoraba adónde había ido el vampiro.

—Nash, podría ser... ¿Cómo se llama? Fuera, en el vestíbulo. ¿Chad o Chance? Nunca los sé distinguir.

Nash se encoge de hombros.

—Se llama Chad, pero ya has visto a ese tío. ¿Podría ser él?

—La misma constitución. Quizá sí sabe lo que hay en esa habitación y está trabajando con el vampiro... No me mires así. Mi cabeza lleva toda la semana dando vueltas a esto.

Nash mira hacia atrás justo en el momento en que los que bailan en la pista se desmadran. Todos alzan las manos, derramando cerveza por todas partes, y cantan Thriller a pleno pulmón.

Me empujan hacia un lado y me suelto de la muñeca de Nash.

Se vuelve hacia atrás para encontrarme, pero un grupo junto a él decide que esta canción necesita pogo, y la multitud se lo traga.

—¡Nash! —grito mientras me empujan hacia atrás. Mi voz se pierde entre la música y los cánticos. Si la poli aún no sabía nada sobre esta fiesta, pronto se enterará. O al menos, eso espero.

Me pongo de puntillas e intento mirar por encima de los sombreros de bruja y los cuernos de diablo. Un mar de personajes de Halloween se mueve al unísono, como una ola, y crea una barrera entre Nash y yo.

Trato de abrirme camino entre un sólido muro de esqueletos y víctimas con heridas realistas en el rostro y ropa empapada de sangre falsa.

—¡Apartad! —grito, pero nadie me presta atención—. ¡Nash!

Dios, ¿cuándo se acabará esta canción?

Mientras estiro el cuello para localizar a Nash entre la multitud, encuentro la máscara y me quedo sin sangre en las venas.

De pie junto a la puerta, con anchos hombros, ropa oscura y una máscara blanca sin expresión. Me mira fijamente a los ojos.

Ha venido a por mí.

Sé lo que tengo que hacer, pero cada una de las células de mi cuerpo pide que me largue de aquí a toda leche.

Voy abriéndome camino entre la multitud muy lentamente, mientras la gente sigue moviéndose como si fuera una sola persona. Hace tanto calor en esta sala que el aire se me atasca en la garganta.