El acecho 22 #2
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22 #2

Seguimos así, discutiendo mis supuestos problemas con Nash. Me siento de lo más desconsiderada hablándole de él cuando ella acaba de perder a Billy, pero sé que esto hará que siga escribiéndome.

Pasados unos minutos, me escribe que acaban de dejar a Omar y que ahora van para su casa, al mismo tiempo que me anima a que llame a Nash.

Le contesto que me da miedo por si él me pide que le dé más espacio. Seguramente, Adi está a punto de decirme que a ver si me espabilo de una vez, lo que debería hacer, pero si lograr que se irrite conmigo provoca que pueda asegurarme de que llega a casa sana y salva, bien valdrá la pena.

Sospechar de uno de mis mejores amigos es lo peor, pero Zayn ha estado muy raro últimamente.

Quiero que sea otra persona. Él no puede ser el que va matando a gente. Estaba conmigo cuando encontré a Ruby y se quedó tan impresionado como yo.

¿Cómo se puede fingir eso?

Nunca ha sido un gran mentiroso.

Pero, claro, yo tampoco tenía ni idea de que había estado hablando y visitando a Nash durante meses.

Todos tenemos secretos.

Finalmente, Adi me dice que está en casa y que Zayn está de camino a la suya. Y puedo relajarme; la bola de ansiedad se suelta un poco.

En mi habitación, cierro la puerta y me siento en la cama.

Llamo a Nash, ansiosa por saber si aún está rayado conmigo y si hay algo que yo pueda hacer para arreglarlo.

—Penny —susurra; ha contestado después de la primera señal—. No es un buen momento.

—Por favor, solo un par de minutos.

—¿Qué necesitas?

—Te hemos echado de menos en el desayuno.

—No dije que fuera a ir.

No está de muy buen humor.

—Aun así, te echamos de menos. ¿Estáis bien, Grace y tú? ¿Y tu... tío?

—Todos bien. Anoche, Grace volvió a casa después de que Rosenthal la localizara en casa de Brant. Jensen se va a quedar mientras el asesino esté por ahí. No quiere que estemos solos.

Muy conveniente.

—Muy amable por su parte.

Nash ríe al otro lado.

—Eso casi ha sonado sincero.

—Es que quiero que haya alguien que os cuide.

Como por ejemplo unos agentes federales con armas que han prometido proteger a los ciudadanos de sus tíos locos.

—¿Pero?

No soy la mejor de las mentirosas y él me pilla enseguida.

—Pero no estoy segura de que sea la mejor persona para hacerlo. Los asesinatos empezaron después de que él llegara, Nash. ¿Eso no te preocupa?

—Él no es más culpable de los crímenes de mi padre que Grace o yo.

—Estoy de acuerdo, totalmente. Pero no sabéis nada de él. No con seguridad.

—Sé que no le cae bien mi padre, y menos aún después de lo que hizo; eso ya me basta. Es profesor, Pen. Es voluntario en los centros de acogida de los sintecho.

—¿Sabes a cuántos asesinos han descrito como «una persona muy agradable» antes de que los pillaran?

—No es él —insiste, exasperado.

—¿Dónde estaba cuando mataron a Billy?

—No lo sé. Cuando se encontró el cuerpo, Jensen estaba en casa.

—¿Cómo puedes saberlo, si Grace y tú estabais en la ceremonia?

—Penny, hostias, ¿quieres parar ya?

—No. Nash, entiendo que quieras creer que es inocente, pero ¡sé un poco listo!

Si yo hubiera perdido a toda mi familia menos a una hermana y me apareciera un tío, también querría creer que es un buen tipo. Pero no entiendo cómo Nash puede no hacer caso a todas las alarmas, porque están sonando como locas.

—Para, por favor, para.

—Vale. Perdón. ¿Estás bien?

—Sí. ¿Y tú... después de ayer?

No hay tiempo para preocuparnos de cómo estoy yo.

—Bien. Pasé mucho miedo. No creo que mi corazón vuelva a latir normal nunca más. Pero me alegro de haber estado contigo. Hubiera sido un gran marrón de haber estado sola. Quizá ahora no estaría aquí.

Fueron solo unos minutos, nada más, pero me pareció una vida entera.

El asesino cortó la luz, regó con gas el aseo y le prendió fuego. Luego desapareció sin dejar rastro, igual que la mañana que me embistió con el coche.

—Sí —contesta Nash—. Yo también me alegro de que estuviéramos juntos. Creo que oleré humo el resto de mi vida. Se me ha quedado en la nariz.

Río.

—Sí, lo mismo. ¿Nash?

—Oye, tengo que irme.

—Espera. ¿Has oído lo de la fiesta de esta noche?

—No vayas —dice, y cuelga.

No pensaba hacerlo.

Me paso el resto del día en mi cuarto. Mis padres van entrando casi constantemente para ver cómo estoy.

Lo único que hago es comer M esta vez hay un agente y un policía.

Le he dicho a mi madre que seguramente es porque, esta noche, quieren tener por ahí a todos los agentes que puedan. Ella me dijo que me fuera a la cama y no pensara en eso.

Como si pudiera.

Estoy tumbada en la cama de lado, de espaldas a la puerta, para poder fingir que duermo si entran. Aunque no parece muy probable, porque siempre duermen muy profundamente.

He enviado un mensaje a Nash y otro a Adi, pero ninguno de los dos me ha contestado.

Omar está en línea, subiendo tiktoks y comentarios.

Zayn ha estado en silencio, pero realmente no sé qué decirle.

O mi instinto está muy equivocado y soy una amiga terrible, o está metido en todo esto y también lo he perdido.

Tanto Zayn como Nash pasan un montón de tiempo solos.

No pienses en eso.

Ambos han estado conmigo durante... un descubrimiento, y Nash estaba en la iglesia cuando vimos al asesino. Zayn se había ido.

Para. De. Pensar. Así.

Zayn nunca me había dado motivos para dudar de él. Para ser justos, no es él mismo quien me ha hecho dudar de él, es toda la situación. La llamada, los encuentros secretos con Nash y lo de rastrear mi móvil.

Me llega un mensaje desde un número que no reconozco.

Dudo un momento antes de abrirlo.

Es una foto.

Se me corta la respiración.

Lentamente, me incorporo hasta sentarme, deseando que sea una broma.

Me froto los ojos, con la esperanza de que sea la conmoción la que me hace ver cosas. Pero no. Puedo verlo claramente. Es una foto de Adi. Con las manos atadas, sangre cayéndole por la frente, los ojos cerrados, lágrimas que le manchan las mejillas y tumbada en el asiento trasero de un coche.

Desconocido: Nos vemos en la fiesta.

¡Adi no!

No hay ninguna amenaza acerca de lo que le pasará a Adi si aviso a la policía.

No hace falta. He visto lo que esa persona puede hacer.

Me tiembla tanto la mano que se me cae el móvil sobre la cama y tengo que revolverme para cogerlo.

El asesino tiene a Adi.

«¡Oh, Dios! Piensa».

Tengo que ayudarla.

¿Cómo voy a salir de aquí con los federales aparcados ante mi puerta?

Hace frío, así que seguramente tendrán la puerta del coche cerrada y las ventanillas subidas. Si no hago nada de ruido, podría tener una posibilidad. Saltaré la valla de atrás hasta el patio del vecino, y confiaré en que no me vean.

Salgo volando de la cama y camino por mi habitación de puntillas. Se me ha quedado la mente en blanco; solo ideas enmarañadas y pánico ciego.

«Adi. Adi. Adi».

No sé si está malherida. Parecía dormida, así que debe de haberla dejado inconsciente.

Tengo que ir a la fiesta, pero ¿qué pasará cuando llegue allí?

Esa persona no ha dicho a qué habitación de la casa de Sarah tengo que ir, y solo se ve a Adi en el asiento trasero de un coche. Ni siquiera sé de quién es o dónde estará.

Me cambio a toda prisa; me pongo unos pantalones de chándal y la sudadera que le robé a Nash el año pasado. Colores oscuros. Pongo el móvil en silencio y bajo sigilosamente; dejo la luz apagada para no alertar al agente y el poli que están fuera.

Mientras atravieso la cocina, agarro un cuchillo del soporte. Lo sujeto durante un instante y observo la suave luz de la luna reflejarse en la hoja. Miro por la ventana hacia la oscuridad de mi jardín.

La luz de la luna no me va a ayudar en mi escapada, pero creo que estaría más asustada si ahí afuera estuviera totalmente oscuro. Solo he de tener aún más cuidado para que no me pillen. Mi vecino tiene un jardín muy frondoso; siempre están liados haciendo de jardineros.

Esto es lo que hay, así que tendrá que bastar.

La vida de Adi depende de ello, y no voy a fallarle.

Llego hasta la puerta de atrás y me detengo junto a la encimera. Hay una libretita y un boli. Podría dejarles una nota a mis padres por si no regreso.

«No. No pienses así».