El acecho 22
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Mis amigos me están haciendo compañía porque, desde ayer, me siento al borde de un ataque de pánico. Cualquier cosa más y caeré.

Es temprano por la mañana la víspera de Halloween, y están aquí para desayunar, porque ninguno de nosotros tiene permiso para salir. Aún estoy recuperándome de los efectos de la inhalación del humo; la tos no me ayuda con la conmoción cerebral, pero al menos estoy viva.

Al menos, no estuve dentro del edificio demasiado tiempo.

Mi madre sale de la cocina para servirnos una pila de tortitas con trocitos de chocolate.

Adi no ha hecho mucho, aparte de mirarse las manos. Está destrozada por la muerte de Billy.

—¿Qué tal estás, Adi? —le pregunto.

Se encoge de hombros.

—No lo sé. Es raro. No parece que se haya ido, pero sé que no lo volveré a ver.

—Lo siento mucho.

—¿Parecía que... crees que sufrió?

Se me hace un nudo tan apretado en el estómago que creo que voy a vomitar los dos bocados de tortita que he tomado. Me saben a ceniza.

—Yo... hum... creo que no.

Tenía heridas de puñaladas en el pecho, pero no tanta sangre como Noah o Ruby. Lo que creo que significa que el corazón le dejó de latir bastante rápido.

Zayn se vuelve hacia nosotras y se aclara la garganta.

—¿Habéis oído que Sarah monta una fiesta en su casa? —pregunta.

Los padres de Sarah siempre están fuera, así que no es sorprendente que monte una fiesta, incluso ahora, ya que es muy egocéntrica. Tengo un par de clases con ella, cuando se molesta en aparecer.

—¿En serio? —pregunto—. El asesino mató a Billy ayer, prendió fuego a la iglesia y casi mató a un puñado de gente más, ¿y Sarah quiere fiesta?

El incendio se pudo controlar con rapidez, y no llegó a alcanzar los bancos. Por suerte, el cuerpo de Billy no ardió. Aún será él mismo cuando lo entierren.

—Pen, debes de haber pasado mucho miedo —dice Adi. Es lo más comprensivo que ha dicho nunca. Es la primera vez que ha mencionado algo referente a mí, porque sus pensamientos, como cabía esperar, estaban en Billy. Significa que empieza a estar de nuevo con nosotros y a salir de su cabeza.

—Fue horrible —contesto, y me estremezco al recordarlo—. No podía encontrar a mis padres y sentía que me estaba ahogando con el humo. Y entonces vi al asesino.

—Tuviste suerte de que Nash estuviera allí y supiera hacia dónde ir.

Asiento.

—Todos nos conocemos bien la iglesia, pero tuve suerte. Estaba entrando en pánico por no encontrar a mis padres, así que no sé qué habría pasado si él no hubiera estado allí.

—Te salvó la vida —afirma Omar.

—Sí, creo que sí.

—Yo también acabo de recibir una notificación sobre la fiesta —informa Adi, y alza la pantalla con un resoplido despectivo—. ¡Qué falta de respeto! ¡Billy murió ayer! Espero que el karma se lo haga pagar.

Parece muy peliagudo desear eso en este momento. Noah y Ruby no eran muy buena gente. El karma podría estar blandiendo un cuchillo.

—Para nada. —Omar niega con la cabeza—. De ninguna manera. No voy a ir a ninguna fiesta en la Noche del Diablo. Iré de mi casa a la de Penny y de vuelta a la mía. Nada más.

—Estoy contigo —indica Adi—. No quiero ir a una fiesta. Billy nunca...

—¿Va a ir alguien? —pregunto mientras le doy a Adi un abrazo de lado.

Zayn se encoge de hombros.

—Al parecer, unos cuantos. Y por cierto, cuando lo he mencionado, no estaba sugiriendo que fuéramos. La regla número uno cuando hay un asesino suelto: nunca nunca ir a una fiesta.

Me estremezco de nuevo ante la idea de que el asesino se entere de la fiesta.

—¿No deberíamos decírselo a alguien? —pregunta Adi—. Tengo como ganas de fastidiarla.

—Solo la cambiarían de lugar, ya lo sabes —contesta Omar. Menea las cejas, y sus oscuros ojos brillan traviesos—. Si vamos a informar, deberíamos esperar a que empiece la fiesta.

Hemos estado en un par de fiestas como esa. Llaman a la poli por un «alboroto», así que nos tenemos que ir todos y luego correr a otra casa o al Benji’s.

—¿De verdad te quieres chivar? —pregunta Zayn con una sonrisita.

—Podrían morir —contesto—. ¿A quién le importa ser un chivato cuando...?

Alza las manos para cortarme.

—Eh, estoy contigo, Pen. Si en algún momento hay que ser un chivato, es en este. Ryan dice que empieza a las ocho.

—Pues llamamos justo después de las ocho —concluye Adi. El resto no se lo discutimos. Está bien que sea ella la que les fastidie la diversión. Lo hace por Billy.

—O Penny puede llamar a los agentes desde la puerta de su casa —bromea Omar—. ¿Adónde van a mear?

—¿Va a venir Nash? —pregunta Adi mientras deja caer una tortita en su plato y no hace caso a Omar.

—Le he enviado un mensaje esta mañana. También se lo he dicho a Grace, pero no estoy segura.

Creo que Nash aún sigue enfadado conmigo por hacerle llamar a su padre. O quizá porque ahora tiene a un agente del FBI en la puerta.

«El año pasado, ser su amiga me convirtió en objetivo; este año, ser mi amigo lo convierte en objetivo a él».

—Creía que Nash y tú habíais vuelto... —Omar cierra la boca de golpe cuando Adi le suelta un codazo. Ninguno de los dos resulta muy discreto—. ¿Qué? ¿Era un secreto acaso?

Pongo los ojos en blanco.

—Somos amigos, pero aún es... complicado.

Corto mi tortita y me obligo a comer un tercer bocado. La náusea de la conmoción, junto con el estrés por todo lo que ha ocurrido, se me está pasando lentamente, pero aún no tengo demasiado apetito.

—No puedo creer que los federales aún no estén más cerca de atrapar a ese tío —dice Adi entre grandes bocados de tortita—. Quiero decir, ¿cómo los está esquivando? ¡Ayer estaban a metros de él! Si hubieran hecho su trabajo, quizá Billy aún seguiría aquí.

—No sabemos si están o no más cerca —replica Zayn—. No van a ir contando todos los avances. No difunden información sobre sospechosos hasta que tienen pruebas.

Eso es cierto. Quiero decir, solo Nash y yo sabemos que están tratando de averiguar quién llamó a la poli para hacerlos ir a la casa de Nash la noche que me escabullí. O, mejor dicho, la primera noche que me escabullí.

—Tiene razón, deben de tener a alguien en su punto de mira. Cuatro asesinatos en una semana. —Omar sacude la cabeza—. Ese tío ya debe de haber dejado alguna prueba.

Me encojo de hombros.

—Se pasó mucho rato conmigo cuando me sacó de la carretera, y solo dejó la huella parcial de una bota, que ni siquiera se puede analizar.

No puedo creer que eso fuera hace solo dos días.

—Este ha aprendido de los errores de Jackson —murmura Adi bajando los ojos—. ¿Y si nunca lo encuentran?

—¿Crees que acabará siendo el último hombre en el pueblo? —pregunta Zayn, y es probable que sea la cosa más Omar que haya dicho nunca.

Adi eleva la mirada hacia él, boquiabierta.

—¿De verdad?

—Solo digo que acabarán cogiéndolo. No puedes matar a todo un pueblo.

Adi alza la voz.

—No, pero después de estar tan cerca de que lo pillaran los federales, podría haberse largado de aquí.

—¡Ya vale, comeos las tortitas! —exclama Omar—. Calmaos todos y comed.

—¿Y vosotros dos, os habéis intercambiado el cuerpo? —pregunto.

Omar ríe y se encoge de hombros. Zayn no dice nada, pero mira su plato, ceñudo.

Mientras comemos, observo a mis tres mejores amigos. Omar mira su móvil, en el que acaba de sonar una notificación. Adi tiene la mirada perdida en el infinito mientras comienza su segunda tortita. Al menos, está comiendo. Zayn me mira como si le preocupara que me vaya a caer muerta aquí mismo.

—¿Qué? —pregunto.

—Estás pálida.

—Parece que, por ahora, es lo mío.

Omar gira la cabeza para mirar a Zayn.

—Ha tenido un accidente y casi ha muerto en un incendio, tío, ¿qué esperas?

Además, me persiguieron por un campo de maíz.

¿No pueden darme un poco de margen?

—Eso no era un insulto. Tenéis que haber notado lo pálida que está, ¿no?

—Yo sí —contesta Adi.

—¿Me necesitáis para esta conversación? Ha sido una semana muy dura.

Omar ríe.

—Una semana muy dura —repite—. ¿Quieres que nos vayamos para que puedas dormir?

—Me echaré después del desayuno.

Quiero estar sola, o tan sola como mis padres me permitan, pero mientras los tres están aquí, sé que están a salvo. Aunque media hora después ya están poniendo excusas y yendo hacia la puerta, porque quieren que descanse.

¡Como si tuviera la capacidad de dormir! La noche pasada estuve dando vueltas todo el rato.

—Directos a casa. Todos —les digo.

—Hemos venido juntos —dice Zayn mientras pasa la mirada por nuestros amigos—. Dejaré a Omar y luego a Adi.

El corazón me da un brinco. Zayn y Adi estarán solos durante los cinco minutos que hay entre la casa de Omar y la de ella. Zayn no les haría nada, incluso si de alguna manera estuviera metido en todo esto.

«Vamos, Penny, ¡no haría daño a nadie!».

Es alto y musculoso. Claro que Omar y Nash también lo son. Y casi cualquier otro que haga deporte en el insti. Nos va mucho el deporte.

Bueno, a mí ya no tanto.

No me va nada, excepto sobrevivir.

La incertidumbre me ata un nudo en el estómago y le agarro la mano a Adi.

—Eh. Te envío un mensaje en dos segundos.

—Vale... ¿por qué? —me pregunta.

—Estoy preocupada por ti.

—Estaré bien, Pen. No hace falta que me tengas controlada.

—Vale. Pero es... cosas sobre chicos.

—¡Ah! —exclama Omar, y le da una palmada a Zayn en el hombro—. En esto no nos quiere, tío. «Oh, Dios mío, Adi, ¿Nash me ama o no me ama?». —Sube la voz como diez octavas, fingiendo, sin conseguirlo, imitarme.

—¡Oh, vámonos, tarados! —Adi los empuja fuera de la casa y hacia el coche de Zayn.

Los dos agentes nos observan todo el rato. Uno sale y se queda junto al coche.

—¿Todo bien, Penny?

—Sí, ya se van.

Cierro la puerta mientras ellos se marchan en el coche y corro a la cocina a buscar el móvil. Mis padres siguen en su despacho.

Penny: Eh, ¿todo bien?

Adi: Cuéntame lo de Nash. Necesito distraerme.

Realmente no tengo nada nuevo sobre Nash; solo es para que me vaya enviando mensajes y también quería que Zayn supiera que iba a estar en contacto constante con ella.

Penny: Me está evitando. No me ha contestado a la invitación a desayunar.

Esto servirá. Lo que sea para que siga hablándome.

Adi: ¿Lo has llamado?

Penny: No me lo coge.