20 #2
—No me voy a quedar aquí si todo el pueblo se va a reunir por Noah, Ruby y Mae —les aseguro, volviendo a la conversación.
No tiene mucho sentido cancelar la fiesta y declarar un toque de queda para organizar luego una gran ceremonia de homenaje en el centro. A no ser que quieran que el asesino se presente.
Cuando se marchan mis amigos, y sigo totalmente sin saber de qué va Zayn, les pregunto a mis padres por la ceremonia.
—No es una buena idea. Ya les hemos dicho a los agentes que no iremos —me contesta mi madre.
Alzo el mentón y me planto. Van a soltarme esa gilipollez de que necesito descansar. He estado descansando más de veinticuatro horas, y descontando un dolor de cabeza que no se va, una ligera náusea, un poco de mareo y una muñeca dolorida, estoy bien.
—¿Por qué? ¿Han preguntado si pensábamos ir?
—Eso no es importante. Lo que tienes que hacer es descansar y curarte. Has sufrido un accidente grave.
—Pero estoy bien.
—La conmoción y el hueso roto dicen lo contrario.
—Mamá, por favor. Eran mis amigos del instituto, sobre todo Mae. Siempre fue muy guay conmigo. Quiero estar ahí. Además, tengo a un agente del FBI y a vosotros todo el rato al lado. No me pasará nada.
Mi padre está sentado muy quieto en el sofá, absorbiendo ambos lados de la discusión. Me sorprende que no haya dicho un no rotundo. Pero veo que él sí quiere ir. Conoce a los padres de Noah, de Ruby y de Mae.
—Cariño, pensémoslo un momento. Penny no estará sola —dice finalmente.
Mi madre ahoga un grito.
—¿Lo dices en serio?
—Despedirse es importante. He charlado con los padres de todos esos chicos. He jugado al fútbol con el padre de Noah, y llevé a su casa a la madre de Mae cuando se le estropeó el coche. Nunca nunca pondría a Penny en peligro, ya lo sabes, pero no creo que allí lo esté.
Mi madre se mordisquea el labio.
—Vale. Muy bien. Pero no intentes apartarte de nuestro lado ni un segundo, Penny. Lo digo en serio. Nada de correr con Nash o con nadie más. Tienes que ser más lista.
—Trato hecho. Totalmente. Además, el FBI quiere que esté allí porque el asesino podría aparecer para verme, ¿verdad?
Intercambian una mirada. Mi padre se retuerce las manos.
—Nadie te está usando como cebo.
Pero va de eso. De ahí que quiera ir. Soy el cebo perfecto. El asesino me dejó vivir, por la razón que fuera, y no creo que esté encantado con cómo salieron las cosas ayer.
—Voy a prepararme —les digo, y me subo a mi habitación.
Me doy una ducha con una bolsa de plástico sobre la muñeca, me lavo la cabeza como puedo y me preparo para salir.
Mi móvil ha estado pitando todo el día, desde que se supo lo de mi accidente y mi ataque.
Solo he contestado a unos cuantos mensajes; no quiero hablar con la gente que solo me escribe para cotillear; sé que harán un pantallazo a mis textos y los compartirán en los grupos de mensajes por todo el insti.
No se lo voy a poner fácil.
—Nash va a venir —informo a mis padres cuando subimos al coche.
—Muy bien —responde mi madre—. Puede estar con nosotros si quieres.
¿Perdón? ¿He oído bien? El accidente no me ha afectado al oído.
Entonces, ¿qué es lo que está ocurriendo ahora?
¿Ha sido necesaria una experiencia cercana a la muerte para que dejen de ser tan duros con él?
¿Acaso saben que continuaré buscando la manera de verlo?
Es mejor que dejen que eso ocurra bajo su supervisión.
En todo caso, lo acepto.
—Hum. —Parpadeo mientras acabo de asimilar la oferta—. Claro.
Mi padre ríe en el asiento del conductor. Un sonido que no oía desde hace tiempo.
—Y os quedáis donde pueda veros.
Entonces sí, por ahí va la cosa. Si voy a ver a Nash, es mejor que puedan echarnos un ojo. Eso no significa que les guste, pero cuando vean que sigue siendo el mismo, quizá se vayan calmando. Antes les caía bien.
Dejamos el coche en el aparcamiento del supermercado, y caminan uno a cada lado de mí, con dos agentes siguiéndonos de cerca. Parecemos famosos o como si estuviéramos en una peli de acción, alejándonos de una explosión.
Hay muchos policías. En cualquier dirección que miro, veo polis y federales. Si el asesino hace algo aquí, es que es un completo idiota.
Nash y Grace están en el borde de la plaza. Desde que se hizo público que tenían coartadas legítimas para las horas de los asesinatos, nadie ha vuelto a decir nada malo de ellos.
No puedo evitar que una pequeña sonrisa me tuerza los labios al pensar en que el pueblo vuelve a aceptarlos. Llevan demasiado tiempo solos. Pero es una mierda que haya hecho falta todo esto para llegar hasta aquí.
Y, entonces, me siento mal porque hay tres personas muertas.
Tardo un segundo en fijarme en el pueblo, porque estaba muy centrada en los Whitmore. Pero todo ha desaparecido. La plaza está sin nada. Ni decoraciones, ni murciélagos colgando, ni espantapájaros disfrazados.
Un montón de calabazas, que eran las decoraciones de las tiendas, ahora están al borde de la calzada, esperando a que se las lleven. En su lugar, hay ositos de peluche, flores y tarjetas. Pequeños tributos a Noah, a Ruby y a Mae. El pueblo haciendo saber a sus familias que nos importan.
Halloween ha sido cancelado, pero el horror aún invade el aire como un mal olor.
Ahora resulta más inquietante que cuando tenía las decoraciones. Un pueblo fantasma.
Adi, Omar y Zayn están junto a Nash y Grace con sus respectivos padres. Ni rastro del nuevo tío. Lo que tiene sentido, considerando lo mucho que se parece al tipo que provocó que un acto como este tuviera lugar hace un año.
Es raro. Es sospechoso. No confío en la intuición de Nash cuando se trata de él.
Y tengo unas ganas locas de conocerlo.
—Eh —digo cuando nos acercamos a los grupos mezclados.
Si a las familias de mis amigos les disgustan Nash y Grace, no lo demuestran. Aunque no quedaría muy bien que esta noche dieran a eso mucha importancia.
Mis padres charlan con los otros adultos. Los agentes están atentos a mí y a todo lo que me rodea. Se quedan cerca, como si estuvieran esperando para saltar y cubrirme con sus cuerpos si me atacan.
El asesino es más listo que todo eso.
Grace es la que me saluda, como si, en cada momento, solo pudiera caerle bien a uno de los Whitmore. Nash está mirando para otro lado.
—Se te ve mejor que ayer —me comenta Grace.
—Sí, y también me encuentro mucho mejor que ayer. Perdona si te asusté con lo de estar tirada en la carretera.
Agita la mano.
—Te perdono. Estoy..., hum, contenta de que estés bien.
—Gracias.
—¿Sabes lo que le pasa a este? —me pregunta—. Lleva de mal humor desde esta mañana.
«Bueno, eso será porque lo obligué a llamar al psicópata de vuestro padre a la prisión».
Nash me mira de reojo, con una expresión que puedo entender claramente: «No digas nada».
—No puedes culparlo por estar raro, ¿no?
—Supongo. La alcaldesa ha llegado.
El párroco del pueblo sube al estrado junto a la alcaldesa y juntos celebran una conmovedora ceremonia sobre la pena, el amor y la resistencia.
Se nos anima a permanecer unidos y cuidar los unos de los otros. Recuerda a algo que se dijo el año pasado..., unas semanas antes de que el pueblo diera de lado a Nash y a Grace.
Cuando concluye la ceremonia, la gente se queda rondando; nadie quiere marcharse directamente.
La única razón por la que sigo aquí es porque mi madre está hablando con la desconsolada madre de Mae.
La contemplo con el corazón encogido mientras ella se seca las lágrimas del rostro, solo para que lágrimas nuevas le caigan un segundo después.
Tiene los ojos rojos e irritados, y no parece haber dormido ni un segundo.
El ambiente es sombrío, las risas de la feria de Halloween se apagaron hace días. Ahora la gente que me rodea habla de la tragedia entre susurros.
Todos estamos en vilo, esperando a que el asesino actúe de nuevo. La presencia de la policía y el FBI se supone que tiene que darnos seguridad, pero no he visto a nadie que parezca tranquilo.
Un solitario sombrero de bruja revolotea sobre la hierba llevado por una ráfaga de aire. Un adorno olvidado que una vez formó parte de la decoración exterior de la Papelería Maxi.
Mi padre y los dos agentes siguen conmigo. El resto está vigilando. Pasean por ahí y tratan de mezclarse con la gente, mientras buscan a cualquiera que encaje con el perfil del asesino.
Ojalá supiera lo que están buscando.
Han ofrecido una información muy vaga. Buscan a un hombre que se mezcla con la comunidad, pero que está ausente durante largos periodos. Tiene un vehículo y mucha fuerza física. Habría estado siguiendo los crímenes de Jackson hasta obsesionarse con ellos.
Si se excluye la obsesión por Jackson, han descrito al setenta por ciento de la población masculina del pueblo.
Un grupo de gente se congrega junto a los tributos a las víctimas, y leen notas o rezan.
Mi madre se ha quedado con la de Mae y miran los animales de peluche; bastantes de ellos son caballos, porque a Mae le gustaba cabalgar desde su granja.
Zayn me echa el brazo al hombro.
—Me abro. Hasta mañana.
—¿Qué?, ¿ya te vas?