20
He enviado un absurdo montón de mensajes a Nash, y ha pasado de cada uno de ellos. Se está volviendo muy bueno en eso de desaparecer sin dejar rastro. Claro que eso es algo que él también podría decir de mí.
En unos diez minutos, tendré que ir a casa y prepararme para ver a mis amigos.
Para ver a Zayn.
Mis padres están muy ocupados, asegurándose de que tengo todas las medicinas para el dolor y que todas mis revisiones están concertadas.
No han mencionado el asunto de mis escapadas todavía.
Estoy segura de que mi madre le ha prohibido a mi padre hablarme de eso hasta que me haya curado de la conmoción.
No confío en el silencio, y sé que tiene muchísimo que decir.
Pero ahora no puedo preocuparme por mi inminente castigo, porque estoy demasiado preocupada por la llamada que Nash le ha hecho a Jackson. Y sobre todo porque yo se la he hecho hacer.
Mi madre envía a mi padre a traer el coche hasta la puerta del hospital y uso eso como una oportunidad para que ella salga también y así poder hablar con Rosenthal. Ha regresado a primera hora de la tarde para relevar al otro tipo.
Para tener un minuto con Rosenthal, que sigue fuera de mi habitación, le pido a mi madre que me traiga algo de comer de la máquina expendedora que está fuera de esta ala. Se encuentra lo bastante cerca para que no se niegue y lo bastante lejos para poder tener una conversación privada.
Rosenthal entra en la habitación cuando mi madre sale. Me alegro de que esté ella aquí hoy; es la única que ha dejado de mirarme como si yo hubiera hecho algo malo.
—¿Va todo bien? Creía que te ibas —pregunta.
—Mi madre me está cogiendo algo de comer. Necesito azúcar. Las gelatinas de aquí no valen nada.
Ella asiente con los labios apretados, como si no me creyera. Chica lista.
Se me caen los hombros.
—Muy bien. Quería hablar con usted. ¿Han averiguado quién llamó a la policía para denunciar a Nash la otra noche?
—Estamos en ello, Penny.
Eso es un rotundo no, claro.
—¿Móvil desechable?
—No puedo decirlo.
—Pues ya lo ha hecho.
—Deberías pensarte lo de solicitar plaza en la academia.
No, gracias.
Sonrío, pero no estoy segura de parecer muy contenta.
—¿Necesitas algo más? —pregunta.
—¿Cualquier información que pueda compartir? —pregunto como respuesta.
Inclina la cabeza y esboza una media sonrisa.
—Buen intento.
Bueno, esto ha sido una pérdida de tiempo total. De todas formas, era evidente que no iba a ponerse a divulgar información confidencial.
Mi madre regresa con un paquete de M he estado contando los minutos desde que la muñeca comenzó a palpitarme como si tuviera su propio corazón.
Van haciendo cosas, sin dejarme sola más de unos minutos. Si uno tiene que hacer una llamada, el otro se queda de guardia. Hace que me sea imposible echarme una siesta.
—No voy a volver a salir de casa, ya lo sabéis, ¿no? —digo en plan guay, mientras me doy golpecitos en la muñeca para aguantar el dolor.
—Lo sabemos bien, Penny —contesta mi madre.
—Entonces, ¿en serio vais a estar vigilándome todo el rato?
—El médico nos dijo que no te quitáramos ojo, por lo de la conmoción cerebral.
Esa es su excusa para pasarse tres pueblos con esto. Muy bien, me escabullí, tuve un accidente y me persiguió un asesino, pero estoy viva y en casa. Creo que no pasaría nada si estuviéramos en habitaciones separadas.
Envío un mensaje a nuestro grupo de chat para distraerme. Me he estado aguantando por si me quitaban el móvil, pero ya se me está yendo la olla.
Penny: Estoy en casa y enloqueciendo. Mis padres no me dejan sola ni un segundo. Entretenedme.
Zayn: Iremos para allá después. Han cerrado el insti.
Omar: Sí, gracias por ser atacada, Pen.
Adi: Pero ¡qué poco tacto tienes, Omar!
No, no lo tiene, pero me hace sonreír. Al menos, alguien dice lo que piensa.
Omar: ¡Pen sabe que es en broma! Zayn y yo hemos decidido ser tus GUARDAESPALDAS.
Adi: Tiene auténticos agentes del FBI, ¡tonto!
Zayn: No les importa tanto como a nosotros.
Ojalá pudiera ver la cara de Zayn. Su expresión me lo diría todo.
Al menos, eso creo. Estoy empezando a dudar de mis habilidades para leer caras desde que admitió que mantenía el contacto con Nash.
Yo no tenía ni idea, y siempre que mencionaba a Nash, Zayn me decía, con toda seguridad, que no lo había visto.
Pero quizá ahora se me dé mejor, porque ya no confío en él ciegamente.
Penny: Daos prisa en venir. Necesito un descanso de gente que me pregunta si estoy bien.
Adi: ¡¡Ya vamos!!
Mis padres me dejan un poco de espacio cuando llegan mis amigos. Se van a la cocina y cierran la puerta.
—¿El coche destrozado? —pregunta Omar, y me alegro mucho de que no me pregunte cómo estoy.
—Oh, sí, mucho.
—Dio vueltas de campana, claro que el coche está destrozado —dice Adi, y le da con un cojín—. ¿Cómo fue?
—Muy ruidoso y muy silencioso.
—Eso no tiene sentido —replica Zayn.
—Lo sé, pero fue así.
—¿De verdad te estaba persiguiendo el asesino? —pregunta Adi—. Es que... ¿por qué te dejó con vida?
Miro a Zayn mientras ella pregunta. Su mirada no se altera, ni siquiera tensa un poco el mentón. Solo hay curiosidad en esos ojos oscuros y reservados. Está esperando las respuestas; igual que yo. Aunque ignoro si es él quien me las podría dar.
Si yo fuera culpable, también pondría cara de póker.
—No tengo ni pajolera idea de por qué no me mató. Hubiera sido tan fácil... Quiero decir, estaba inconsciente.
—Bueno, pues quizá esa sea la razón. Escuchadme —aporta Omar—. Ese tío es un enfermo, ¿vale? ¿Qué gracia tiene matar a alguien que no se entera?
—Pues eso tiene mucho sentido —contesta Zayn—. Bien hecho.
Omar le hace una peineta.
—¿Así que estás diciendo que, si viene a por nosotros, nos hagamos los muertos? —pregunta Adi; su voz es más aguda, como si no pudiera creerse la mierda que está soltando Omar.
—Bueno, tampoco es para que te tires al suelo de cualquier manera, pero sí —contesta Omar.
Eso me hace reír, y me doy cuenta de que llevaba mucho tiempo sin reírme.
—Vas a acabar muerto —le dice Adi.
—¿Por qué predices mi muerte? —pregunta Omar con el ceño fruncido.
—No lo hago, pero tus consejos podrían hacer que nos mataran a todos.
Omar pone los pies sobre la mesita de café, acomodándose como si estuviera en su casa, como siempre.
—Lo que sea. Eh, Pen, la próxima vez que quieras escabullirte, deberías llamarnos a uno de nosotros. No tendrías que estar sola.
—Eres muy mala influencia —lo acusa Zayn.
Eso lo sabemos desde que lo conocimos en el jardín de infancia y consiguió que nos pintáramos de verde. Los maestros trataron de lavarnos, pero aun así volvimos a casa pareciendo los retoños de Hulk.
—Fue muy raro. Con lo acojonada que estaba, por un segundo quise enfrentarme a él. Hacerme la valiente y decirle que viniera a por mí.
—No es un buen momento para ponerte en plan Jennifer Love Hewitt, Pen —comenta Zayn.
—Bueno, al menos Pen sí sabe lo que hizo el último octubre —suelta Omar, y se ríe de su propia broma estúpida.
Sacudo la cabeza y hago una mueca por el dolor.
—Fijo que no iba a ser tan estúpida, pero ya me he hartado de tener miedo.
Durante un instante, me recorre un ramalazo de valentía. No podemos vivir eternamente asustados. No podemos entregar nuestro pueblo a la oscuridad, y no permitiré que quienquiera que sea me obligue a esconderme. Durante todo un año hemos estado asustados.
Omar me pasa una chocolatina del cuenco con forma de calabaza que hay sobre la mesita de café para tratar de animarme.
—Ahora estás a salvo.
—La alcaldesa ha organizado una ceremonia de homenaje a las víctimas esta noche en la plaza. ¿Vas a ir? —pregunta Adi.
—¿De verdad? Mis padres no lo han mencionado.
—Eso es porque no quieren que vayas, fijo —señala Omar—. Quizá no sea tan buena idea, Pen. Ya sabes, como casi te mueres y todo eso.
—Deja de tomártelo tan a la ligera —lo riñe Adi.
—Lo hago aposta. Es lo que Penny quiere.