19
Estoy en pie a las ocho de la mañana, vestida y lista para irme a casa.
He comido una tostada; me he duchado, con cierta dificultad por el yeso en la muñeca, y me han aprobado las constantes.
Vale, ya sé que no es algo que apruebas o suspendes, pero si están bien, me voy a casa, así que, para mí, es lo mismo.
Mis padres ya han llegado. Están bastante enfadados porque Nash vaya a venir a visitarme. Aunque mi madre ha hecho callar a mi padre al recordarle que Nash fue a ayudarme. Ninguno de los dos ha dicho mucho sobre que yo saliera de casa sin permiso, pero eso no significa que no vayan a hacerlo.
Solo es cuestión de tiempo.
Adi, Omar y Zayn van a venir a mi casa por la tarde, porque el médico nos ha dicho que me puedo ir después de la comida.
Mañana es la víspera de Halloween, la Noche del Diablo.
No sé de qué iba lo de anoche, porque Jackson nunca usó su coche para matar a nadie.
Tampoco asesinó a nadie en un cine, así que ya sabemos que este imitador se ha saltado el guion.
La Noche del Diablo quizá no signifique nada para este nuevo asesino.
No hay forma de saber si se está preparando para un doble asesinato.
Mi padre carraspea, y deja que esa acción hable por sí misma.
—No me fui a pasear por el parque, papá.
Sus ojos se tensan.
—No, te fuiste corriendo a la casa de un conocido asesino en serie.
—Que está encerrado en una prisión federal. Ahora esa casa es de Nash y Grace.
Mi madre nos pone una mano en el brazo a cada uno.
—No discutamos, ¿vale? Te dejaremos un rato cuando llegue Nash, pero habrá un agente en la puerta de la habitación.
Mi padre frunce el ceño, pero cede.
Exactamente a las diez, Nash llega y mis padres bajan a la cafetería. Antes de irse, mi padre susurra algo al policía que está fuera de la habitación. Ya me imagino lo que le ha dicho.
Nash se sienta en la cama y sus ojos recorren cada una de las pequeñas marcas rojas en mi cara, donde el vidrio roto me cortó.
—Hola —digo—. Es mi nuevo look , ¿eh?
—¿Estás bien?
—Sí. Les he contado a los federales lo de la llamada la noche que se suponía que íbamos a vernos.
—¿No lo sabían ya?
—Bueno, sí lo sabían. Pero no sabían que nosotros habíamos quedado. Evidente. He tenido que decírselo, Nash.
Se encoge de hombros.
—No era yo quien quería mantenerlo en secreto, Pen. Crees que quien llamó es el asesino porque...
Acabo su frase con un suspiro.
—Sospechamos de Zayn.
Cuesta imaginar a mi amigo haciendo eso, pero explicaría por qué sigo viva, ¿no? Zayn nunca fue muy amigo de Noah, o de Ruby. Solo de Mae.
—Si fue Zayn quien llamó, era para impedir que yo te viera, ¿no? —Hace un gesto hacia mí para que continúe—. Bueno, quizá el accidente haya sido por lo mismo. Él sabía que a mis padres no les gustaría nada que yo me hubiera escapado de casa. Que después de eso me impedirían salir.
—Y el accidente fue para asegurarse de que se enteraran.
—He pasado muchos años con él, Nash.
—Y yo había pasado toda la vida con mi padre. No siempre se sabe, Penny.
No le falta razón.
Después de Nash, Zayn es la última persona que quiero que sea el asesino. Junto a Omar y a Adi, claro.
—Esta noche vendrá a mi casa. Todos vendrán.
Nash abre mucho los ojos.
—No puedes dejarle que se acerque a ti.
—Tengo que hacerlo. Lo sabré cuando lo vea.
—¿Cómo?
—No lo sé —contesto riendo—. Tendré una sensación.
—Sí que te has dado fuerte en la cabeza.
—No tiene gracia. ¿Qué ha dicho Grace de lo de anoche?
—Estaba muy rayada, pero se calmó cuando volvimos a casa. La poli quería que nos fuéramos de la carretera, y yo no quería que nos tomaran declaración en casa. Con suerte, ahora sabrán que no tenemos nada que ver con esto.
Nash ha estado conmigo tres veces en las que el asesino ha actuado o ha sido visto.
Es imposible que sea él.
—Bien. Nash, si te digo algo, tienes que prometerme que no te pondrás a la defensiva ni pensarás que se me ha ido la olla.
—En este momento, hay una promesa que quiero hacer...
—Por favor.
Suspira.
—Lo prometo.
—El día que te llevaron a la comisaría, vi pasar la pickup que había estado frente a tu casa.
Parpadea un par de veces, pero no hay más reacción.
—¿La pickup de Grace?
—Grace no iba dentro.
—Entonces, ¿quién? —pregunta, frunciendo el ceño.
—Esperaba que me lo dijeras tú.
—No tengo ni idea. ¿Quizá el novio?
—Tengo náuseas.
Se pone en pie y mira por la habitación.
—¿Tienes un cubo? ¿Llamo a alguien?
—Tengo náuseas porque me estás mintiendo.
Se le hunden los hombros y, mientras se vuelve hacia mí, mete las manos en los bolsillos.
—Es mi tío.
«¿Qué?».
Me quedo con la boca abierta.
—Pero no tienes ningún tío.
—Sí, bueno, eso es lo que nosotros también creíamos. Mi padre nos dijo que era hijo único. Resulta que mintió sobre su pasado tanto como sobre su presente.
—¡Nash! ¿Hablas en serio?
Vuelve a sentarse en la cama.
—Esto tiene que quedar entre nosotros.
—Pero...
—Por favor, Penny.
—Vale —me rindo, aunque me da mala espina—. Pero lo quiero saber todo.
—De pequeños estaban muy unidos, pero a los veintipocos mi tío se juntó con mala gente.
Se fueron distanciando y mi padre se lo tomó mal; se sentía abandonado, o eso es lo que dice Jensen.
Nos localizó a principios de año, después de enterarse de lo que había hecho mi padre.
Ni siquiera le sorprendió que no supiéramos de su existencia.
«¡Qué puñetas...!».
—¿Está viviendo con vosotros?
—No, está de visita.
—¿Cuánto tiempo lleva en el pueblo?
—No es el asesino, Penny.
—¿Cuánto tiempo?
—Un mes.
—¿Y sigue aquí?
—Se vuelve a su casa la semana que viene. Ya sé lo que estás pensando. Te lo veo en la cara. Pero estaba en casa conmigo cuando mataron a Ruby.
Solo que Nash estaba en el huerto de calabazas, aunque, para entonces, Ruby ya estaba dentro del váter portátil.
—¿Por qué no lo hemos visto nunca por el pueblo?
—Le pedimos que no saliera. Se... se parece a mi padre.
Ya. Lo sé. Me alegra saber que no me estaba volviendo loca.
—No puedes guardarte esto. Es un milagro que la poli no lo haya visto todavía.
Se encoge de hombros como si eso no fuera a pasar.
—No contesta a la puerta, y antes de que empezaran los asesinatos, hacía mucho que no venía nadie por casa.
Es como si estuviera diciéndome «tú no venías».
—Nash, no puedes guardarte esto.
—Querrás decir que no puedes tú. Penny, si alguien se entera de que está aquí...
—¡Los asesinatos podrían parar!
—Ni siquiera lo conoces.
Gruño, exasperada porque Nash no está pensando con claridad.
—¡Ni tú! No hace ni un año que lo conoces.
—No es él.
—Mira, si hay más de una persona haciendo esto, entonces podría ser él. Quienquiera que sea ya no está siguiendo los pasos de tu padre.
—Odia a mi padre y su separación ocurrió antes de que este matara a nadie. ¿Por qué iba a seguir los pasos de un hermano menor que no le importa nada?
—Eso es solo lo que él te ha dicho. ¿Has preguntado a tu padre?
—Claro que no. Grace dice que no quiere hablar de Jensen para nada.
—Entonces solo tienes la palabra de Grace, ¿no?
—¿Dices que está mintiendo?
—Estoy diciendo que tienes que oírlo tú. Eres más objetivo cuando se trata de vuestro padre. ¿Puedes apañarte para llamarlo?
Niega con la cabeza, y aparta los brazos de mí cuando voy a cogerlo.
—No. No puedo llamarlo.
—Alguien se está pasando conmigo. Estoy metida en esto. Mierda, Nash, tengo un agente del FBI en la puerta. Quizá la próxima vez el asesino no se las pire.
—¡Maldita sea! —sisea mientras se pasa las manos por el pelo. Cuando vuelve a mirarme, está mal—. No quería volver a hablar con ese hombre.
—Lo sé, y lo siento, pero tienes que hacerlo. Por favor.
Coge el móvil y mira la pantalla.
—Si le quedan minutos, puede llamarme.
—¿Cómo consigues que lo haga?
Nash inspira hondo antes de responder.
—Poniéndome en contacto con la prisión y pidiendo una llamada urgente.
—Eh —digo en voz baja—. Gracias.
Asiente, pero se niega a mirarme a los ojos, y hace la llamada. Cuesta un poco convencerlos de que esto es una emergencia, pero estoy segura de que en la prisión saben lo que está pasando.
Me siento fatal. El estómago se me retuerce de culpa.
Nash cuelga y se queda mirando la pantalla con miedo.
En algún momento, el móvil sonará, y él hablará con su padre.
Parece como si fuera lo que menos quiere hacer en este mundo.
—¿A qué hora se acaban las visitas? ¿Mediodía? —pregunta Nash.
—Sí, pero tengo treinta minutos antes de que vuelvan mis padres.
Ruego por que Jackson se dé prisa. Nash ruega por que pase de él.
—Aún creo que a Zayn le pasa algo —dice él para romper los tensos ocho minutos de silencio.
—Sí, yo también.
—¿No quieres creerte que él te sacaría de la carretera?
—¿Tú sí?
El móvil de Nash comienza a sonar. Lo coge en la mano como si fuera una granada y lo mira.
—Nash —le insisto, antes de que deje de sonar.
Lo veo tragar y cerrar los ojos antes de contestar.
—Hola.
Silencio durante un momento, y luego deja escapar el aire.
—No quiero hablar de mí... Jensen... ¿Por qué nunca nos hablaste de él?
Nash cierra el puño de la mano libre hasta que los nudillos se le ponen blancos. Pongo mi mano sobre la suya con intención de apoyarlo, pero se tensa aún más. Creo que en este momento le gusto tan poco como su padre.
Pero no me aparta la mano.
—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él? ¡Es importante! Entonces yo tenía cinco años... ¿No desde entonces? Vale. Estoy a salvo. —Guiña los ojos y sé que hay mucho más que Nash necesita decirle a su padre. Mucho que tendría que sacarse de dentro, pero que no va a permitirse hacerlo.
—No lo sé... Estoy con Penny... No, la ha atacado ese cabrón enfermo que juega a ser tú.
—¡Nash! —exclamo, y mi mirada se dirige al agente que está fuera de la habitación. Ahora es otro, y está bebiendo café mientras habla con un poli. Lo último que necesitamos es que oigan a Nash gritándole a su padre.
—Sí, está bien —contesta, tenso—. ¿Así que tú no tenías ningunas ganas de contactar con Jensen y él no lo ha intentado nunca? Vale. No, no creo que volvamos a hacer esto... ¿Y a ti qué te parece? —Se le tensa el mentón mientras suelta un brusco «adiós» y cuelga.
—¿Estás bien? —pregunto.
Se yergue de golpe.
—No ha hablado con él. Te veo mañana.
Y se marcha sin decir nada más, y me siento una mierda total.
Y si es posible, me siento incluso peor cuando me doy cuenta de que uno de mis mejores amigos puede ser quien esté haciendo esto.