18 #2
Tengo la muñeca enyesada, pero por ahora no me da problemas. El dolor de la cabeza es tan intenso que no me deja sentir nada más. Aunque nada comparable a cómo era justo después del choque. La medicación me ha quitado lo peor.
Mi preocupación por Nash y Grace se antepone a todo lo demás. ¿Por qué los han llevado a comisaría si los federales solo querían su declaración? ¿Acaso solo están siendo muy cautos y cuestionándose cualquier cosa que se salga ligeramente de lo normal, o hay algo más?
¿Significa esto que no tienen mucho con lo que trabajar y por eso lo están cubriendo todo?
Me estoy volviendo loca mientras espero a que vuelva Rosenthal. Cuando la puerta se abre, me siento en parte contenta de ver a mis padres y en parte decepcionada porque no son Rosenthal. Necesito saber qué está pasando con Nash y Grace.
—¡Penny! —solloza mi madre.
Les aseguro que estoy bien cuando me lo preguntan unas cien veces; por el momento, el pánico parece vencer al enfado.
—¿Qué estabas haciendo? —pregunta mi padre. Solo está tranquilo en apariencia; el miedo a que pudiera estar muerta modera su ira por haberme escapado y puesto en peligro. Noto, por el control en su voz, que tiene muchísimo más que decir.
—Nash no encontraba a Grace.
Mamá me coge la mano y me la aprieta como si nunca me la fuera a soltar.
—¿Por qué fuiste, cariño?
—Me preocupaba que le hubiera pasado algo malo. Nash no podía llamar a la policía, ¿no crees? La mayor parte del tiempo, sospechan de él. Pero él no ha hecho nada de todo esto. Los han llevado a los dos a la comisaría. No sé por qué, ni qué les ha pasado.
Mi padre carraspea.
—Olvídate de ellos ahora. Has tenido un accidente.
—Salía de su casa cuando un coche se estrelló contra mí desde la otra dirección. Ellos no habrían tenido tiempo.
—¿Estás segura? —pregunta mi madre, mirando a mi padre.
—Sin duda. Esto no lo han hecho ellos, y no me he inventado lo del otro coche. Sé que la poli ha dicho que no hay pruebas de que hubiera nadie más, pero lo había.
Incluso en la confusión de salir del coche y correr, puedo verlo todo claramente; cada detalle me ha quedado grabado en la cabeza.
—Muy bien, cariño.
—Quería ver quién era —les explico—. Mirarlo a los ojos y averiguar si sé quién es. Pero estaba demasiado oscuro... y tenía tanto miedo... No me dio tiempo.
—Hiciste bien en salir corriendo —dice mi padre. Su voz es baja e insegura, como si me estuviera llevando la corriente.
—No me lo invento, no choqué yo sola —repito.
Mamá me pasa la mano por el pelo.
—La policía y el FBI están investigando. No te preocupes.
Cierro los ojos y lo único que hago es preocuparme.
Mis padres se quedan en la habitación todo el día; están ahí cada vez que me despierto. Por la noche, me siento muy aliviada cuando se tienen que ir a casa. Mañana podrían darme el alta, si mi médico está satisfecho con mi progreso. Quiero marcharme ahora, pero eso, al parecer, es imposible.
Me acabo el chocolate caliente que me ha traído una enfermera. El azúcar y la medicación analgésica han reducido el dolor de cabeza a una molestia menor. Y después de comer algo, me siento bastante bien.
Me sentiría mejor en mi propia cama.
Llaman a la puerta y Rosenthal me sonríe.
—¿Puedo pasar? —pregunta.
—Claro.
Entra en la habitación.
—¿Cómo te encuentras?
—Mejor, gracias. ¿Cómo está Nash?
—Grace y él solo estaban haciendo una declaración.
—¿Por qué los han llevado a la comisaría?
—Porque Nash lo ha pedido.
Él no los quería dentro de la casa.
Suspiro aliviada.
—Ellos no me atacaron.
—Lo sabemos —afirma—. Penny, nos está costando encontrar pruebas de que hubiera alguien más allí contigo. Te diste en la cabeza.
—¿No han encontrado nada?
—Una huella parcial en la zanja, en el lado del copiloto. ¿Hacia qué lado corriste?
—Ahí era donde estaba parado. Yo corrí hacia el pueblo. ¿Pueden hacerle una prueba a la huella, o lo que sea que hagan?
—Tenemos modelos, pero la huella no es lo bastante buena para poder identificar el calzado.
—Una bota, creo. Se oía pesada sobre el asfalto.
Ella asiente.
—Has dicho que estabas saliendo de la granja Whitmore. ¿Conoces a alguien que podría querer ir a por ti específicamente?
Niego con la cabeza con suavidad, porque es como si me la estuvieran aplastando con una prensa.
—No. ¿Por qué no me mató? ¿Por qué sacarme de la carretera y perseguirme? Me desmayé. Podría haberme apuñalado cuando estaba en el suelo y acabar ahí mismo.
Se sienta en la silla que hay junto a la cama.
—Eso es lo que estamos tratando de averiguar. ¿Has tenido problemas con alguien? ¿En la escuela, quizá?
—No. Solo esa estúpida pelea con Ruby.
Y sabemos bien que no puede ser ella.
—¿Se le permitirá a Nash visitarme mañana por la mañana? —pregunto.
Ella vacila antes de contestar.
—No hay ninguna razón por la que no se le pueda permitir.
Bueno, mis padres son una razón. No creo que le permitan visitarme cuando me lleven a casa, así que necesito que venga aquí. Recuperaron mi móvil en el lugar del accidente y ahora lo tengo en la cama, a mi lado.
—Alguien llamó a la policía el domingo, poco antes de medianoche, e informó de haber visto a Nash por el centro. Merodeando, al parecer. Esa noche habíamos quedado en encontrarnos, pero la policía apareció en su casa, así que no pudo venir.
Rosenthal se inclina hacia mí y apoya los codos sobre las rodillas.
—Tenemos el registro de la llamada, pero la persona no dejó ningún nombre. No sabía que habíais quedado para veros.
—Antes nos escabullíamos muchas veces... su padre, ya sabe.
—Vuelvo enseguida, Penny.
Sale de la habitación y habla por el móvil.
—Gracias por compartir esa información —dice, metiendo la cabeza en la habitación un minuto después—. Estaré por aquí fuera si me necesitas. Deberías descansar un poco.
Puede que solo me crean a medias en lo de que el asesino fue quien causó el accidente, pero no están dejando ningún cabo suelto.
Un escalofrío me recorre la espalda al pensar que pueda ser un objetivo. No tengo ni idea de lo que el asesino quiere de mí. Debería estar muerta, y los federales creen que corro peligro.
No tendría un guardia personal si no fuera así.
Reviso el móvil y hay un mensaje nuevo de Nash. El primero desde que se fue. No me había contestado cuando intenté contactar con él.
Nash: ¿Estás bien? Oímos el choque y al principio no supimos lo que era. ¿Viste al asesino? ¿Te hizo daño? Tenemos que vernos.
Nash se ha soltado en ese mensaje. No puedo ni imaginarme cómo se siente. Grace acababa de hacerse a la idea de que yo volvía a estar en la vida de Nash, y en la suya, y ahora la están interrogando porque decidió ayudarme.
Penny: Esas son muchas preguntas. Estoy bien, tengo una conmoción y la muñeca rota, pero me tienen bien dopada.
El asesino estaba ahí, pero los federales solo han encontrado una huella parcial de su bota.
No estoy segura de que estén convencidos de que les estoy diciendo la verdad.
El asesino no me hizo ningún daño. ¿Verdad que es raro?
Nash: Aún estabas en el suelo. Creí que estabas muerta. Es de lo más raro, pero quizá vio u oyó mi coche saliendo a la carretera y se largó. No vimos ningún otro coche.
Supongo que esa es una posibilidad. Desde donde yo estaba, se llega a ver la granja de Nash en la distancia. El asesino pudo haber visto los faros del coche.
Penny: El horario de visita empieza a las 10 de la mañana. Creo que podrán enviarme a casa en algún momento.
Nash: Estaré ahí a las 10.
Me duermo mientras espero la información sobre quién llamó a la poli denunciando a Nash la noche que me escabullí de casa. Tengo la sensación de que, si descubrimos quién fue, estaremos más cerca de atrapar al asesino.