17
Bostezo tapándome la boca con la mano mientras miro las noticias en mi cuarto a las cuatro de la mañana. Mae. Una de las personas más dulces del planeta ya no está. La dejaron en un aseo como si no fuera nada. Han soltado a Karter.
Estoy agotada, me pesan los ojos y mi cuerpo necesita descansar, pero mi cabeza no desconecta. Nunca volveré a sentarme cerca de Mae en clase. No volverá a sonreír o a reír o a fingir que no estaba colgada de Omar.
He estado en mi habitación desde que volví a casa, después de una breve bronca con mis padres. Se han enfadado muchísimo porque Nash hubiera estado con nosotros, pero, al menos, no saben dónde estuvimos.
Si los federales quieren volver a hablar conmigo, me caerá un gran marrón.
He pasado los últimos treinta minutos intercambiando mensajes con Nash.
Está preocupado por Grace, porque ella estuvo un momento en el cine.
¿Qué pinta tiene eso? La misma que la de él apareciendo por la plaza y en el huerto de calabazas.
Los chicos Whitmore mantienen vivo el negocio de papá; da para una gran historia.
Había otra gente fuera, así que alguien, además de nosotros, puede haberla visto. Omar, Adi y Zayn no deben de haber dicho nada, porque Nash no ha recibido otra visita de la poli.
Penny: ¿Dónde está Grace ahora?
Nash: Encerrada en su habitación con la música puesta.
Penny: ¿La has visto desde que llegaste a casa?
Nash: Sé que no debo entrar si tiene la música a toda hostia.
Penny: Vaya, ¡tienes que ir a ver cómo está!
Entiendo que Grace no pueda dormir. Yo solo he conseguido unas cuantas horas a ratos, pero estar con la música «a toda hostia» hasta altas horas de la noche... no me parece normal.
Nash: ¿Por qué? La puedo oír. Está con su rollo de enfado y ¡no quiero meterme en eso!
Penny: Puede estar en peligro.
¿Va en serio? ¿Tres cadáveres y no le parece necesario ir a ver cómo está su hermana?
Quiero gritarle, pero lo único que puedo hacer es esperar su respuesta.
Mi atención está repartida equitativamente entre el móvil y la tele, donde una reportera explica que se ha hallado otro cadáver «tirado» en un aseo.
Aún no han dicho su nombre, pero es Mae. Su amiga la vio. No puedo imaginármelo. Ya es bastante traumático encontrar a alguien muerto, pero si encima es tu amigo, tiene que ser horrible.
A Mae la han encontrado en el cine, un lugar en el que Jackson nunca actuó, y nadie está seguro de lo que eso significa. ¿Acaso el nuevo asesino ahora va por libre? La reportera ha dicho que será más difícil atraparle si ya no está copiando a Jackson.
También informa de que los federales están investigando aún y, de momento, no harán ninguna declaración.
«El asesino ahora va por libre». Eso es en lo único que puedo pensar, obsesivamente.
Creíamos que en el cine estaríamos más o menos a salvo porque Jackson nunca pasó por allí. No vuelvo a salir a la calle, salvo para encontrarme con Nash y sentarme en su coche un rato.
Eso podría significar que el doble asesinato de la Noche del Diablo, como la llamamos aquí, no ocurrirá. Podría significar que el nuevo asesino está disfrutando un poco demasiado con esto. Podría haber más cadáveres.
Dios, ahora puede pasar cualquier cosa.
Es una idea escalofriante.
Las pocas decoraciones de Halloween que tenía en mi cuarto están ahora en una caja en el suelo. No quiero nada de eso.
Una cosa es segura: tengo que preguntarle a Zayn si él llamó a la poli para denunciar a Nash, y a este preguntarle quién ha estado en su casa. ¿Quién es el que conduce la nueva pickup , el que se parece tanto a su padre?
Igual es algún tío suyo. Debe de haber cosas que su padre no le contó. Quiero decir, había ya un montón de cosas que su padre nunca le dijo.
Nash: No me contesta.
¡Oh, vamos! Le daría de tortas...
Penny: ¡Pues entra!
El corazón me late con más fuerza mientras espero la respuesta. Nadie ha visto a Grace desde que se fue del cine. Se la podrían haber llevado. No comprobamos si su coche ya no estaba en el aparcamiento del cine, suponiendo que hubiera aparcado ahí.
Nash: No está.
Penny: Voy para allá.
Nash: No. ¡Tu padre te matará! Yo la encontraré.
Pero no le contesto porque ya estoy cogiendo la sudadera y las llaves.
El miedo me sube por el cuello y me lo aprieta como si estuviera tratando de estrangularme. Grace no puede estar muerta. No puedo perderla. Nash no puede perderla.
Bajo sigilosamente y avanzo de puntillas con una silenciosa urgencia; no quiero despertar a mis padres, pero necesito llegar a casa de Nash lo antes posible. Salgo por la puerta de atrás y la cierro cautelosamente, apretando los dientes cuando hace clic.
Tengo el coche en la entrada, usarlo sería lo más rápido, aunque es arriesgarme mucho, porque podría despertar a mis padres. Sin embargo, esta madrugada el tiempo no corre a mi favor, así que no tengo elección.
Mis padres suelen dormir profundamente: espero que eso baste.
Normalmente se despiertan sobre las seis, lo que me da un par de horas antes de tener que estar en casa, fingiendo estar dormida en la cama. Quizá tenga suerte y realmente consiga dormirme cuando vuelva.
Aprieto el botón de encendido con suavidad, como si eso fuera a afectar al ruido que hace el motor al encenderse.
Con una mueca de dolor, arranco y salgo a la carretera, sin dejar de mirar por el retrovisor para ver si se enciende alguna luz en su dormitorio, pero cuando tuerzo la esquina, sigue a oscuras.
Voy bien.
Suena mi móvil en el coche. Nash.
Pulso para responder.
—¿La has encontrado? —pregunto.
—¿Por qué estás conduciendo? Penny, no seas estúpida. Vuelve a casa. Tus padres. El asesino. No es seguro.
—No pasa nada. Estaré de vuelta antes de que se despierten. ¿Adónde puede haber ido?
—Hay un asesino suelto por ahí. No quiero que te arriesgues.
—Estoy bien. ¿Dónde está Grace? —repito.
—No tengo ni idea. No ha dejado ninguna nota. No deberías venir aquí.
—Quizá tendrías que llamar a la poli. Algo malo puede haberle ocurrido.
Deja escapar un largo soplido.
—No puedo pensar en eso.
—Tenemos que hacerlo, Nash.
—Probablemente haya ido a casa de su novio.
—Así que tiene uno.
—Pasa mucho tiempo con alguien del trabajo.
Lo que suponía. El tipo que le gustaba.
—¿Crees que estará con él?
—Quizá. No lo sé. Eso espero. Ese gilipollas está imitando a mi padre, así que no le hará daño a Grace, ¿verdad?
—No podemos estar seguros, pero esperemos que no.
Tuerzo hacia el centro y paso por la calle del cine. Ahora está muy tranquila. Aún faltan horas para que salga el sol, pero puedo ver la cinta amarilla que acordona el edificio.
—Ya casi estoy al final del pueblo. Llegaré a tu casa en unos minutos.
—No creo que sea una buena idea que salgas sola.
—Estoy en el coche.
Le oigo abrir la puerta principal, y sonrío para mí.
—¿Me estás esperando?
—Date prisa —me dice como respuesta.
—Ve a llamarla otra vez. Te veo en dos minutos.
En este momento no debería estar sonriendo, pero no puedo evitarlo. Es como en los viejos tiempos. No hay el más mínimo indicio de que esté decepcionado o enfadado conmigo. Quiero entregarme a lo que esto significa, pero no puedo. Hay que centrarse en Grace.
Nash está fuera cuando paro en su granja.
—Me estoy preocupando de verdad —me dice al abrirme la puerta.
—¿No has averiguado dónde está?
—No contesta. Incluso he intentado llamar a Omar, porque estuvieron hablando antes, pero no me lo coge.
—¿Zayn? —propongo con un gemido—. Parece saber muchas cosas.
—No creo que Grace hable con él.
—No, pero se la quedó mirando cuando ella se fue.
—¿En eso basas todo esto? —pregunta mientras se detiene un momento para alzar la mirada del móvil.
—Es la manera en que la miró, Nash, como si tuviera mucho que decir. No sabemos dónde está ni quién es su novio, así que vale la pena intentarlo. Llámalo.
—Vale, pero será mejor que lo hagas tú.
—Bueno. —Cojo el móvil y llamo a Zayn. Lo coge a la tercera.
—Penny, pero ¿qué demonios de horas son estas? Será mejor que tengas un buen motivo para llamarme antes de que...
—¿Está Grace contigo?
Nash abre mucho los ojos. Me lanza una mirada que dice: «¿De qué vas?». Pero ya no estoy jugando; no tenemos tiempo que perder.
—¿Qué? No, son..., mierda, las cuatro y media de la mañana. ¿Por qué iba a estar conmigo?
—Nash no la encuentra.
Gruñe adormilado.
—Pen, tienes que volver a la cama y pensártelo un momento antes de que te vuelvas a obsesionar con Nash.
Me giro, con una mueca de dolor. No hay forma de que Nash no haya oído eso.
—Zayn, ¿la has visto o no?
—No. —Gruñe de nuevo—. Estaba durmiendo, como deberías estar tú. No he visto a nadie. Y por cierto, ¿dónde estás tú... y qué estás haciendo?
—Nada. Me ha enviado un mensaje.
Zayn no podrá comprobar dónde estoy porque he quitado el Find My. En cuanto Nash me mencionó que Zayn había estado raro con él, lo desinstalé.
—Vuelve a dormir. Seguramente Grace está con algún tío.
Sí, claro, pero ese tío puede ser el asesino.
—Adiós —digo, y cuelgo—. No ha servido de nada.
—Podemos suponer que no está con él.
—¿Hay alguien más aquí? —pregunto.
—Solo tú y yo, Pen.
¿De verdad?
—El día que te llevaron a comisaría...
Ambos giramos en redondo cuando un golpe seco proveniente de uno de los cobertizos nos hace dar un bote.
—¿Qué ha sido eso? —pregunto mientras me agarro a su brazo—. ¿Nash?
No tiene ningún animal en la granja.
—Quédate detrás de mí. ¿Grace? —llama.
Aprieto los labios para no hiperventilar. La granja está envuelta en la oscuridad, y hace mucho más frío del que me esperaba. Me atraviesa la fina sudadera que he cogido a toda prisa.
—Eso no es Grace —susurro.
—Creo que ha venido del viejo taller de mi padre.
—¡Mierda, no! Ahí no entro.
—Pues claro que no entras. Vuelve al coche y pon el seguro de las puertas.
—No.
Suspira irritado.
—¿Podrías no discutir conmigo por una vez?
Me aferro a él con más fuerza.
—No voy a dejar que te cosan a puñaladas estando solo.
—Esto no es ninguna mierda a lo Romeo y Julieta.
—Ya lo sé. A ellos no los asesinaron.