16
Corremos hacia el origen del grito, y Nash me pone detrás de él. Un agente y dos policías nos adelantan a toda velocidad y entran al aseo de discapacitados, que alguien de mi instituto está señalando.
—¿Crees que es...? —murmuro detrás de Nash, mientras miro por encima de su hombro.
«Otro asesinato».
—No lo sé. ¿Dónde están Adi, Omar y Zayn?
Recorro el vestíbulo con la mirada buscando a mis amigos; el estómago se me retuerce porque no tengo ni idea de dónde están y eso me da un miedo terrible.
—Seguirán en la sala, ¿no? Nash, ¿no será uno de ellos quien estaba ahí dentro? —El corazón se me cae a los pies e intento pasar delante de él, frenética por localizarlos—. ¡Tenemos que encontrarlos!
Me eleva con los brazos un segundo después.
—Para. No vayas aún a ninguna parte.
—¡Vamos! ¿Dónde están? ¿Por qué no podemos ir a buscarlos?
—Tranquila. Eh, no pasa nada. —Vuelve a dejarme en el suelo, pero no me suelta—. Mira, hay dos polis fuera de la puerta del cine que paran a cualquiera que quiera salir o entrar. ¿Lo ves? Estarán aquí dentro, y ninguno de ellos usaría el aseo de discapacitados.
—¡Adi lo hace si hay mucha cola en el de mujeres! ¡Nash!
—Sssh, están bien.
Torpemente, saco el móvil, pero se me cae entre los dedos. Nash lo coge al vuelo, dejando caer su caja de caramelos. Usa mi móvil y llama... no sé, a uno de ellos.
Lo miro con el corazón en un puño mientras suena la llamada, y trato desesperadamente de oír por encima del alboroto del vestíbulo.
Los ojos cristalinos de Nash captan los míos, y sonríe.
—Adi, soy Nash... ¿Están Omar y Zayn contigo? —Asiente para decirme que están todos juntos—. Bien.
«¡Oh, gracias a Dios!».
—No lo sé. Sí, estamos en el vestíbulo... No, tampoco nos dejan movernos. Los polis han bloqueado todas las salidas.
—Muy bien; necesito que, por favor, dejen sus teléfonos y entren en la sala dos. Por aquí, por favor —indica una agente. Nos lleva mientras otro agente sale afuera, seguramente para hacer que todos los que están ahí o bien entren o bien se queden donde están.
—¿Qué ha pasado? —pregunto.
Ella pasa la mirada de mí a Nash, que ya no está con el móvil, y levanta la palma de la mano. Alguien nos ha reconocido. Mientras asiente a otro agente, nos hace un gesto para que la sigamos a un lado.
—¿Habéis visto algo?
—No, estábamos fuera —contesta Nash.
—¿Hay alguna manera de que el personal pueda salir desde detrás de la pantalla al vestíbulo? —pregunto.
Los aseos están a lo largo del pasillo, justo después del mostrador y la taquilla. Por lo que sí se puede salir desde las pantallas hasta los aseos sin pasar por las salas...
Nash me lanza una mirada.
—No estoy segura. ¿Por qué lo preguntas? —responde ella.
—Vi a alguien durante la película —le digo a la agente.
—¿A quién?
Se lo explico todo; le digo que no tengo ni idea de quién era, pero que iba enmascarado y pasó por detrás de la pantalla.
Nash le confirma que se lo he comentado, pero que él no ha visto a nadie. La sala estaba oscura, y lo percibí porque casualmente yo estaba mirando alrededor. Un hecho que hace fruncir el ceño a la agente.
No estoy haciendo más que incriminarme. Debería dejar de contarles las cosas que he visto. Tampoco es que haya sido como un libro abierto. Pero el asesino podría seguir en el edificio, escondido en pasadizos ocultos.
—¿Los dos estuvisteis sentados durante toda la película? —pregunta ella.
—Sí.
—Claro.
—Hay una sala llena de gente que lo puede confirmar, agente. Además de las cámaras de seguridad —dice Nash, tenso. No es un fan de los federales.
La agente se vuelve hacia él.
—Nash, ¿has hablado con tu padre desde el primer asesinato?
Él se tensa visiblemente.
—No, agente, ahora ustedes se encargan de su alojamiento.
Le doy en el brazo disimuladamente. Tampoco yo soy una gran fan de la sospecha constante, pero al menos trato de bajar el tono de mi sarcasmo... o limitarlo a mi cabeza.
—¿Qué ha pasado? —vuelvo a preguntar—. ¿Ha habido otro asesinato?
—Se ha encontrado un cuerpo, sí.
Oh, Dios.
—¿Quién es? —digo casi sin voz.
—Me temo que en este momento no puedo decirlo.
—¿Ha sido alguien que estaba viendo la peli?
—Penélope, no puedo divulgar ninguna información todavía, lo siento. Gracias por vuestras declaraciones. Deberíamos unirnos a los otros —dice la agente.
Nash me lleva a la sala y nos quedamos al fondo. La agente que nos ha preguntado sigue con lo suyo. Juntos, su colega y ella van de grupo en grupo. Esta vez, nadie parece acusar a Nash. Nadie que yo pueda oír, claro.
—Esto es una locura —susurro—. No pensaba que el asesino fuera a atacar en público. Aquí hay mucha gente. Esto no es como tu pa... Jackson.
Nash niega con la cabeza. Tiene las mejillas pálidas de la impresión.
—Tienes razón. ¿Por qué?
—¿Un imitador saliéndose del guion u otra persona?
—Dos asesinos.
—Dejemos de hablar de eso —digo, alzando la palma—. No quiero ni pensar que haya más de un asesino por ahí suelto.
—Pero podría ser un equipo —sugiere él.
Pues parece ser que estamos hablando de eso.
—Sí, supongo. Tendría sentido. ¿Cómo si no transportarían los cadáveres con tanta facilidad? Uno debe de conducir mientras el otro mueve el cuerpo. Pero actuarían juntos en todos los asesinatos, ¿cierto? No dos asesinos independientes, y, por favor, ¿podemos dejar esto?
—Ahora nadie puede decir que lo haya hecho él —susurra alguien detrás de nosotros.
Entrecierro los ojos, y eso hace reír a Nash.
Se encoge de hombros.
—Al menos, supongo que yo ya me he librado.
—O estás trabajando en equipo, y esto es un truco para que parezca que eres inocente.
—Afilaré mi cuchillo para el gran final. —Hace una mueca de dolor en cuanto lo dice, y yo me doy cuenta de lo insensibles que estamos siendo.
—No deberíamos bromear.
—Creo que ambos nos hemos ganado un vale para poder hacer unas cuantas bromas de mal gusto..., pero tienes razón, no deberíamos. Tres personas han muerto. Cambiemos de tema, como querías. ¿Estás bien, Pen?
—Claro, otro día en nuestro inquietante pueblo infestado de asesinos. —Se me hace un nudo en el estómago.
Nash y yo nos quedamos apartados mientras todos a nuestro alrededor van charlando unos con otros y hablando de llevar armas. Creo que la mayoría de nosotros tiene espráis de pimienta, pero también he oído hablar de pistolas y cuchillos.
—Gracias por quedaros y responder a nuestras preguntas —dice el agente mientras camina hacia nosotros—. Tenemos vuestros datos y nos pondremos en contacto si necesitamos algo más, así que ya podéis iros.
Gruño.
—Si mi padre se entera de que he estado aquí... —Si se ha corrido la voz, me caerá tal marrón que ni yo me lo voy a poder creer.
—La poli y los federales ya estaban aquí, así que hay una posibilidad de que aún no se sepa —me anima Nash.
—Esta es la última vez que voy a ningún sitio, excepto el insti, hasta que cojan al asesino.
—Se te da muy bien lo de escabullirte, Pen.
—Eso es cierto, pero no es una buena idea. Además, mis padres oirían mi coche, y no pienso ir andando a ninguna parte nunca más.
—Te recogeré en la calle.
Vamos saliendo por la puerta y busco a Adi, a Omar y a Zayn. Nash parece bastante interesado en volver a quedar, así que tiene pinta de que voy a escaparme otra vez cuando mis padres se vayan a dormir.
—Deben de estar fuera —dice Nash—. Vamos.
Probablemente hayan dejado salir antes a los de la sala de proyección.
Salimos fuera y lo primero que noto es la ausencia de periodistas y de gente esperando los cotilleos.
—No hay nadie aquí —digo.
—¿Lo ves? La poli y los federales ya estaban en la escena. Los periodistas no han tenido a nadie a quien seguir. Los residentes no han podido ver coches de policía desde la ventana.
Por eso nadie lo sabe.
Lo único que tengo que hacer es lograr que me dejen en casa, y mis padres nunca se enterarán de que he estado aquí.
Echo otra mirada alrededor y cada persona que veo está ahora colgada de su móvil. La noticia no tardará en conocerse. Debería enviar un mensaje a mi padre y decirle que vuelvo enseguida a casa.
—Ahí están —dice Nash, y señala hacia la calle. La gente está alineada sobre la acera. Muy pocos se han ido ya a su casa. Probablemente quieran selfis en la escena del crimen.
Nash y yo nos abrimos paso entre la gente hasta llegar a nuestros amigos.
—He oído que es Mae —dice Zayn, con la cara cenicienta.
—¡No! ¿Quién te lo ha dicho?
—Freddy se lo oyó a Dulcie, que estaba detrás de Milie y Gunner cuando la encontraron —contesta Adi sin respirar.
Zayn señala con la barbilla en su dirección.
—Es lo que ha dicho ella.
—Mae. —Meneo la cabeza—. No puede ser ella. Era... mi amiga.
—Puede que no sea ella —dice Nash, y me pone la mano en la espalda justo cuando el móvil me empieza a sonar.
—Mi padre —informo.
—Penny, me acabo de enterar. ¿Estás bien?
Me aparto y me aprieto el móvil a la oreja.
—Sí, estoy bien, papá. Acabamos de oírlo, así que estamos a punto de subir al coche de Zayn para volver a casa.
—Puedo ir a recogerte, Penny.
—Sí, pero estamos justo a punto de salir por la puerta. —Agito la mano hacia mis amigos, que están todos con sonrisitas ante la enorme mentira que le estoy largando a mi padre. Adi está con el móvil, seguramente enviando un mensaje a su madre.
—¿Te dejará justo delante de casa?
—Ya sabes que sí, papá.
—Mamá y yo te estaremos esperando en la puerta.
—Os veo en diez minutos —le digo, y cuelgo.
Omar está meneando la cabeza hacia mí.
—Vaya, vaya, mintiéndole a papá.
—Cierra la boca. ¿Vas a decirles a tus padres dónde has estado esta noche?
—Esa información se queda aquí. Vamos, Zayn, tienes que llevarnos a casa antes de que salgamos en alguna foto.
—Yo también tengo que largarme —dice Nash—. Hasta la vista, tíos.
El corazón se me encoge y hace que me sienta como una gilipollas total.
—Espera. —Le cojo la mano y tiro de él, que da un paso atrás—. ¿Cómo vas a llegar a casa?
Hace una mueca.
—Grace me trajo y luego se fue a casa de una amiga.
Luego volvió aquí, habló con Omar y Nash, y se volvió a ir.
Está claro que no se fía de nosotros.
—Cabéis todos en el coche. Vamos —dice Zayn.
—No tienes tiempo de llevarme a casa primero, y el padre de Penny la está esperando.
—Ya se le pasará. No me importa si te ve.
Alza una ceja.
—¿De verdad?
—Sí, claro, porque tu papi solo se puso como un loco la última vez que hablaste con Nash —suelta Omar mientras le da una palmada a Nash en el hombro.
Nash le devuelve el golpe, meneando la cabeza y riendo.
—No quiero filmar en el cine por respeto a Mae, pero, tíos, no vais a poder decir ni hacer nada que me impida grabar la reacción del padre de Penny cuando vea a Nash en el coche.
No le va a molar nada de nada. —Adi está animada, con los ojos brillantes, gesticulando en todas direcciones, y los dientes también le brillan al sonreír.
—Estás enferma, ¿lo sabes? —le suelto.
—¡Vámonos! —insiste Zayn, alzando los brazos.
Nos amontonamos en su coche y mis nervios se convierten en algo físico. La bilis me sube hasta la garganta, y con asco tengo que tragármela. Mae está muerta. Hoy he hablado con ella en el insti y la he saludado en el cine. Y ahora se ha ido.
Zayn gira hacia mi calle y yo trago aire.
Nash me mira de reojo, como si supiera lo que estoy pensando.
—Puedo agacharme —dice.
Le pongo la mano en el antebrazo.
—No.
Adi, claro, tenía toda la razón al decir que a mi padre no le iba a molar nada.
En cuanto lo ven, sus rostros se vuelven furiosos. A mi padre se le hincha la vena de la frente.
—Aquí estamos —murmura Zayn mientras para el coche.
—¡Penelope! —suelta mi padre en cuanto salgo del coche.
—Papá, por favor, no...
—¿Qué estás haciendo con él? —Casi ni puede mirar a Nash.
Aprieto los puños mientras una ardiente furia me enciende el estómago.
—No hables de él así. No hemos hecho nada malo. ¡Él no ha hecho nada malo!
—Entra en casa.
Cruzo los brazos sobre el pecho.
—No.
Mi madre interviene.
—Penelope, haz caso a tu padre.
—Me he hartado de actuar como si no existiera. No teníais ningún derecho a obligarme a hacerlo.
—Estamos aquí para mantenerte a salvo, así que harás lo que te digamos.
—Muy bien. —Me vuelvo hacia mis amigos. Hacia Nash—. Nos vemos luego, ¿vale?
—Y una mierda —suelta mi padre para sí.
Oh, sí que lo haré.