15 #3
Me incorporo mientras la sala se va vaciando lentamente.
El resto de mis amigos ya están de pie. Omar y Zayn ríen y se dan collejas.
Es como si Nash nunca hubiera faltado. Los chicos van por delante, para comprar más dulces antes de que empiece la segunda película, en veinte minutos.
Adi y yo salimos con lo que debe de ser como la mitad de los espectadores.
—Y bien —dice Adi, agitando las cejas—. ¿Cómo están las cosas con Nash?
—Volvemos a ser amigos, creo. Ha aceptado mi invitación para venir aquí. Eso debe de querer decir algo. Espera, ¿crees que quiere decir algo?
—Amigos. Sí, claro.
—¡Adi!
Le doy con el codo mientras Zayn y Nash vienen hacia nosotras.
—¿Dónde está Omar? —pregunto.
Nash me pasa una caja de ositos de goma.
—Estaba con nosotros hace un minuto.
Me pongo seria.
—¿Ha desaparecido?
—¿Cómo va esa paranoia, Pen? —bromea Zayn—. Ha salido afuera.
—No lo he visto.
—No, claro, porque está justo detrás de ti hablando con mi hermana —explica Nash frunciendo el ceño.
El resto volvemos la cabeza de la manera menos sutil posible. En la acera están Omar y Grace. Adolescentes con un subidón de azúcar y disfrazados corren a su alrededor. Ni Grace ni Omar alzan siquiera la mirada.
—¿De qué va esto? —pregunto.
Nash se aleja de nosotros y va hacia su hermana.
—Eh, ¿lo seguimos? —pregunta Zayn—. ¿Cuál es el protocolo en situaciones así?
—Grace no es una gran fan nuestra.
—Tuya. El resto no le rompimos el corazón a su hermano. —Zayn sonríe. Sé que no pretendía ser desagradable, pero eso ha sido un golpe bajo.
Adi le da con la mano.
—No eres tan divertido como crees, burro.
—Ella sabe que estoy de broma. A Grace se le pasará. No son los únicos afectados por lo que hizo Jackson. Todos hemos necesitado tiempo.
Resulta un poco patético meternos en el mismo saco que a los hijos de Jackson. Por lo que han pasado ellos, no se puede comparar.
Sin hacer caso a Zayn y a Adi, me centro en los tres que tengo delante. Ojalá supiera leer los labios. Grace no parece enfadada. No sé qué le estará diciendo Omar, pero él frunce el ceño, y Nash está de espaldas a mí.
—Eso es tan raro —susurra Adi—. ¿Va a venir con nosotros?
—Eso espero —contesta Zayn—. Sigue estando tan buena como siempre.
—Y sigue teniendo tan poco interés en ti como siempre —replico yo.
—Guau, Pen. Estoy impresionado —dice él.
—Gracias.
Después de otro minuto hablando, Grace se da la vuelta y se va. Pero no antes de lanzarme una intensa mirada. Sus ojos azul oscuro me envían una advertencia: «No vuelvas a putear a Nash».
Es como si pensara que yo planeé todo el asunto. El festival de asesinatos de Jackson, todo el pueblo volviéndose contra ellos, mis padres prohibiéndome acercarme a los Whitmore.
Me mantuve alejada porque no tenía otra opción.
—¿Grace está bien? —pregunto a Nash cuando Omar y él regresan.
—Sí.
—¿Qué estaba haciendo?
—Asegurándose de que íbamos en serio —contesta Omar, sonriendo de medio lado a Nash—. No quería que esta noche fuera alguna broma pesada. Al estilo Carrie .
—¿Creía que le íbamos a tirar sangre de cerdo por encima? —pregunta Zayn.
Pongo los ojos en blanco.
—¿Qué?
—Olvídalo, Penny. Ya se ha ido —dice Nash.
—¿Se ha pensado que te había invitado para dejarte?
Se encoge de hombros.
—¿A quién le importa lo que haya pensado Grace?
A mí sí. La verdad es que seguramente me importa demasiado. Pero paso a paso. Nash primero y luego Grace.
—¿Adónde va ahora?
—Ha quedado con un amigo —responde Nash.
Quizá un novio. Y me gustaría mucho conocerlo, para ver si tiene una gorra azul como la de Jackson.
—Debemos volver a entrar ya. Odio cuando la gente llega tarde y pasa por delante de la pantalla. Burros desconsiderados —indica Adi.
Omar ríe.
—Lo sabemos. Hemos estado un montón de veces cuando les has gritado.
—¡Deberían llegar puntuales! No quiero ver nada que no sea la peli.
—¿Alguien más ha visto a una persona pasar por detrás de la pantalla y salir por la puerta de emergencia? —pregunto, esperando que alguno de ellos se haya fijado.
—No, ¿por qué? —responde Omar.
—Fue como a media peli. Me ha parecido raro. Ya sabes, que alguien se esconda detrás de la pantalla todo ese rato.
—El personal usa esas puertas, Pen —me explica Zayn—. Puedes pasar de una sala a otra por ahí detrás. Es otra manera de salir si hace falta. Las solía usar mucho cuando trabajaba aquí.
—¡Vamos, no voy a llegar tarde! —dice Adi mientras agarra a Omar por el brazo. Este agarra a Zayn y tira de él hacia ellos.
Zayn mira hacia atrás, pero no hace nada. Nadie está haciendo que Nash o yo los sigamos.
—Eh, ¿qué es lo que te preocupa? —pregunta Nash, y me coge la mano para que no me vaya—. Puedo ver que te estás poniendo nerviosa.
—No lo sé —contesto, y miro alrededor, buscando... al hombre de la máscara. Seamos sinceros. Lo veo por todas partes, pero solo unas pocas veces ha estado ahí realmente.
—Vuelves a estar pálida. No tanto como antes, pero ¿estás comiendo bien?
—Estoy bien, Nash.
—No estás bien.
Estoy a punto de defenderme, pero a ambos nos interrumpe un agudo grito procedente del interior del cine.