13
Por la mañana, mi padre me deja en el insti. Lo despido con un medio gesto de la mano por encima del hombro, aún ardiendo de furia por la gran bronca que tuvimos anoche.
Soy «poco de fiar» e «insensata».
Son hechos, no puedo negarlos, pero ellos no tienen ni idea de lo duro que es cuando echas de menos a alguien a quien el resto del mundo odia. Cuando tienes que mantenerte lejos de alguien cuyo único crimen ha sido ser engendrado por un asesino.
Adi corre hacia mí en el mismo instante que cruzo la puerta, ansiosa por cotillear.
—¡Te estuve llamando como, literalmente, un millón de veces! —exclama—. ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?
—¿Literalmente un millón de veces?
—¡Penny! ¿Qué ha pasado?
—Ugg. Mi padre me confiscó el móvil. Ahora me lo ha devuelto porque necesita poder contactar conmigo en todo momento. Estoy tan tan cabreada, Adi.
—Tía, qué mal rollo. ¿Qué te dijo la mujer del FBI?
—Lo mismo que los polis. Mira, esto se va a saber pronto, así que más vale que te lo diga ahora. En el Festival del Grito, vi a alguien con la máscara de Jackson. Y más de una vez, la verdad.
—¡¿Qué?! —grita. Su voz rebota en las paredes y repica en las taquillas. Todos los que están en el pasillo se giran para mirarnos.
—Muy sutil.
—¿Tú lo viste?
—No a Jackson, evidentemente.
«¡Al doble!», grita mi mente. Al amiguito, sea quien sea. Uno que espero que solo se parezca a Jackson en mi mente paranoica.
Debería haberle dicho a Rosenthal que vi a alguien en la granja de Nash. También debería haberle mencionado la otra vez que vi la máscara, y que Nash estuvo en el huerto de calabazas.
Pero soy una «mentirosa insensata», así que eso es lo que hay.
Le explico a Adi lo que vi y le digo que me lo guardé para mí porque no estaba segura. Tampoco sabía si me estaba volviendo loca. Por primera vez en su vida, me escucha en silencio, con la boca tan abierta que casi le toca el pecho.
—¡Madre mía! —susurra una y otra vez mientras recorremos el pasillo.
En el insti, todavía están las decoraciones. Hay murciélagos por todas partes. Las telarañas cubren los tablones de anuncios.
—Esto está pasando de verdad, Penny. ¿Cuándo crees que los polis dirán que se trata de un auténtico imitador?
Me encojo de hombros.
—Rosenthal no me dio exactamente la exclusiva de sus asuntos. Creo que no le caigo muy bien. Noté como una mala vibra. Piensa que le estoy ocultando cosas.
—¿Qué cosas?
Bajo la voz para contestarle.
—El hecho de llevar a Nash a su casa y quedar con él, y eso. Se suponía que Zayn te lo iba a contar, pero entonces Ruby... Supongo que se le fue de la cabeza.
Voy de sobrada.
Estoy por encima de todo.
Adi parpadea con fuerza tres veces. Sus pálidos ojos están cargados de tantas preguntas que sé que me hará contestarlas.
—Ni siquiera sé qué decir o por dónde empezar. Pero ¿qué mierda, Penny? ¿Por qué no me has contado todo esto? No puedo creer que hayas visto a Nash.
—Hablas un montón para ser alguien que no sabe qué decir.
—¡Penny! —Me agarra el brazo y me hace acercarme a ella—. ¿Cómo estaba Nash?
—Dolido, asustado, solo.
Ladea los ojos, es la mirada de la culpabilidad. Esa la conozco bien.
—¿Tiene una coartada para los asesinatos?
—Estaba en casa con Grace —le contesto—. Espero que eso sea suficiente.
—Yo también lo espero, aunque...
Aunque Grace es su hermana y lo encubriría.
—¿Cuándo habéis quedado para encontraros? Quiero ir —dice.
—Ya ha pasado, pero él no apareció.
—¿Cuándo? ¿Por qué no apareció?
—La noche antes de que nos coláramos en el Benji’s. Los polis fueron a su casa justo antes de que saliera para encontrarnos.
Adi frunce el ceño.
—Eso es cuando se suponía que debías estar en mi casa con Zayn y Omar, ¿no?
—Sí, ¿por qué?
Sacude la cabeza y el ceño se le frunce más aún.
—Adi, ¿qué?
Durante unos inacabables cinco segundos, no dice nada. En su cabeza, está juntando las piezas como en un puzle.
—No sé. Esto podría ser una coincidencia, y probablemente lo es, pero Zayn estuvo al teléfono todo el rato que se quedó en mi casa, y luego se fue corriendo. Pero él no enviaría a la poli a por Nash, ¿verdad?
El estridente timbre suena fuerte sobre nosotras, y ambas pegamos un brinco.
—Apareció esa noche para recogerme. Dijo que había supuesto que me encontraría con Nash, así que rastreó mi móvil. Por cierto, apaga el Find My si quieres algo de intimidad. No tiene sentido que él llamara a la poli.
—Bueno..., lo rechazaste porque sigues totalmente colgada de Nash.
—No, eso está superado. Hemos hablado de ello.
—¡Madre mía, ya no me cuentas nada!
—Perdona —digo mientras ambas retrocedemos unos pasos; para ir a clase tenemos que tomar caminos separados, pero también tenemos que averiguar qué está pasando.
—¿Deberíamos preguntar a Zayn si largó sobre Nash?
Niego con la cabeza y doy otro paso atrás.
—No, todavía no. No quiero que piense que lo estamos acusando de algo.
—Agg, odio ir a clase. Y aún tengo muchísimas preguntas.
—Después, Adi.
—Vale, hablamos en la comida —dice mientras se vuelve para correr a su primera clase.
El día se arrastra lentamente. No se hace nada, todos los que han venido al insti están hablando de la liberación de Karter, de los asesinatos de Noah y Ruby, y del «asesino en serie de este año» como si ahora fuese un evento anual.
Esa idea me provoca arcadas.
Durante la comida, Zayn está con nosotras todo el tiempo, por lo que no puedo hablar con Adi.
Hacia el final del día, estoy ansiosa por largarme.
Estoy cansada de las evasivas de Nash y Zayn. Estoy cansada de ver cadáveres y de que me interroguen.
Me froto el picor de los ojos e intento enfocarlos. Tengo el estómago revuelto. Me salté el desayuno, casi no he tomado nada a la hora de comer y anoche solo picoteé algo en la cena. Tengo hambre, pero no puedo comer.
—Penny, ¿va todo bien? —pregunta la señorita Byers con las manos sobre mi pupitre mientras me mira como si pensara que me voy a desplomar. Lleva un vestido violeta estampado con sombreritos de bruja negros.
—No he dormido bien y tengo como náuseas.
—Estás muy pálida. Creo que deberías ir a ver a la enfermera y luego a casa —dice.
No tengo el coche aquí, pero la caminata hasta casa de Nash solo me llevaría diez minutos si corto por el campo de maíz que hay junto al huerto de calabazas.
Algo que he hecho cientos de veces.
Solo tengo que asegurarme de estar de vuelta en el insti para cuando llegue mi padre a recogerme. No habrá problema. Con suerte.
—Gracias, lo haré —contesto; recojo mis cosas y salgo de la clase como si se hubiera declarado fuego.
El pasillo está vacío mientras me dirijo al despacho de la enfermera, así que no tengo que fingir ante nadie más. Lo cierto es que no me siento muy bien y tendría que irme a casa.
Con solo mirarme, la enfermera determina que yo no tendría que estar en el insti. Al parecer, tengo peor aspecto del que creo. Mientras salgo de su despacho, finjo llamar a mi madre, y confío en que eso sea suficiente para convencer a la enfermera de que no hace falta que ella la llame.
Salgo del insti, y funcionando solo con adrenalina me dirijo directa a casa de Nash. La última manzana antes de que los campos de maíz dominen el panorama tiene tenebrosos espantapájaros colocados por las aceras.
La calle de los espantapájaros es donde solíamos comenzar Halloween. El tour «fantasma» del espantapájaros. Este año incluye un Ghostface relleno de paja, a Chucky, fantasmas y trasgos.
Cuando llego al borde del campo, vacilo. Recorrer la calle de los espantapájaros solía marcar el comienzo del truco o trato; este año podría llevarme a la muerte.
El pueblo queda a mi espalda; cientos de casas bonitas y jardines con gracia. Una plaza de postal y tiendas independientes. Por delante hay kilómetros y kilómetros de campos de maíz y granjas. Todos están muy separados y con mucha intimidad.
Las tierras de Nash son probablemente las más extensas, aunque no las usan mucho.
Debería ser más lista y volver a la seguridad.
El maíz está más alto que yo. Sé adónde voy; está cruzando el campo un poco en diagonal, y las hileras de maíz hacen más fácil ver el camino.
Solo tengo que atravesar dos hileras muy anchas para saltar la valla, cruzar el siguiente campo, y llegaré a la granja Whitmore. Cierro los puños unas cuantas veces. Si quiero estar de vuelta a tiempo, tendré que coger la ruta más corta.
Ruby fue hallada en el váter del huerto de calabazas, que está justo al lado de este campo. El asesino podría haber llegado a través del maíz para evitar que lo vieran, pero ese es un largo camino para cargar con un cuerpo.
No quiero ni pensar en cómo eso relaciona el asesinato directamente con Nash.
Le sería fácil usar el campo entre su propiedad y el huerto de calabazas para evitar ser visto.
Es fuerte, pero no estoy segura de que pudiera cargar con un cadáver por un campo de cuatro kilómetros cuadrados, y luego otros cuatro kilómetros a través del maíz.
En cuanto esté allí, no se me verá.
Eso es o bien una buena cosa, si el asesino está de caza... o algo muy muy malo.
Después de mirar alrededor para asegurarme de que estoy sola, me trago el miedo y me meto entre el maíz. Desaparezco entre las largas hojas en un abrir y cerrar de ojos.
Avanzo separando las ramas y apartando las telarañas que se me pegan a la ropa, hasta que llego al primer claro. Un largo sendero que lleva al límite del campo. Será más seguro ir por ahí hasta el final y luego abrirme paso entre el maíz hasta llegar a la esquina del campo.
Como solo puedo ver maíz y barro, me apoyo mucho más en lo que oigo. A lo largo de la otra punta de este campo, se halla la parte vieja del pueblo.
Me sobresalto por algo que corretea por el suelo. Pego botes, levantando mucho las rodillas, como si estuviera entrenando. Algo pequeño y gris corre a toda prisa ante mí.
¡Odio los ratones!
¿Cuántos más de esos habrá por aquí? Podría tener cientos cerca. Mejor no pensarlo.