El acecho 12 #2
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12 #2

—Lo estamos investigando, pero no podemos divulgar ninguna información.

—¿Se va a cerrar el instituto? —La pregunta viene del fondo de la sala. No reconozco la voz.

—Por el momento no se contempla cerrar los centros de enseñanza. Habrá agentes presentes por el campus de la escuela primaria y secundaria, para garantizar la seguridad de los alumnos. Recomiendo compartir coche o coger el autobús. Si tenéis que caminar, hacedlo en grupos grandes.

La última parte iba dirigida a los adolescentes.

Somos a los que están cazando.

—¿Esa persona lleva una máscara como la de Jackson? Es un imitador, ¿no?

Buena pregunta.

—No se ha visto ninguna máscara, así que nos mantenemos abiertos a todas las posibilidades y trabajamos en cualquier línea de investigación.

Me muerdo el labio. Yo he visto a alguien con una máscara ya dos veces. La misma máscara. Podría decirlo, pero entonces tendría que admitir haber salido de casa sin permiso.

Aun así, que supieran con seguridad que están buscando a un imitador podría contribuir a acotar más su investigación.

—¡Sí, es evidente que este monstruo está copiando a Whitmore! —suelta alguien en las filas delanteras.

—No podemos especular.

Rosenthal nos informa sobre qué hacer en caso de que alguien vea algo sospechoso y nos dice que cojamos un folleto a la salida con información sobre la línea de atención que han abierto.

—Increíble —rabia mi padre—. No saben nada.

Mientras la gente va dispersándose, mis padres y los de Adi comienzan a charlar. Los cuatro se animan comentando cómo la policía está llevando el caso. O no llevándolo. Adi y yo salimos de la fila y buscamos a Omar y a Zayn.

—¿Podéis creerlo? Mi madre ya está hablando de hacerme estudiar en casa hasta que atrapen al asesino —dice Zayn, estremeciéndose.

—No me dejan ir sola a ningún sitio. Mi padre ahora trabaja desde casa y me quiere llevar a todas partes. Voy a volverme loca —les explico.

—¿Cómo vamos a ir a la maratón de Scream de mañana? —pregunta Omar.

Inclino la cabeza.

—Omar...

—Vale. Yo estoy en tu casa, tú en la de Adi, Adi en la de Zayn y Zayn en la mía.

Algo así. El año pasado solo se nos permitía vernos en el insti o en nuestras casas. Podemos aprovechar eso.

—Mis padres también están como locos —dice Adi—. Casi me prohíben salir.

Omar resopla.

—Mi padre quería cambiarme a otro instituto. Incluso mencionó una escuela privada solo de chicos. —Se estremece—. Preferiría que me cogiera el asesino.

—¡Omar! —suelto en un grito ahogado.

Adi le da en el pecho.

—Vale. Demasiado pronto para bromas.

—¿Has visto a esa agente mirándote? —pregunta Adi, tocándome el brazo—. Porque lo está haciendo otra vez. ¡No mires!

Estoy de espaldas a los agentes del FBI. O, al menos, de donde se encontraban cuando Rosenthal estuvo hablando.

—No puedo esperar a charlar con ellos otra vez —murmuro sarcástica.

—Tienes que admitirlo: la novia del hijo del asesino original encuentra los dos cuerpos; resulta sospechoso —dice Zayn con una total carencia de tacto.

—Vale, muchas gracias.

—Hola.

Nos volvemos y encontramos a Rosenthal sonriéndonos. De cerca parece más joven. O usa una crema de noche que hace maravillas o el cabello se le ha encanecido prematuramente. Resulta difícil atribuirle una edad aproximada.

—¿Penelope Langley? —pregunta, como si no estuviera segura, pero me está mirando directamente.

—Yo misma.

—¿Están tus padres aquí?

Sabe que están.

—Sí, están allí —contesto, y señalo a mis padres, que ya están viniendo hacia nosotros.

—¿Podemos ayudarle? —pregunta papá mientras me rodea los hombros con el brazo.

—Hola, señor Langley. Me encantaría poder hablar un momento con su hija.

—¿En calidad de qué?

—Tenemos algunas preguntas, eso es todo.

—Ya les he dicho a los polis todo lo que sé —aseguro.

Rosenthal asiente con una amable sonrisa, tratando de parecer que no sospecha de mí. A pesar de ser inocente, acojona realmente tener a la policía y al FBI preguntándote cosas. No he hecho nada malo, pero me hacen sentir como si fuera culpable.

Mis amigos me observan con los ojos muy abiertos. Adi estaba conmigo cuando encontré a Noah; y Zayn, cuando encontré a Ruby. ¿No deberían los federales hablar también con ellos?

—Lo sé, pero nos ayudaría oírlo directamente de ti, Penelope.

—Penny —la corrijo. La gente usa mi nombre completo cuando estoy metida en un marrón, así que cuando los agentes del FBI lo usan, me devoran todos los malos rollos.

—Penny —dice—. ¿Prefieres que hablemos aquí, cuando se hayan ido todos, o puedo ir a tu casa?

—Aquí —contesta mi padre—. Podemos esperar.

Rosenthal asiente.

—Se lo agradezco.

Cuando se marcha, Zayn frunce el ceño.

—Ella podría leer tus declaraciones.

Me encojo de hombros.

—No pasa nada.

Mientras la gente va saliendo de la sala, yo me quedo atrás con mis padres, cada vez más nerviosa. Trato de fingir que no hay problema. Así que los federales quieren hablar conmigo; pues eso no significa nada.

¿Verdad?

Mis dedos tamborilean sobre el borde de la silla en la que estoy sentada.

—Deberías hacer eso en el piano —dice mi madre—. Llevas tiempo sin practicar.

Desde que mi primer profesor de música les dijo a mis padres que tengo un talento natural para el piano, no han dejado de presionarme.

El piano solía ser lo que me mantenía a flote cuando tenía un mal día. Todas mis preocupaciones y ansiedades desaparecían en cuanto tocaba las teclas.

Eso ya no me funciona. Nada me funciona.

Rosenthal me mira desde el otro lado de la sala. Viene hacia mí, y me alegro de que nos interrumpa. No quiero tener esa conversación sobre música justo ahora.

—Penny, ¿puedo preguntarte de nuevo lo que ocurrió la mañana del domingo veinticuatro?

Respondo metódicamente, y ella me va preguntando cómo encontré ambos cadáveres mientras yo reproduzco todo en mi cabeza como en una película de terror personal.

Me pregunta sobre mi contacto con Nash, y siento cómo mis padres me clavan la mirada en la cabeza cuando le respondo que he hablado con él, y le cuento lo mismo que le conté a los polis en el huerto de calabazas.

—¿Y cómo te ha parecido que estaba?

—En shock , como el resto de nosotros.

Mi padre carraspea para aclararse la garganta, pero no dice nada.

Mi madre y mi padre querían a Nash. Estaba en mi casa tanto como yo en la suya.

Los asesinatos de Jackson les metieron el miedo en el cuerpo; ¡que yo hubiera pasado tanto tiempo con un asesino en serie!

, y de repente ya no quisieron que me acercara a Nash.

—¿Y fuiste tú la que lo informaste de los dos asesinatos?

—Del de Ruby hoy sí, pero, como sabe, él estaba en el pueblo la mañana que encontré a Noah. Debió de enterarse de que algo grave estaba pasando.

—¿Aún sigues hablando mucho con Nash?

Suena como si me lo preguntara una amiga de mi madre y no una policía.

—Nash y yo realmente ya no hablamos —contesto, mirando el suelo—. Lo llevé a casa desde la comisaría el día que lo interrogaron por lo de Noah, pero eso es todo.

—¿Y por qué?

—¡Porque nadie parece entender que él no es su padre!

A Grace y a él se los ha marginado. Han perdido a su madre, no tienen más familia, y luego su padre resulta ser un psicópata total, y la respuesta del pueblo ha sido excluirlos.

No pueden linchar a Jackson porque ahora está en prisión, así que la pagan con sus hijos.

Me muerdo el labio. Mierda. Me he ido de la boca un montón.

—Penny —susurra mi madre—. Eso no es...

Pero no tiene ningún argumento, porque tengo razón. Eso es exactamente lo que ha pasado. Todos deberíamos avergonzarnos.

—¿Qué parte de lo que he dicho no es cierto? —le pregunto.

—Lo siento, Penny ha tenido un shock terrible —le dice mi madre a Rosenthal.

—Al contrario. Gracias por ser tan sincera conmigo, Penny.

La forma en que me observa, con una mirada penetrante y una expresión de no andarse con tonterías, me hace pensar que sabe que no he sido totalmente sincera.

Bueno, puedo taparlo con esto...

—En el Festival del Grito, vi a alguien con la misma máscara que Jackson solía llevar.

Rosenthal endereza la espalda. Mamá y papá ahogan un grito al unísono.

—¡Penny, no nos lo habías dicho! —Mi madre está furiosa; tiene el mentón apretado como si tratara de no mostrar su rabia en público. Si estuviéramos en casa, gritaría y me castigaría sin salir.

Qué más da.

—¿Está eso frente al huerto de calabazas? —pregunta Rosenthal.

—Sí.

—¿Por qué no lo has mencionado hasta ahora?

—No estaba segura. Hay una pequeña zona del bosque donde como unas veinte personas enmascaradas hacen una especie de baile robótico raro a tu alrededor.

Sus máscaras tenían todas unos círculos negros alrededor de los ojos y eran un poco alargadas, un poco como Ghostface.

Entonces vi esa otra máscara, completamente blanca, igual que la de Jackson.

Pero nadie más la vio y quizá solo fuera lo que se supone que deben llevar.

—Entonces ¿era parecida a la de Jackson Whitmore?

—No, parecida no. Era la misma. Quiero decir, quizá no la suya, porque esa se la quitaron, pero usted ya me entiende.

Esa máscara es algo que nunca seré capaz de olvidar. Nash y yo encontramos una en el taller de Jackson, detrás de una placa de madera suelta de la pared. Nash se estaba deshaciendo de las herramientas de su padre y yo tiré sin querer una pila de madera que la cubría.

Nash la quemó y apenas habló durante el resto de la noche.

Ojalá pudiera largarse de esa casa. Le está chupando la vida.

—¿Estás segura?

—Estoy segura.

—Vale, gracias, Penny. ¿Hay algo más que se te ocurra que pueda sernos útil saber?

«Sí, montones de cosas».

—No.

—Muy bien. Nos mantendremos en contacto, pero por ahora estoy segura de que quieres irte a casa.

Tal y como mis padres me están mirando ahora mismo, no, no quiero irme a casa.