El acecho 12
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La agente Barone me sonríe cuando voy hacia ella.

—Penny.

—Antes me he dejado algo —le digo, retorciéndome las manos.

—Muy bien —responde ella; me hace un gesto para que la siga y nos vamos a sentar en un banco apartado—. ¿Qué es?

—Vale. Esta mañana Ruby y yo tuvimos esa cosa.

Estira la espalda del mismo modo que hace Adi cuando llegan nuevos cotilleos.

—¿Qué cosa?

—Fue en el insti. Ella estaba hablando de Nash Whitmore.

Inclina la cabeza como si no necesitara el apellido para saber de quién estoy hablando.

—¿Y qué pasó, Penny?

—Ha estado largando mucho sobre él desde que Noah fue asesinado y estaba diciendo esas cosas horribles, cuando él no ha hecho nada malo. La empujé.

—La empujaste.

—Sí. No me siento muy orgullosa de ello, pero es tan injusto que lo metan en todo solo por algo que hizo su padre.

—¿Y qué hizo Ruby? —me pregunta, asintiendo.

—Me devolvió el empujón y entonces el director nos llamó a las dos a su oficina.

—¿A qué hora fue eso?

—A primera hora, poco antes de las ocho.

—¿Habías tenido algún otro roce con Ruby antes?

Esto es de lo que estaba hablando Nash. Aquí es donde la señora Barone comienza a hacerse su propio dibujo, a controlar la narrativa.

—No. No vamos con la misma gente, así que no tengo casi nada que ver con ella. Uy, quiero decir, tenía, supongo. Quería decírselo yo personalmente.

—Has hecho lo correcto. ¿Cuándo fue la última vez que viste hoy a Ruby?

Frunzo el ceño y trato de recordar si ella estaba en la cafetería a la hora de la comida.

—No tenemos ninguna clase juntas, y no recuerdo verla a la hora de comer. Un par de alumnos corrían por la cafetería enmascarados, así que había mucho follón. Como he dicho, no vamos juntas.

Ella asiente.

—Se me ha mencionado que Ruby hizo varios tiktoks sobre Nash y su familia. ¿Los has visto?

Podrán saberlo si me cogen el móvil.

—No la sigo, pero Adi me ha enseñado algunos. Creo que me envió un par de links , así que habré visto esos en mi móvil.

—De acuerdo. ¿Sabes de alguien que tenga algo contra Ruby?

Y aquí es donde intenta añadir a Nash a su dibujito.

—No es ningún secreto que ella no siempre se porta bien con la gente. Pero ¿alguien que la odie lo suficiente para matarla? No, no sé de nadie que pudiera hacer eso.

—¿Has tenido algún contacto reciente con Nash Whitmore?

También pueden comprobar eso fácilmente.

—Sí. Hablamos después de que se encontrara a Noah... y lo llevé a su casa desde la comisaría esa tarde.

No vale la pena mentir sobre lo de llevarlo a casa, porque si alguien nos vio, pasaríamos a ser sospechosos; igual que tenía que contarle lo de mi pelea con Ruby. Debo ser tan transparente como pueda.

Ella asiente, porque sabe que a Nash lo llevaron a la comisaría para interrogarlo. Quizá hasta estuviera ella allí.

—¿Sabe él lo de los tiktoks de Ruby?

—No lo sé. No se los enviamos.

Sé la respuesta a eso, pero no sé si él lo negará. Si no digo nada, no puedo hacer que caiga en una mentira.

Ella asiente de nuevo, pero de una forma tensa, como si no me creyera. Estoy empezando a arrepentirme de haberle contado todo esto, pero de todas formas lo averiguaría pronto.

—¿A qué hora llegaste aquí?

Eso ya me lo ha preguntado antes.

—Vine directa del instituto, justo antes de las tres. Con Adi.

—¿Te refieres a Adeline?

—Sí.

—¿Y dónde estaba ella cuando encontraste a Ruby?

—Nos separamos. Ella entró en el laberinto con Billy. Ahora está detrás de las balas de heno.

—¿Hoy saliste en algún momento del instituto?

—No, llegué tarde a la primera clase porque estaba hablando con el director, pero después fui a todas las clases. Yo no le he hecho nada a Ruby.

—No estoy sugiriendo que lo hicieras. Solo estoy tratando de establecer una línea temporal.

Sí, ya, esta no te la compro.

—¿Quieres añadir alguna cosa más? Incluso si no te parece que sea relevante o ayude —pregunta.

—No. Eso era todo.

—Muy bien. Ya puedes irte, Penny. Tus padres han llegado. —Inclina la cabeza hacia mis padres, que están discutiendo con un agente junto a las balas de heno. Ahora hay una cinta policial ante las balas. Una doble pared para mantener fuera a la gente.

—Gracias —digo mientras me alejo de ella y me estremezco.

—¿Qué están haciendo para proteger a mi hija? —pregunta mamá.

—Señora Langley, Penelope está completamente a salvo —le contesta el joven y nervioso agente. Tiene cara de querer salir corriendo.

—Mamá —saludo, mientras paso por debajo de la cinta y salto sobre la bala.

—¡Penny!

—Vamos, nos marchamos —dice papá mientras mi madre me estruja hasta casi matarme.

Me llevan a mi coche, y mamá lo conduce mientras papá nos sigue. El viaje transcurre en silencio, pero noto que ella tiene mucho que decir. Creíamos que se había acabado. Que había sido un incidente aislado. Pero no puede ser una coincidencia.

Cuando entramos en casa, me acurruco en el sofá y voy mirando el móvil, por si me escribe Nash.

—La alcaldesa ha convocado una reunión del pueblo para esta noche. Hay un montón de gente que quiere respuestas. Me tomaré unos días libres, y te llevaré y te recogeré del instituto.

—¡Papá!

—No es negociable, Penny. Si quieres ir a algún sitio, yo te llevaré. ¿Sigues teniendo el espray de pimienta?

Bueno, esto es simplemente fantástico.

—Sí.

—Pues asegúrate de que lo llevas a todas horas.

—Muy bien —contesto mientras se me hace un gran nudo en el estómago.

Desde el año pasado, todo el mundo está hipervigilante.

Mi padre nunca ha sacado su pistola de la caja fuerte, pero ahí sigue.

Los vecinos están instalando alarmas y cámaras en sus domicilios.

Nosotros tenemos una app para ver la casa.

—Yo también quiero ir a la reunión —les digo—. Por favor.

—Iremos todos —contesta mi madre—. Necesitamos respuestas.

La sala de plenos del ayuntamiento es una gran estancia revestida de madera, pintada de blanco roto y con una fina moqueta azul oscuro.

Han colocado filas y filas de sillas de metal, y veo enseguida que las decoraciones de Halloween han sido retiradas, al menos en parte, porque unos cuantos murciélagos recortados siguen en los tablones de anuncios que hay por las paredes de la sala.

Nos sentamos al lado de Adi y sus padres. Unas cuantas filas por delante están Omar, sus padres, su hermana y su futuro cuñado. No veo a Zayn, pero me ha enviado un mensaje diciéndome que iba a venir con su madre.

Todos quieren saber qué está haciendo la policía y cómo va a gestionar esto la alcaldesa.

Le doy un codazo a Adi cuando la alcaldesa entra acompañada de un puñado de polis y cuatro caras nuevas. Dos llevan trajes, sin corbata, y dos llevan chaquetas del FBI.

—Han vuelto —susurro.

Cuando los llamaron el año pasado, solo tardaron dos días en encontrar a Jackson.

Quiero enviar un mensaje a Nash, pero mi madre está sentada a mi lado. Va a ser muy difícil escabullirme si mi padre se queda en casa y me escolta a todas partes. Me van a encerrar como el año pasado. Era agobiante, pero lo entendí.

—Buenas tardes —dice la alcaldesa—. Antes de comenzar la reunión, quiero que hagamos un minuto de silencio y pensemos en Noah Smith y en Ruby Mountford.

Inclino la cabeza mientras el silencio invade la sala. Los federales hacen lo mismo, por respeto a los dos chavales, cuyas fotos, sin duda, estarán clavadas en un tablón de la comisaría.

Me pregunto si yo también estaré ahí. En el tablón de los sospechosos o, al menos, de las personas que investigan.

Junto con Nash y Karter. Después del asesinato de Ruby, seguramente tendrán que dejar ir a Karter.

Aún no lo han soltado, pero estar bajo custodia policial parece una coartada lo bastante sólida.

La mía estará blindada cuando se me vea por todas las cámaras del instituto, espero.

Me pregunto cuál será la de Nash. O la de Grace. Su nombre también ha salido a relucir en este asunto.

Después del momento de silencio por las víctimas y sus familias, la alcaldesa se hace a un lado y deja el centro a una mujer en traje azul marino. Esta se acerca al micrófono mientras se coloca el canoso pelo detrás de las orejas.

—Hola. Soy la agente Rosenthal, del FBI. Estamos aquí para ayudar con la investigación abierta sobre los asesinatos de Noah y Ruby.

La sala resuena con el murmullo de mil preguntas.

—¿Tienen algún sospechoso?

—¿Van a soltar a Karter?

—¿Los chicos Whitmore están detrás de esto?

Aprieto los puños. Mi padre lo nota y alza una ceja.

—¿Quién más tendrá que morir antes de que detengáis a ese tipo?

La agente Rosenthal alza una mano.

—Por favor, responderé a algunas preguntas, pero de una en una.

—¿Qué están haciendo para proteger a nuestros hijos? —pregunta mi padre mientras se pone en pie y hace que toda la sala se vuelva hacia él.

Yo me encojo en mi silla.

El agente que está cerca de Rosenthal parece sorprenderse. Debe de haberme reconocido del año pasado; me interrogaron muchas veces, por haber sido una invitada frecuente en la casa de los Whitmore.

Reconozco vagamente a los otros dos agentes, pero no a Rosenthal ni al que se me ha quedado mirando en ese momento.

—El departamento de la policía local pondrá agentes en las calles. Pedimos a los jóvenes que no salgan solos...

Un gruñido colectivo emerge de cada uno de los adolescentes, yo incluida. El año pasado ya estuvimos encerrados, escuchando a los adultos hablar del caso y de lo que los polis tendrían que estar haciendo. Era de lo único que se hablaba, y no podíamos escapar de ello.

Aunque, evidentemente, tiene sentido.

—De ninguna puta manera —susurra Adi a mi lado.

—Por el momento, no se ha cancelado ninguna otra actividad del pueblo, eso será cosa de la alcaldesa; pero os ruego que extreméis las precauciones si decidís salir. Recomendaría permanecer en grupos de tres o más y, siempre que sea posible, un adulto debería estar presente.

Grupos de tres o más, por el doble asesinato de Kelsie y Brodie en la víspera de Halloween. El aniversario de esa atrocidad es dentro de cuatro días.

—Karter se hallaba en custodia, así que ¿tienen algún otro sospechoso? —pregunta la madre de Zayn.