11
Zayn y yo permanecemos sentados en el banco, completamente inmóviles, mientras el mundo alrededor gira a un millón de kilómetros por hora. O esa es la sensación. Tengo un nuevo chocolate caliente en la mano, como nos había prometido la señora O’Neil, pero se está quedando frío rápidamente.
Tomo otro sorbo, pero no consigue calentarme. Estoy helada hasta los huesos.
Es por la impresión, según la señora O’Neil.
Ahora hay una multitud de pie ante la barrera improvisada con balas de heno.
Zayn y yo estamos dentro. No somos espectadores.
Somos parte del asunto. Los únicos que quedan en el campo son los maniquís.
Han gritado a unas cuantas personas por grabar y sacar fotos.
Lo primero en lo que piensa la gente ante una tragedia es en sacar el móvil.
La tarde se ha vuelto brillante, a pesar del viento helado. Calabazas de un intenso naranja están colocadas por el huerto, pero ya no hay niños corriendo entre ellas. Se los han llevado a casa, lejos del horror.
Ahora hay polis en escena; han llegado justo después de que nos dieran el chocolate caliente. Primero han hablado con los O’Neil y luego todos han mirado hacia nosotros. Es evidente que les han dicho que nosotros, yo, la encontramos. Pero aún no han venido a tomarnos declaración.
—¿Pen? —me llama Zayn, y rompe lo que ya era un silencio muy largo mientras observábamos trabajar a los polis.
—Sí.
—¿Alguien más ha visto a Nash?
—No... —Se me cierran los dientes y me quedo helada—. No lo sé. —Me giro hacia él y le agarro la muñeca—. Zayn, si alguien lo ha visto, van a pensar que él está detrás de esto. Estaba ahí, en el fondo, ¡las dos veces!
Como si quisiera quedarse merodeando y ser testigo de la reacción a su obra.
—Y tú también estabas. Incluso Adi está por aquí. Había mucha gente en la calle el día que se encontró a Noah, y apuesto a que algunos de ellos están aquí ahora.
Claro, pero salvo él, no hay nadie cuyo padre sea el asesino original.
A Adi la mantienen atrás con el resto de los espectadores. Billy está con ella, así que, al menos, no está sola.
—Y he encontrado a los dos —digo, y se me abren mucho los ojos. Le agarro con fuerza el brazo—. ¿Pensará la poli que lo he hecho yo?
—Nadie pensaría que tú estás detrás de esto. Tú estás en lo alto del árbol de Navidad, Pen. Eres encantadora con todo el mundo.
—Con todo el mundo excepto con aquellos que se han portado horriblemente con mi novio. —¡Ex!—. Acababa de pelearme con Ruby.
—Eso no fue una pelea. Ni siquiera le soltaste un puñetazo.
—¿Crees que le van a dar importancia? El director tuvo que pararnos. Creo que voy a vomitar.
Me rodea con el brazo. Los polis miran hacia nosotros.
—Eh, respira. Te estás precipitando. Tienes una coartada para el asesinato de Ruby.
—¿Cómo lo sabes?
—Bueno, llevamos un rato juntos, y ella parece... fresca.
Lo miro con la boca abierta.
—Zayn, ¿qué?
Se cubre la boca con el puño y palidece.
—Tú también la has visto. La sangre. Era fresca. No podía llevar ahí mucho rato.
—Quizá estaba desde antes de que abrieran —susurro—. A las dos en días laborables.
Asiente mientras me frota el brazo.
—¿Ves?, tú estabas en el insti.
Sacudo la cabeza en un intento de expulsar las imágenes de Ruby cayendo fuera del váter. Zayn tiene razón: no parecía llevar ahí mucho rato. No como Noah. La sangre que él tenía encima ya se había secado y había quedado de un tono rojo oscuro.
—¿Cuánto tarda la sangre en secarse? —pregunto.
—¿Y cómo lo voy a saber?
—Las clases acabaron hace una hora y cuarenta y cinco minutos.
—Nadie va a pensar que tú has matado a Ruby. Incluso si hubieras tenido tiempo. Además, has estado por aquí y hay mucha gente rondando.
Nash es mi coartada para la mayor parte del tiempo que he pasado en el laberinto. No vi a mucha más gente hasta que salí.
—Sí, pero ¿qué te hace pensar que quienquiera que sea no lo hizo aquí, con mucha gente rondando?
—Seguro que no. Deben de haberla metido ahí antes de que abrieran. A ti te habrán visto saliendo del insti y también te habrán visto, aunque solo sea una persona, durante todo el tiempo que has estado aquí.
—Pero, durante un rato, esa persona ha sido Nash, en el laberinto.
—Sssh. —Mira alrededor para asegurarse de que nadie nos está escuchando—. Eso no se lo digas a nadie.
—No estás muy seguro respecto a Nash. ¿Has considerado, siquiera, la posibilidad de que haya sido yo?
Observo su reacción con atención, pero no la hay.
—No es exactamente el momento para bromas, Penelope.
—No bromeo. ¿Cómo puedes estar tan seguro de que yo soy inocente, pero dudar de él?
—Tú... —Se pasa los dedos por el pelo—. ¿De verdad te estás comparando con Nash? La situación es totalmente diferente.
—Bueno, sí, lo es. Pero los dos somos tus amigos.
—Penny, te digo esto como amigo. No volveremos a tener esta conversación. Deja de darle mil vueltas a todo, o guárdatelo para ti. De esta manera no vas a facilitarle las cosas.
—Penny y Zayn.
Ambos alzamos la mirada mientras una agente, a la que reconozco como la madre de un compañero de clase, se pone sobre una rodilla ante nosotros. Ha llegado en el momento justo, porque las cosas se estaban poniendo incómodas.
—¿Cómo estáis?
—No muy bien, señora Barone. Perdón, quiero decir agente Barone —responde Zayn.
Ella sonríe amablemente.
—Cualquiera de los dos va bien, Zayn. No te preocupes por eso. ¿Puedes contarme, con tus propias palabras, lo que ha ocurrido?
Me está mirando a mí.
—Hum. Sí, claro. Tenía que ir al baño. Tuve que apretar el tirador bastante fuerte porque estaba atascado. Y cuando conseguí abrirlo, ya sabe... Ruby... —Me tomo un momento para tragar el nudo que se me ha hecho en la garganta.
—Está bien, Penny, lo estás haciendo muy bien.
—Se desplomó. Simplemente... cayó hacia fuera y rodó ante mí. Alguien la había metido en ese váter.
La señora Barone asiente.
—Vale. ¿A qué hora llegasteis al huerto de calabazas?
—Vinimos directamente desde el instituto. No sé a qué hora exactamente, porque no lo miré, pero debían de ser sobre las tres.
—A mi Jemima también le gusta venir desde el instituto.
—Hoy... hoy no la he visto.
—Está en casa con la gripe, me temo. Penny, ¿viste a alguien rondando por los servicios? ¿Quizá mirándolos? ¿O alguien que saliera de uno de ellos?
Niego con la cabeza.
—No, nada.
A mi lado, Zayn se tensa. Se romperá si sigue haciendo eso.
—Vale, lo estás haciendo muy bien. Y Zayn, ¿dónde estabas tú cuando Penny abrió la puerta?
Zayn hace su declaración. Insiste en que no vimos a nadie merodeando. Hay mucha gente en este lugar, y más ahora que ha habido otro asesinato.
Los buitres han vuelto, y esta vez pueden hablar con razón sobre otro asesino en serie de Halloween.
La señora Barone ha tomado nota de nuestras declaraciones y nos dice que nuestros padres están de camino. Se pone en pie y se aparta de nosotros mientras habla en privado con otro agente. Zayn y yo nos quedamos solos.
—No le has dicho nada de Nash —dice él, alzando una ceja.
—Tú tampoco.
Es una réplica bastante triste, pero es cierta. Él ha sido el que me ha dicho que me lo guardara para mí, aunque de todas formas no iba a largarlo.
Busco en sus ojos alguna señal de que está rayado conmigo o de que cree que he hecho lo que no debía. En ese momento tiene cara de póker, la misma que tuvo durante un montón de tiempo cuando le dije que solo quería que fuéramos amigos.
—No pintaría bien para él si lo contáramos, Penny, pero ¿y si ha sido él?
—No sé cómo puedes decir eso. No ha sido él.
—Su padre fue el asesino original, que acechó a nuestro pueblo.
¿Quién nos asegura que no está mucho más cabreado de lo que nos podemos imaginar?
Está en casa la mayor parte del tiempo, aislado de los demás, pensando en todo lo que ha perdido, rabiando porque está pagando por las acciones de su padre.
¿Pondrías la mano en el fuego por él, Pen?
No estoy segura de cómo responder. Sus palabras me dejan sin aliento. Intento respirar, pero no cojo nada. ¿Pondría la mano en el fuego por él?
—No lo hagas —mascullo finalmente—. No intentes hacerme dudar de él.
—No es eso lo que hago. Pero es que no quiero que cometas alguna estupidez y acabes haciéndote daño.
—Si de verdad crees que Nash podría estar detrás de todo esto, ¿por qué no se lo has dicho a la madre de Jemima?
—Ya no estoy seguro. Algo pasa con él, y se está cerrando a mí. —Zayn se pone de pie y comienza a caminar.
Tardo un segundo en comprender adónde va. Hacia los dos polis.
El corazón me amenaza con pararse. Contengo la respiración y me enderezo en el banco, pero él no parece estar dejando caer el nombre de Nash. Hay infinidad de preguntas que podría estar haciendo. Si les dice que Nash estuvo aquí, no tendré tiempo de avisarlo.
Con las manos temblorosas, lo llamo; me levanto para poder caminar y evitar que nadie me oiga.
El móvil suena y suena.
«Vamos, Nash. Contesta, por favor».
No creo que sepa aún lo que ha ocurrido; hace mucho rato que se fue.
—Tienes que dejar de llamarme —dice cuando finalmente contesta.
Ningún saludo. Directo a decirme que me aparte de su vida. Bonito.
—N... no cuelgues. Por favor, Nash, tienes que oír esto.
—Penny... ¿Qué pasa? —pregunta al notar la urgencia y el miedo en mi voz.
—Hum.
—No pareces estar bien. ¿Qué ha pasado? —vuelve a preguntar.
—No es bueno. Ruby está muerta. Acabo de encontrarla.
—¿Qué? —susurra sin aliento por el teléfono—. ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? ¿Dónde estás?
—Aún en el huerto de calabazas. Mis padres están de camino, pero necesito verte pronto, ¿vale? —digo con una voz que me falla por todas partes. Sorbo, me seco las lágrimas de las mejillas y miro alrededor.
—Está muerta. Dios.
—Estaba en el váter portátil. Yo he abierto la puerta.
—Lo siento.
—¿Te vio alguien más? —pregunto.
—No, creo que no. Llegué por el campo que da directo a la parte trasera del laberinto. ¿Le has dicho a alguien que he estado ahí?
—Solo a Zayn, y él no dirá nada.
Se queda en silencio un instante, y yo quiero llenar el hueco, pero no se me ocurre nada que decir.
—¿Estás segura de que no dirá nada? —pregunta, y noto que está preocupado.
—Tú deberías saberlo, Nash. Has estado en contacto con él todo este tiempo.
—Guau, nena, pareces molesta.
No le había oído decirme eso en meses. Nena , claro, no molesta .
—Hay algo más. Algo que voy a tener que contarle a la poli antes de que lo haga el director.
—¿El director?
—Esta mañana, Ruby y yo hemos tenido una especie de pelea. Bueno, nos empujamos mutuamente.
—¿Te has metido en una pelea?
Puedo oír la sonrisa en su tono.
—Zayn dice que no cuenta como pelea. Ella estaba siendo... ella misma, y le di un empujón. El director nos vio y nos llamó a las dos.
—Así que ahora te estás poniendo de los nervios porque no pinta bien para ti.
—Bueno, así es, ¿no?
—Nadie creería nunca que le has hecho daño a alguien.
—Eso es lo que no para de decirme todo el mundo.
—¿Por qué la empujaste?
Me rodeo la cintura con el brazo.
—Estaba hablando de ti.
Calla durante un segundo.
—Cuando se lo cuentes a la poli —dice luego—, te van a preguntar sobre tu relación con ella. No menciones nada de lo que ella te haya hecho antes. Nada de rencillas tontas, ¿lo entiendes? No les des la oportunidad de que se monten la historia de que Ruby te estaba haciendo bullying .
—No lo hacía. Eran comentarios sueltos, lo normal en ella, pero eso lo hace con todos.
—Ya lo sé. Pero la poli no. De verdad, Penny, no les des ninguna razón para que crean que no te caía bien.
—Vale —contesto—. Voy a contárselo ahora.
—Llámame más tarde. Tengo que ir a hablar con Grace. Solo es cuestión de tiempo que reciba una visita, y parece que voy a necesitar una coartada.
Cuelga. Bajo el móvil y es entonces cuando me doy cuenta de que Zayn me está observando.