El acecho 10 #4
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—Al parecer, alguien llamó y les dijo que Nash estaba rondando cerca de la tienda de disfraces otra vez. Evidentemente, no estaba allí.

—La gente de este pueblo necesita más aficiones. ¿Quieres que pillemos unos chocolates calientes?

—Claro —contesto. No tengo mucho apetito, pero puedo beber chocolate caliente todo el día—. ¿Te contó lo mismo?

Vamos hasta el carrito y hacemos cola.

—No me dijo nada. Se negó a hablar de eso. Supongo que no quería involucrarme. Sabía que te diría que él sospechaba que los habías llamado tú.

¿Le digo a Zayn que ahora Nash sospecha de él? Aunque su fría respuesta a Zayn podría ser por mí.

La cabeza me da vueltas tratando de averiguar en quién confiar. Lo cierto es que no creo que ninguno de los dos mienta.

—Ojalá se abriera un poco más.

—Pen, no has vuelto a quedar con él, ¿verdad? La última vez no es que fuera muy bien.

—No.

—¿Pero?

Vacilo un instante antes de admitirlo.

—Pero quiero. ¿Qué te parece si le dijéramos que viniera con nosotros?

Zayn alza las cejas.

—¿Crees que es una buena idea?

—No, creo que es una idea terrible. La gente hablará. A mis padres les dará algo, pero ya me importa muy poco todo eso. Tenías razón: se está ahogando. Parecía tan infeliz... Ha venido hoy aquí, escondiéndose entre el maíz, para hacer algo normal. Está muy solo.

Zayn deja escapar el aire en un largo aliento.

—Solo tú y yo, en principio. No sé cómo se sentirá Adi con esto. Y hablaré con Omar.

—Gracias —digo, y pido dos chocolates calientes cuando llego al mostrador.

—Ay, necesito ir al baño antes de buscar a Omar —le digo mientras le paso los dos vasos.

—Disfruta de los váteres portátiles —responde él sentándose en un banco a esperarme.

—Me desinfectaré cuando llegue a casa.

Voy a abrir la puerta, pero está encallada, a pesar de indicar que está libre. Parece que hay algo pesado contra ella. Los otros váteres están ocupados, así que tiro con más fuerza y finalmente la puerta se abre de golpe.

Lanzo un agudo chillido cuando Ruby se desploma desde dentro como una muñeca de trapo, y cae a mis pies con sangre en el pecho y mirándome con ojos vacíos.

Zayn grita mi nombre mientras yo pego un bote hacia atrás y me estrello contra él y luego contra el esqueleto de plástico de un perro.

El chocolate caliente cae al suelo y se derrama por todas partes.

Me agarro a Zayn y la mirada se me va de nuevo hacia Ruby, en el suelo, tendida sin vida sobre la hierba sucia.

—¡Oh, Dios mío! —exclama alguien que pasa—. ¿No es esa Ruby Mountford?

—¡Que alguien la ayude!

—¿Ayudarla? Está muerta.

—Esto no puede haberlo hecho Karter.

La gente que nos rodea se acerca con sus comentarios.

El señor y la señora O’Neil, los dueños del huerto, toman el mando. Él se arrodilla y le pone la mano en el cuello a Ruby, buscando el pulso.

Me giro para vomitar.

—Apartaos —dice la señora O’Neil, y nos empuja hacia atrás. Está tan pálida que no me sorprendería si se desmayara—. Apartaos todos. Ahora. Retroceded.

Me estremezco y tengo que apretarme la barriga para no vomitar más; me apoyo en Zayn mientras nos apartan de Ruby.

Me tiemblan las manos; la impresión de ver otro cadáver, y este cayendo justo delante de mí, me ha dejado tan débil como el papel mojado. Me podría romper en un instante.

—Oh, Dios, es Ruby. Ruby —dice Zayn—. Está... muerta, Pen. Está muerta.

Zayn me sujeta, pero noto la tensión en su cuerpo. Sus brazos me rodean como rocas, y tengo miedo de partirme en dos si me muevo.

—Lo he visto —mascullo, con una voz tan hueca que parece que otra persona está hablando por mí—. Lo he visto.

Ya han matado a dos personas.

—Solo... cayó. Alguien la ha metido ahí como si no fuera nada. Zayn, la noche pasada estaba subiendo tiktoks, ha estado en el insti esta mañana y ahora ya no e-está —balbuceo.

—Vosotros dos, para atrás. Sentaos aquí. Os habéis llevado un buen susto —dice la señora O’Neil mientras nos lleva hacia atrás—. En un momento os traigo algo caliente para beber.

Alzo la mirada hacia su rostro con manchas.

—¿Se encuentra bien? —le pregunto en un susurro.

Es el segundo año consecutivo que han empleado su propiedad para deshacerse de un cuerpo.

Me da unas palmaditas en el hombro.

—Quedaos aquí. La policía querrá hablar con vosotros dos. Yo me ocupo de traeros algo de beber.

Tiemblo bajo la fría brisa cuando ella alude a bebidas calientes. Nuestros chocolates son charcos cerca del cadáver de Ruby, y se van mezclando con su sangre.

—Zayn —llamo. Al no tener respuesta, lo miro: está mirando al infinito. No estoy segura de que pueda oírme.

Los empleados han formado una barrera alrededor del cadáver, acordonando el área, y supongo que habrán llamado a la policía.

—¿Eh?

Zayn vuelve a la Tierra; sacude la cabeza y se frota, con brusquedad, la cara con la palma de la mano.

—Esto es malo de verdad, Pen.

—Sí —concuerdo—. Porque Ruby está muerta, Karter no asesinó a Noah y el auténtico asesino sigue por ahí fuera.

Su mirada perdida finalmente encuentra la mía.

—Y esta es la víctima número dos, hallada en el huerto de calabazas, igual que el año pasado. Lo que significa que sí tenemos a un imitador.