10 #3
—¿Saber qué? —Alzo las manos exasperada—. ¿Puedes explicármelo antes de que se me fría el cerebro?
—Creía que habías sido tú —me contesta, tratando de ocultar su júbilo por mi explosión—. Estaba a punto de salir para encontrarme contigo cuando la poli apareció de nuevo.
—¿Qué? ¿Por qué?
Pone los ojos en blanco.
—Alguien había llamado diciendo que me habían visto otra vez por el pueblo. Que estaba rondando por la tienda de Halloween... Que parecía que estaba visitando la escena del crimen... o el lugar donde habían dejado el cadáver.
—¿Alguien te vio?
—No, no me vieron. Estaba en casa.
—No puedo creer que pensaras que yo te enviaría a la poli.
—Justo cuando estaba a punto de salir por la puerta para ir contigo, apareció la poli.
—¿Y por qué haría yo eso?
Suspira y se encoge de hombros.
—Ya no lo sé, Penny. Es difícil confiar en nadie en este maldito pueblo.
—Puedes confiar en mí.
—¿Puedo?
—Sí —susurro.
Durante un segundo no decimos nada. Nos quedamos en medio del frío y nos miramos como si estuviéramos tratando de averiguar cómo hemos acabado ahí y si es posible volver atrás. Oigo el susurro del viento entre el maíz y el lejano sonido de conversaciones y risas.
Soy yo quien hace estallar la burbuja.
—¿Quién más te vio en el pueblo ese día?
—Zayn.
—Él no llamaría a la poli.
Nash se rasca el cuello.
—Alguien lo hizo, Penny. La mayoría de la gente del pueblo me odia, así que pudo haber sido cualquiera.
—Ruby ha estado haciendo tiktoks —le informo.
—Sí, me etiquetó.
Hago un guiño raro. ¿Qué clase de gilipollas etiqueta a alguien en un vídeo contra ese alguien?
—Agg, la odio.
Se encoge de hombros, restándole importancia, como si todo le diera igual. Alza la mirada al cielo.
—Va a llover.
—Nash, ¿cómo estás realmente?
—Deberías seguir.
—No, aún no. Habla conmigo.
Me vuelve a mirar.
—¿Qué es lo que quieres, Penny? ¿Qué quieres de mí?
—Me gustaría que las cosas fueran como antes.
—Vale, ¿crees que tus padres me volverían a invitar? —La amargura con que lo dice es idéntica a la que yo siento—. ¿No te importa lo que todos los demás piensan?
—Para nada.
Ríe y ese sonido es como papel de lija sobre mi piel. Es una risa seca que suena a reproche. Si no me importara, no me habría alejado de él. Eso es lo que está pensando.
—Nash, de verdad que no. Las cosas se pusieron... complicadas. Mis padres y, bueno, todo lo demás. Todo me impedía verte. —Miro al suelo; la vergüenza que siento por haberle dejado que tuviera que cargar con todo él solo casi me deja sin aliento—. Siento no haber sido más fuerte.
—Eh —dice él; se acerca y me alza la barbilla—.
No quiero seguir teniendo esta conversación.
¿Vale? Ya no importa, Penny. Lo que el pueblo me hizo también te lo hizo a ti.
Sé lo que todos decían de ti por ser la novia del hijo del asesino.
Sé que estuviste bajo una presión espantosa.
Sé que tus padres querían apartarte de todo eso, y no puedo culparlos. El único gilipollas aquí es mi padre.
—Se me ocurren unos cuantos más.
—Ruby y sus tiktoks, supongo.
—Justo.
—Debo irme, y tú tendrías que buscar a Adi, a Omar y... a Zayn.
El modo en que dice el nombre de Zayn me preocupa. Nash cree que su amigo, seguramente el único amigo que le queda, lo delató a la policía. O quizá sepa que Zayn me pidió salir.
—¿Y tú qué? ¿Por qué no vienes con nosotros?
Ríe de nuevo.
—No estoy seguro de que sea una buena idea. Debo irme antes de que empiecen los chismorreos.
—¿Por qué has venido? —le pregunto mientras está girando para largarse por la pared de maíz por donde ha venido.
Se vuelve antes de desaparecer.
—Quería un momento de normalidad —contesta.
Y en un instante ya se ha ido, y yo me quedo y observo cómo el muro de maíz se coloca en su lugar mientras me pregunto qué tendría que hacer ahora.
¿Cómo puedo ir contra lo que quieren mis padres y decirles que no me importa lo que la gente piense de Nash?
Treinta minutos después, he salido del laberinto. Me dirijo al huerto para reunirme con Adi y elegir una calabaza. No tengo ningunas ganas de ir, después de encontrarme con Nash, pero mis amigos sospecharán algo si me escaqueo ahora.
Encuentro a Zayn sentado sobre una gran calabaza en un campo, con la cabeza sumergida en el móvil.
—¿Qué pasa? —le pregunto, empujándole el pie con el mío.
Pega un brinco y mira alrededor. Se mete el móvil en el bolsillo mientras se pone en pie.
—¿De dónde sales?
—Del laberinto. ¿Has visto a Adi o a Omar?
—Omar está por ahí. Adi está con Billy y ni me acerco a ellos. —Pone los ojos en blanco—. Si tengo que oír una vez más «Billy es tan divertido, Billy está tan bueno», mataré a alguien.
Mala elección de palabras.
—Son monos.
—Si tú lo dices.
—Hum —comienzo—. He visto a Nash en el laberinto.
Zayn mira hacia el maíz y frunce el ceño.
—¿Ha venido?
—Ya se ha ido.
No parece muy sorprendido al oír eso.
—¿Qué ha dicho?
—Que la poli apareció en su casa justo antes de que saliera para ir a verme.
Zayn asiente con la cabeza.
—¿Por qué?