El acecho 10
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Ayer me pasé toda la noche angustiada y preguntándome si sería una buena idea informar a Nash y a Grace de que alguien con la máscara de su padre anda por el pueblo y ha estado en el Festival del Grito.

No creo que se lo vayan a tomar muy bien. Quienquiera que sea no tiene ningún tipo de vergüenza.

Ya he visto dos veces al doble de Jackson, así que solo es cuestión de tiempo que alguien más lo vea. Y si ese alguien es un poli, quien sea que está jugando a disfrazarse va a encontrarse con un buen marrón.

Se me ocurren unas diez personas en mi clase capaces de hacer algo tan desagradable. Ruby está la primera de la lista.

Me arrastro por el pasillo y abro mi taquilla. Sigo medio dormida cuando cojo el libro para la primera clase, pensando que ojalá pudiera volverme a la cama.

Me pesan las piernas, los ojos me parpadean despacio. Si mis padres estuvieran en casa, habría fingido estar enferma y me hubiera quedado en la cama. Pero como no están, no puedo hacerlo. Si los llamaran desde el insti, volverían directamente.

Ruby y su grupo de amigas están delante de mí en el pasillo. Una de ellas se hace la sorprendida y entonces el resto mira en mi dirección no muy discretamente.

No se esfuerzan en disimular que están hablando de mí. Sobre Nash y sus últimas acusaciones. Ahora están diciendo que Nash estaba compinchado con Karter.

Esos dos ni siquiera fueron nunca amigos, así que no tiene ningún sentido.

Idiotas.

—He oído que ella se inventó una coartada para él.

—Apuesto a que sigue viéndolo.

—¿Creéis que sabían lo que estaba haciendo su padre?

—Probablemente. Nash es un tío tan raro... Lo van a pillar por esto.

—De tal palo, tal astilla.

Me arde el estómago mientras oigo toda la mierda que vomitan.

—¡Eh! —les suelto—. No tenéis ni idea de lo que estáis hablando, así que mejor cerrad la puta boca.

—Ooh, se nos ha enfadado —se burla Ruby mientras se echa la melena hacia atrás por encima del hombro—. Deberías preocuparte menos de nosotras y más de que ese enfermo que tienes por novio no acabe en prisión con su papaíto.

Avanzo rápido y la empujo contra la taquilla. Ella ahoga un grito y las cobardes de sus amigas dan un gran paso atrás.

—¡Zorra! —chilla, y se tira sobre mí, pero yo estoy lista y esperándola.

La empujo antes de que llegue a mí.

—¡Parad! ¡Penny y Ruby, a mi despacho, ahora! —vocea el director Farman desde la otra punta del pasillo.

Ruby se alisa el pelo y se saca unos hilillos de una telaraña de broma que estaba pegada a la taquilla.

—Me ha atacado ella.

—Las dos me lo podréis explicar cuando estéis en mi despacho. El resto, ¡a clase!

Doy la vuelta y sigo al director Farman, que nos conduce a su oficina. En el camino, me cruzo con Zayn, que me mira con orgullo en los ojos.

Mueve la boca en un: «¿Estás bien?». Asiento con la cabeza mientras entro en el despacho del director y me siento. Ruby resopla y se deja caer en la silla de al lado.

El único rastro de Halloween en este despacho es una araña en una esquina, aunque juraría que no pertenece a la decoración.

—Quiero saber qué ha pasado ahí fuera. Penny, tú empiezas. Ni una palabra, Ruby.

—Esta estaba soltando tonterías, como de costumbre. Diciéndoles a sus secuaces que Nash es como su padre, que seguramente yo sabía lo que estaba haciendo Jackson y que a Nash lo van a pillar por esto.

El director Farman asiente con una expresión imparcial.

—¿Y luego?

Aprieto los puños sobre las rodillas.

—Me enfadé y la empujé.

—¿Ruby?

—Sí, se puso como una loca. Me pregunto por qué...

—Ya basta, Ruby —la corta el director Farman—. Si vuelvo a ver a cualquiera de las dos haciendo algo así, os dejo una semana castigadas después de clase. ¿Me explico?

Ambas asentimos.

—Ruby, puedes irte a clase. Penny, por favor, quédate un momento.

Ruby esboza una sonrisita mientras se va, y lamento no haberle dado un tortazo antes. Es una bruja malvada. La odio.

Una vez la puerta se cierra tras Ruby, el director Farman carraspea.

—Penny, ¿qué está pasando? Esto no es propio de ti.

—Todo el mundo habla de él como si fuera su culpa. Él no hizo nada.

La he empujado dos veces; eso no llega a pelea.

El director asiente.

—Entiendo.

—Ni siquiera puede venir a clase.

—No ha sido expulsado.

—Eso no significa que sea bienvenido aquí.

El director Farman suspira.

—Creo que sería una buena idea que vieras a la orientadora.

—¿Qué? No necesito hablar con nadie. Lo que necesito es que la gente deje de decir burradas sobre mi... —Mi ¿qué? —. Sobre Nash.

—Ya hace un tiempo que te vengo observando, Penny, y parece que tienes dificultades.

—Mis notas no han bajado.

—No son tus notas lo que me preocupa. Ya no participas en el teatro, y has dejado las clases de música.

—Tengo clases de música fuera de aquí.

A las que también he dejado de ir, pero él no tiene por qué saberlo.

—Ya no colaboras en el periódico y has dejado de correr.

—Tenía demasiadas actividades —contesto, y yo misma me doy cuenta de que sueno a la defensiva.

—Siempre recomendamos a los alumnos que participen solo en lo que puedan, claro. Pero tú hacías todas esas actividades extracurriculares y seguías sacando muy buenas notas. En los últimos seis meses, has ido abandonándolo todo.

Desde poco después de que Nash y yo dejáramos de hablarnos del todo, me ha estado costando, y sé que mis amigos lo han notado, pero no creía que el director lo notara también.

—No quiero hablar con nadie.

—Muy bien. Ya sabes dónde está la señora Chen si la necesitas. Por favor, pide ayuda cuando estés lista.

Me mordisqueo el labio, deseando poder salir corriendo por la puerta sin buscarme un marrón.

—Lo haré. ¿Va a informar a mis padres de lo de Ruby?

—No, creo que ya nos hemos ocupado de eso adecuadamente, y estoy seguro de que no se repetirá —contesta con voz muy severa: una prueba de que no volverá a hacerme ningún favor.

—Así será. No puedo creer que haya dejado que me afectara.

Él sonríe comprensivo y resulta un poco condescendiente. Es como si me dijera que he dejado que Ruby me afectara porque no lo estoy llevando bien..., que debería aceptar su oferta de ver a la psicóloga.

—¿Puedo irme ya a clase?

—Claro. Mi puerta siempre está abierta, Penny.

Inclino la cabeza mientras me pongo en pie.

—Gracias —susurro.

Fuera del despacho, respiro hondo e intento no hiperventilar. Creía que estaba llevando las cosas mejor. Pensaba que lo tenía controlado. Dejar el club de teatro ha sido un gran error.

Llego tarde a la primera clase, pero el señor Williams ya sabe por qué. Durante toda la clase noto que me observa. ¿Cómo no había notado antes que los profesores me estaban echando un ojo?

Zayn, sentado a mi lado, intenta atraer mi atención mientras hacemos ver que leemos el libro de biología que tenemos delante y tomamos apuntes sobre la estructura de la célula.

En lo único que puedo pensar es en cómo me voy a sacar a los profesores de encima, fingir ante mis amigos que estoy bien, soportar el aniversario de los asesinatos y averiguar qué le está pasando a Nash.

—Me vas a hablar pronto, ¿verdad? —susurra Zayn.

—No.

—¡Pen!

—Después de clase —le digo con una sonrisa petulante.

Por el momento, no puedo permitirme nada que no sea ser la alumna perfecta, o me sentarán ante la señorita Chen y me pedirán que le hable de mis sentimientos.

Pero eso no me servirá de nada.

Hasta la hora de la comida, consigo evitar a Zayn y a Omar. Adi, que está castigada por replicarle a un profesor, parecía hipernerviosa porque no iba a enterarse de todo el cotilleo hasta después de clase.

Estamos en la cafetería. Estoy mordisqueando una porción de pizza mientras intento fingir que no percibo los dos pares de ojos que tengo clavados.

—Penny, ¿nos vas a contar qué está pasando? Ojalá lo hubiera visto, por cierto. Empujada contra la taquilla. Me encantan las peleas de tías. —Omar reconstruye el empujón, y sus manos vuelan ante él—. ¡Bam!

—Estoy a segundos de darte un tortazo, Omar.

—Entonces, cuéntanos qué está pasando.

Zayn me pasa un trozo de pastel. No estoy segura de si es una oferta de paz o un soborno, pero es de chocolate, así que lo acepto.

—Ruby estaba siendo tan odiosa como siempre y me he hartado.

—¿Qué estaba haciendo? —pregunta Omar—. ¿Era sobre Nash?

Ahí va. Omar y yo nunca hablamos de él.

—Sí, lo era.

—Aún estás colgada de él.

—No me importa si no lo entiendes. Estoy cansada de fingir. Nash era... es nuestro amigo, y está solo, Omar.

—Esto te rayó tanto que te... te peleaste con Ruby. Tú. La chica perfecta, que ni un solo día ha dejado de hacer los deberes.

—No soy perfecta.

Alza sus oscuras cejas.

—Sí que lo eres, Pen. Ojalá hubieras hablado con nosotros antes. No odio a Nash. Es solo que mis padres perderían la cabeza si volviera a juntarme con él. Y él tampoco está muy interesado en nuestra compañía.

—¿Y puedes culparlo? Todo su mundo se ha ido a la mierda.

Omar alza las palmas

—Nadie dice que le culpemos. ¿Qué quieres que hagamos?

—Dar la cara por él. Solo tiene a Grace.

Unas risas inundan la cafetería, y nos llaman la atención. Dos alumnos corren entre las mesas con máscaras de Momo, con la sonrisa siniestra y los ojos saltones.

Me encojo de hombros y arqueo la espalda cuando uno de ellos me roza el pelo al pasar.

—¡Eh, no me toques!

Otro alza los brazos delante de Mae y grita.

Omar se pone en pie y lo empuja.

—Déjala en paz, tío.

No sé si él los reconoce, pero con las máscaras que les cubren toda la cara y la ropa del montón, a mí me resulta imposible identificarlos.

Se van corriendo, y ríen mientras dos profesores intentan detenerlos.

—¿Estás bien? —pregunta Omar a Mae.

—Sí, gracias, Omar. Te veo en clase, Penny.

—Muy caballeroso, me siento orgulloso de ti —dice Zayn, y le pellizca la mejilla a Omar.

—Calla la boca. —Se vuelve hacia mí—. Te apoyamos en lo de Nash, Pen —me dice.

—Gracias. —Bebo un trago de agua—. Estás muy callado, Zayn.

—Creo que ya hemos hablado suficiente de eso.

Omar le da un golpe en el brazo.

—Espera, ¿vosotros dos habéis hablado de esto?

Zayn esquiva su brazo.

—Es un amigo.

—¿Pero? —pregunto, al notar una nueva vacilación en Zayn.