El acecho 9 #2
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9 #2

Me siento mareada mientras trato de ver entre los árboles para averiguar si estoy o no imaginando cosas. Quiero largarme de aquí ahora mismo.

Seis personas me rodean, giran, se meten entre los árboles y vuelven a salir saltando. Una luz tenue destella rápido.

—¡Zayn! —grito.

Casi bizca, miro hacia atrás girando la cabeza y noto que algo me rodea la muñeca.

Me vuelvo rápidamente. Dos de ellos corren hacia mí y se detienen a un palmo de mi cara. Grito y retrocedo. Estoy segura de ver de nuevo la máscara de Jackson, esta vez junto a un palé a un lado del camino. El lado donde estoy yo. El lado por el que acaban de agarrarme.

Me sobresalto cuando Adi me llama, y cuando vuelvo a mirar el palé, la máscara se ha ido.

—¡Penny, vamos, corre! —dice Omar; me coge la mano y sale corriendo.

Me tira del brazo y corro tras él, por en medio de la gente rara, esquivando a unos cuantos. Mantengo la mirada baja y dejo que Omar me guíe. Los pasos de Adi y Zayn resuenan detrás de nosotros. Junto con unos cuantos más, que seguro que no son nuestros.

Siento un pinchazo en el costado mientras corremos. Los otros pasos no tardan en desaparecer y volvemos a quedarnos solos los cuatro.

Disminuimos el paso cuando ya hemos dejado atrás ese revuelo.

—Vale, esto no me lo esperaba —comenta Adi, riendo y chocando con Omar.

Le suelto la mano.

—¿Has visto eso?

—¿Los quince hombres enmascarados vestidos de negro que saltaban ante nosotros? Sí, los he visto. —La voz de Zayn está cargada de sarcasmo. Sonríe de medio lado, muy satisfecho consigo mismo.

Abro la boca para decirles lo que he visto, o mejor dicho, lo que creo haber visto; pero rápidamente me trago las palabras. Hasta el momento, en estos días previos a Halloween todo ha girado en torno a lo que Jackson hizo. Mi vida ha sido consumida por el pasado.

Nadie necesita seguir oyendo nada sobre mis marrones.

—No me importa lo que digan, daban mucho miedo —dice Adi—. Incluso aunque ya los hubiésemos visto antes de que comenzaran a actuar raro.

Estoy de acuerdo con ella. Al verlos, había pensado que solo iba a ser algo inquietante en la distancia, para dar más ambiente. No me esperaba que fueran a hacer eso.

—No puedo esperar para hacer una reseña sobre el festival de este año —dice Omar.

—Eres tan burro... —replica Zayn, dándole en el brazo.

Después, llegamos a un cobertizo con una gran puerta de establo. El año pasado estaba montado como una mazmorra.

Lanzo un gruñido.

—Vamos, Pen, será divertido.

Hay un sendero que puedes tomar para evitar el cobertizo, pero eso no tiene ninguna gracia. Además, de cualquier forma hay cosas que te van a perseguir.

El interior está oscuro, con solo una tenue iluminación rojiza. Este año está montado como un quirófano. Pero no uno estéril. Tiene salpicaduras de sangre falsa por todas las paredes. Hay dos camas contra una pared y una serie de aparadores se sitúan en la otra.

Damos otro paso, riéndonos como preparación de lo que va a venir. Sea lo que sea. Me las arreglo para sacarme de la cabeza lo de la máscara, en un intento desesperado por ser normal.

Supongo que algún tipo de cirujano empapado de sangre va a correr hacia nosotros.

—Esto es muy siniestro —comento, y miro por encima de nosotros a la tira de luz parpadeante. Hay dos bultos en las camas, pero no veo movimiento, así que seguramente son dos maniquís sin vida.

—Es un acojone —añade Zayn—. Me flipa.

Mi pulso es irregular mientras nos acercamos al centro del espacio. A quien sea que esté aquí no le queda mucho para comenzar su actuación antes de que salgamos.

Un grito resuena a través de los altavoces ocultos en la sala.

Me sobresalto, y me choco contra Adi, riendo.

La luz destella de nuevo y luego la sala se queda a oscuras.

Ahogo un grito mientras los ojos se me ajustan a la oscuridad. Y entonces, la veo de nuevo: la persona vestida de negro que lleva una máscara como la de Jackson.

—¡Ahí! —exclamo, y señalo hacia las puertas del cobertizo.

—¿Qué? —pregunta Zayn al mismo tiempo que nuestro cirujano salta desde detrás de un armario, blandiendo una sierra mecánica.

Se carcajea en plan amenazador, una risa aguda que me produce escalofríos en la espalda.

Salimos corriendo del cobertizo con el sonido artificial de una sierra mecánica avanzando hacia nosotros. Jadeo cuando nos detenemos en el camino, con el cobertizo ya en la distancia. Oigo otro grito de alguien más que entra allí.

Nos echamos a reír.

—¿Por qué seguimos volviendo aquí año tras año? —pregunta Adi.

—Es divertido —contesta Omar, y se nos cuelga a Adi y a mí—. Me parece que tenemos que ir por aquí.

Nos guía hacia la izquierda, a través de árboles nudosos con ramas que parecen huesudos dedos, a punto de ir hacia nosotros para cogernos.

Me cruzo de brazos mientras nos acercamos a un búnker; hay un cartel fuera que dice ENTRAD DE DOS EN DOS, SI OS ATREVÉIS .

—Para nada —digo—. Cuatro me suena mucho mejor.

—Vamos, gallinita, yo voy contigo —dice Omar—. Zayn y Adi primero.

—¡Ugg, cabrón! —exclama Adi, y empuja a Omar riendo mientras Zayn le abre la puerta.

—Un búnker.

—Normalmente no eres tan cagueta, Pen. ¿Qué te pasa?

—No es lo mismo después de encontrarte un cadáver.

—Han cogido al asesino de Noah. Estamos perfectamente bien. Además, la gente de aquí no puede tocarte. No va a pasar nada, así que, tranqui, chica.

Sí, ya sé todo eso. Pero sigo asustada.

—¿Has hablado con alguien de lo de encontrar a Noah?

Niego con la cabeza, y pego un bote cuando Adi grita desde dentro del búnker. El sonido se repite, rebotando en las paredes. Luego oigo un chirrido mecánico. No tengo ni idea de qué puede ser.

—No, pero mis padres me dicen que haga terapia. Iré pronto. ¿Este año hay menos gente por aquí?

—Seguro. No es raro. Mis padres han estado a punto de no dejarme venir. —Se estremece—. Se han puesto en modo superprotector; me están poniendo de los nervios. Dicen que el pueblo ya no es tan seguro, ahora que ha habido otro asesinato.

Sí, bueno, pues no se equivocan.

—Mi padre se hizo con una pistola el año pasado. ¿Tienes un espray de pimienta?

Pone los ojos en blanco.

—Lo dejé en un cajón, pero sí que me dieron uno.

—Yo lo llevo en el bolsillo.

—En el pueblo hay mucha tensión. La poli está reclutando más agentes, la alcaldesa quiere instalar más cámaras, van a poner luces más potentes en las farolas. Mis padres no hablan de otra cosa. ¿Sabías que el precio de las casas ha vuelto a bajar? Ayer los oí hablando de eso.

—Sí, bueno, nadie quiere vivir en Villa Asesino —murmuro.

La puerta del búnker se abre de golpe y Adi arrastra a Zayn afuera.

—Te vas a mear de miedo, Penny —dice mientras se ríe, se aplasta el pelo y se quita una hoja.

Fantástico.

Omar me coge de la mano y yo me aferro a él. El búnker no parece muy grande, solo de unos cuatro metros cuadrados, pero es suficiente para entrar más de dos a la vez, así que eso no tiene nada que ver con el espacio.

Dentro está negro y tan silencioso que puedo oírme respirar. Omar suelta una risita a mi lado.

—No te vayas a ninguna parte —le digo.

—Esto acojona —contesta él, y me rodea con el brazo para no separarnos.

Con un grito ahogado, me acurruco contra él mientras una ráfaga de aire me alcanza como si un fantasma me atravesara entera.

Omar y yo reímos después del susto y giramos en la dirección del viento.

—¿Qué ha sido eso? —pregunto.

Ha sido como el soplador de hojas de mi padre cuando se obsesionó con limpiar el patio y fastidiarme a mí.

—Escucha —susurra Omar.

Contengo la respiración y miro por la habitación, tratando de ver lo que él ha oído. Los ojos se me adaptan y puedo ver la silueta de lo que parecen ser árboles. La sala huele a plástico y como a moho, así que supongo que son artificiales.

—Omar, ¿hay alguien allí? —susurro mientras señalo.

—¿Dónde?

El corazón me brinca en el pecho mientras Omar me arrastra un paso más adentro del búnker.

¿Qué se supone que tenemos que hacer aquí?

Solo sobrevivir.

—¡Allí! —grito al mismo tiempo que unas criaturas con atuendos blancos como segunda piel saltan desde todos los rincones del interior.

Omar y yo gritamos y nos agarramos con más fuerza. Los disfraces desaparecen de nuevo en el suelo como si fueran realmente fantasmas. Eran reales, no hologramas... pero ¿adónde han ido?

—Fantasmas —digo—. ¿Nos quedamos aquí quietos y esperamos a que vuelvan a saltar?

Mi pregunta obtiene la peor respuesta. Ráfagas de viento nos asaltan. Medio gritando y medio riendo, Omar y yo nos acurrucamos en medio del búnker. La gente de blanco emerge de nuevo, dando saltos laterales alrededor de la sala, como los cangrejos.

—¡No se mueven como fantasmas! —dice Omar mientras una ráfaga de viento tras otra cae sobre nosotros.

Me doy la vuelta a medida que se mueven. Entonces, los movimientos cambian de repente. En vez de saltar de lado, saltan hacia delante y caen justo ante nosotros.

Grito y Omar salta hacia atrás; me suelta y se cae de culo.

Aunque los siniestros danzantes cubiertos de blanco están como a un metro de nosotros, saltando y corriendo en direcciones diferentes, me río de Omar caído en el suelo.

Le tiendo la mano para ayudarlo a levantarse, pero dos de ellos saltan entre nosotros.

Entonces comienzan a moverse en círculo de nuevo, uno a mi alrededor y el otro alrededor de Omar.

Este se pone de pie mientras yo voy girando, y cuento a cuatro personas saltando a mi alrededor. Veo un hueco, un espacio de un par de segundos, y corro entre ellos. Ellos se van corriendo de nuevo y entonces pienso que ya se ha acabado.

Voy hacia Omar para que nos podamos ir, un poco decepcionada de que solo haya sido un poco de viento y gente enfundada en látex blanco. Pero antes de que pueda alcanzarlo, un crujido resuena en las paredes, como si el hormigón se estuviera resquebrajando.

Omar y yo nos miramos en la oscuridad. No oímos nada parecido cuando Zayn y Adi estaban aquí.

—¿Qué ha sido eso? —pregunto.