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Espero en el coche frente al Festival del Grito después de un día superlento en el insti. Normalmente, no venimos tan temprano, pero mis padres no me dejan quedarme hasta tarde, aunque Karter esté en custodia.
El asesino puede estar encerrado, pero el miedo permanece. Te cambia, te hace más cauteloso, menos confiado.
Mi madre y mi padre nunca volverán a ser los padres relajados y permisivos que una vez fueron.
Al otro lado de la calzada está el plantel de calabazas donde encontraron a Cait hace un año. El área donde metieron su cuerpo en un barril de basura ha sido acordonada. Se plantaron árboles para reemplazar el horror.
Los tres abedules son los únicos árboles en ese enorme campo, así que destacan muchísimo. Como una flecha de hojas apuntando al lugar donde la abandonaron.
Durante un minuto, observo cómo los arbolitos se agitan bajo el viento. Las hojas se están volviendo amarillas y naranjas. Un colorido charco yace bajo el tronco de cada uno de ellos, como si tratara de ocultar la sangre que se filtraba por el fondo del barril agrietado.
Omar detiene el coche al lado del mío, con Zayn y Adi dentro, porque todos viven como a una manzana de distancia entre ellos.
Salgo y comenzamos a cruzar el campo hacia el bosque.
Todo está más silencioso que de costumbre, pero ya nos lo esperábamos. Hay gente que cree que es de mal gusto seguir adelante con normalidad después de lo que ha pasado este fin de semana.
Egoístamente, yo solo me alegro de que Nash esté exculpado y Karter encerrado.
Omar y Adi se empujan jugando, mientras discuten sobre quién se meará de miedo primero. Será Adi, seguro.
—¿Estáis listos para ser aterrorizados? —pregunta Zayn, poniendo una voz profunda e inquietante. Se me cuelga del hombro, y casi podemos fingir que somos cuatro adolescentes normales, sin preocupaciones y sin ninguna oscuridad cerniéndose sobre nuestra cabeza.
—En este pueblo, siempre —respondo.
—Aún sigue habiendo cosas buenas aquí, Penny.
—Sí, vale, pero no puedo esperar para irme a la uni. Me largo de aquí en cuanto pueda. Hay demasiados recuerdos.
—No puedes dejar que Nash te expulse de aquí —dice Zayn.
—No lo hace.
—Él es la razón por la que quieres marcharte, ¿no es cierto?
—Aquí siempre seré la novia del hijo de Jackson.
Frente a nosotros, en el campo, hay un cartel, las letras están pintadas de rojo y gotean como la sangre.
F ESTIVAL DEL G RITO .
Al otro lado de la estrafalaria entrada se halla el bosque.
Acres de verde con una telaraña de senderos que debemos seguir, todo el rato con gente que nos salta encima y nos persigue.
Me estremezco al pensarlo. Mis delicados nervios seguramente no están preparados para lo de esta noche, pero no quiero quedarme en casa y no parar de darle al tarro.
He estado viniendo desde que tenía doce años, y cada vez me he dicho que nunca más. Aunque los actores tienen prohibido tocarnos, sigue siendo bastante acojonante.
—Te aviso —digo—. Me voy a colgar de ti como un mono araña.
Zayn ríe.
—No seas cría.
Me resulta imposible. Tengo el miedo dentro, es ya como una parte de mí.
—Bienvenidos al Festival del Grito —dice un tipo con una cresta mohicana azul eléctrico y una gran sonrisa.
Pintada en la cara, tiene una asquerosa cicatriz supurante, con la piel toda rasgada, y es tan realista que casi me da náuseas—.
Podéis grabar o hacer todas las fotos que queráis, pero no se permite el contacto físico con los actores.
Una vez que entráis, ya estáis dentro, así que daos media vuelta ahora si sois unos gallinas.
—Gracias, tío —responde Omar.
Seguimos andando y el grupo que viene detrás se detiene para el discurso del mohicano.
Omar salta de aquí para allá, disfrutando de todo lo que asusta.
Es un aficionado al terror, y los asesinatos no le quitaron las ganas de ver pelis de miedo.
Cuando veo que matan a alguien en la pantalla, solo puedo pensar en cómo deben de haberse sentido Mac, Cait, Kelsie, Brodie y Jia. Y ahora Noah.
El bosque es muy oscuro, con solo unos cuantos faroles colgando de los árboles o brillando sobre ellos para permitirnos ver por dónde vamos. Por todos lados hay murciélagos y telarañas colgando de las ramas.
—Por aquí —dice Omar mientras tuerce hacia la izquierda, llevándonos hacia... alguna parte.
El año pasado estuvimos casi dos horas en el bosque. La garganta me dolió después durante días, pero fue muy divertido. Bueno, fue divertido cuando llegamos al final. Esta noche, estoy decidida a pasármelo bien.
La temperatura baja como unos quince grados mientras nos adentramos en el bosque. Las ramitas crujen bajo mis pies. En algún punto en la distancia, un grito apagado resuena en el aire.
Omar ríe.
—¿Dónde crees que nos darán el primer susto?
Adi grita y le agarra la espalda.
—¡Aquí!
Él la mira con cara de póker.
—Vas a tener que esforzarte más.
El viento sopla suavemente entre los árboles y me echa el pelo a la cara. Me lo pongo detrás de las orejas y sigo a Omar; me quedo cerca de mis amigos porque, aunque los actores no tocan, sí que se te arrojan a la cara.
La primera vez que vine, casi le pego a uno. Fue instintivo; por suerte conseguí detenerme antes de que me echaran.
El camino se curva y se bifurca. No importa qué dirección tomemos, nos asustarán en ambas.
—¿Por dónde? —pregunta Omar.
—Derecha —contesto—. La última vez fuimos a la izquierda.
Inmediatamente, Omar tuerce a la derecha, y oímos otra tanda de gritos. Parecen llegar de algún punto situado más adelante, e intento hacerme fuerte por dentro.
Se me acelera el pulso mientras seguimos avanzando. La incertidumbre es casi peor que cuando llegan los sustos en sí. Miro los árboles, e intento ver si puedo descubrir algún movimiento tras ellos.
Puedo ver un palé en vertical. Hay muchos de esos por todo el bosque, al igual que chozas y otros lugares desde donde alguien puede aparecer de golpe. Pero no hay gente en todos, claro, porque eso eliminaría el elemento sorpresa.
—¿Estás lista? —pregunta Zayn cuando nos acercamos al primer palé.
—Nunca están detrás del primero —dice Omar.
—¡Mierda! Ya estoy asustada —informa Adi riendo mientras se agarra a la manga de Omar.
Me acerco más a Zayn.
—Te voy a usar como escudo humano.
—Qué bien saber que te importo —masculla él, sarcástico.
Al acercarnos, el corazón me empieza a latir tan fuerte que me mareo. No es una sensación horrorosa esto de estar asustado sabiendo que no te harán daño, y hace que me sienta viva.
Probablemente más viva de lo que me he sentido en todo el año.
—¡Zayn! —exclamo, y chillo cuando llegamos a la altura del palé.
—¿Ves?, no hay nada aquí —informa Omar.
En ese mismo momento, alguien se deja caer de un árbol ante nosotros. Va enfundado de arriba abajo en un uniforme de camuflaje, le gotea sangre falsa de la cabeza y lleva puestas unas lentillas amarillas que le dan una mirada salvaje.
Grito, pego un salto hacia atrás y casi me llevo a Zayn conmigo al suelo. Él me coge mientras nos tambaleamos. Su grito se vuelve una risa y el mío también.
—¡Hostia, tío! —exclama Zayn.
—¿Qué coño ha sido eso? ¿Desde cuándo os subís a los árboles? —pregunta Omar, riendo por lo bajo, mientras el tipo vuelve a trepar al árbol para el siguiente grupo.
Adi me coge de la mano y tira de mí.
—Tengo que seguir adelante —dice ella—. Cuanto más rápido vayamos, antes podremos salir y beber el ponche del final. Me voy a pedir el perrito empanado y el algodón de azúcar más grandes que vendan.
—Siempre pensando en el estómago, Adi, me gusta —comenta Omar.
—La comida me calma el estómago —explica.
Seguimos adelante, y nos dejamos guiar por los gritos que resuenan por el bosque.
—¿Qué es eso? —pregunto. Miro hacia arriba y veo sombras que corren entre los árboles.
—Nunca ganarán al escondite —dice Zayn.
—Si son un montón de payasos, me largo de aquí —les digo.
—¿Hola? —Omar los llama como un absoluto idiota.
—¿Qué mierda estás haciendo?
Las horribles criaturitas se van viendo mejor a medida que nos acercamos. Y no son tan pequeñas. Son hombres adultos envueltos en capas negras con máscaras blancas.
El estómago me da un vuelco.
—¿Qué puñetas...?
—No es la misma máscara —dice Zayn, al notar el parecido con la que usó Jackson durante la matanza.
—Aun así... eso sí que es rozar la línea —comenta Adi—. Espero que no esté por aquí ningún familiar de las víctimas.
Miro a Zayn. Exhibe su cara de póker. No hay forma de saber si esto le ha alterado. Pero a mí me sonríe, para asegurarse de que estoy bien, como siempre.
—¿Seguimos? —pregunto.
—Sí, ya los hemos visto. No van a poder asustarnos mucho.
—Se mueven de una forma inquietante —digo mientras nos acercamos.
Caminan con las rodillas ligeramente dobladas y los dedos extendidos, y sacuden espasmódicamente la cabeza y los brazos, y cuando nos acercamos más, los oímos sisear.
Se me pone la piel de gallina cuando suena otro largo siseo de uno de los hombres en los árboles. Ahora nos han rodeado. Tenemos docenas de criaturas espeluznantes a ambos lados.
Casi los hemos sobrepasado cuando, de repente, saltan al camino y chillan.
Grito y me cubro la cara con las manos.
«Es todo de mentira, esto es todo de mentira».
Una risa amenazante resuena desde los altavoces de los árboles.
Mis amigos gritan y saltan hacia un lado cuando uno de los hombres corre directo hacia nosotros.
Alzo la mirada y estoy retrocediendo hasta un árbol cuando algo me llama la atención. Es solo un instante y, probablemente, debido a algún efecto de la luz, porque aún estoy hiperventilando, pero uno de los tipos raros enmascarados parece un poco diferente, mayor que el resto... como Jackson.
Ahogo un grito cuando dos de ellos doblan el cuello hacia un lado ante mí. Salto rodeándolos, y trato de suponer hacia dónde ha ido el otro. Dos más se unen a los anteriores, tambaleándose frente a mí, agitando los brazos en rápidos movimientos robóticos.
Doy la vuelta y busco aquella máscara.