El acecho 8 #2
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8 #2

Zayn me hace un gesto con la cabeza antes de marcharse. No va a hacer nada para su madre; va a ver a Nash. Sé que he dicho que dejaría a Nash en paz, pero aún espero que Zayn me llame cuando salga de allí. Que no vaya a llamarlo no quiere decir que no quiera saber que está bien.

Me paso la siguiente hora con mis amigos y comprobando obsesivamente si me ha llegado algo al móvil. Intento que no parezca raro cuando lo hago, pero Adi lo nota.

—Suelta ya, de qué vas —me dice cuando Omar se va al servicio.

Me apoyo contra la falsa telaraña gigante de la pared de la farmacia.

—Nada, solo que tengo que contactar con mis padres un montón de veces o vendrán directos.

—Iba a preguntarte si quieres dormir en casa esta noche.

—Gracias, pero Karter ya ha sido arrestado, así que estoy bien. Me voy a ir. Aún tengo deberes de cálculo que hacer. Lo he estado dejando todo el fin de semana.

—¿Estás segura? Vamos a cenar algo y luego al cine.

—Estoy cansada —le digo—. Pero iré para la maratón de Scream del miércoles.

—Vale. Hasta mañana.

Me despido con la mano mientras voy hacia el coche, y de repente me siento agotada. Después de pedir una pizza, ducharme y acabar los deberes, podré meterme en la cama y ver una peli.

Lo único que quiero hacer es tumbarme y olvidar los últimos dos días.

Aparco en el garaje y bajo la puerta enrollable inmediatamente, a pesar de que el peligro ya ha pasado. Estar sola en casa me resulta ahora un poco diferente. Pero no quiero que no me guste. Siempre me ha encantado una casa vacía en la que puedo hacer lo que quiero y ver lo que me dé la gana.

Después de cerrar la puerta del coche, entro en la casa y me prometo disfrutar de mi única noche en soledad. Quizá cuando suba para irme a la cama a ver una peli, me llevaré un poco de chocolate.

Cojo una Coca-Cola de la nevera y acabo los deberes antes de subir a la habitación a darme una ducha caliente. Necesito quitarme de encima la sensación de ese cine viejo y siniestro, y la idea de que Nash y yo hemos acabado de verdad.

Apago la ducha, cojo una toalla y me envuelvo en ella. Se me pone la piel de gallina en los brazos cuando salgo al aire frío. Hace mucho frío aquí ahora. Me seco rápidamente y me pongo uno de mis pijamas más cómodos.

Agarro el pomo de la puerta y, en ese mismo momento, algo da un golpe fuera de la habitación. Me sobresalto, y el corazón se me sale del pecho.

El cuero cabelludo tarda más de un segundo en dejar de arderme.

«No seas estúpida».

Esto ya lo he hecho una vez hoy.

Mientras meneo la cabeza por lo estúpida que soy, abro la puerta y salgo al pasillo. No puedo ir pensando que hay algo que va a por mí cada vez que oigo un ruido.

El ruido seguramente es de alguien que coloca decoración afuera; los Braverman tienen la costumbre de colgar las cosas como el culo. Todas las mañanas, cuando salgo para el insti, tengo que recoger algún espectro o fantasma que se ha caído.

Voy a mi habitación y dejo la puerta abierta; me estoy secando el pelo con la toalla, cuando oigo otro ruido.

Y esta vez sí es algo.

Rápidamente, me agacho detrás de la cómoda mientras una oscura figura cruza el descansillo. El corazón me late con más fuerza.

¿Quién coño es ese?

Recorro la habitación con la mirada, con el pánico en aumento, y busco algo que usar por si me encuentra. ¿Dónde está el espray de pimienta que papá me compró el año pasado? Fijo que lo metí en algún cajón.

—¿Penny?

Lanzo un chillido y pego un bote cuando Zayn entra en mi habitación.

—¿Pen?

Me llevo la mano al corazón y respiro hondo.

—Pero ¿cómo se te ocurre?

—¿Qué estás haciendo ahí agachada? —me pregunta con el ceño fruncido.

—Pensaba que eras... No lo sé, he oído un ruido. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo has entrado?

Me levanto y me paso las manos por la cabeza.

Zayn alza las manos en señal de disculpa.

—Perdona por asustarte. Aún tengo la llave que me diste. —La levanta como prueba y luego la deja sobre la mesilla de noche.

—¿Cómo has sabido que estaba aquí?

—El chat del grupo. Omar y Adi están en el cine. Ella me ha dicho que te habías ido a casa.

—Oh. —No he mirado el móvil desde que volví—. ¿Has ido a casa de Nash?

Se deja caer sobre mi cama y pone los pies en alto. Lo quiero mucho, pero como no se pire rápido, lo voy a echar a patadas. Deseo tener mi noche tranquila.

—Sí.

—¿Y?

—Grace me dijo que me marchara. Bueno, usó un montón de otras palabras y gritó un poco.

—¿Solo la has visto a ella?

—Nash estaba dentro.

—¿Lo sabes seguro?

—Lo oí, Pen. Estaba ahí dentro, hablando con alguien.

¿El novio que es el doble de Jackson?

—¿Había una pickup nueva en la entrada?

—Sí, ¿por qué?

Me siento en la cama.

—Vale, ¿recuerdas que te dije que seguí a Nash cuando se lo llevaron a comisaría?

Zayn asiente con la cabeza.

—Bueno, pues yo también vi esa pickup , y te aseguro que no estoy loca, pero dentro había alguien que era clavado a Jackson.

Zayn cruza las piernas por los tobillos y pone las manos tras la cabeza, demasiado relajado.

—¿Qué es lo que no entiendes? —pregunto.

Él sonríe de medio lado.

—La parte de que Jackson Whitmore tiene un doble.

—Se parecía mucho a él.

—¿Lo pudiste ver bien?

—No, solo de lado, pero llevaba una gorra azul de béisbol como la de Jackson. No es él, claro, porque sigue encerrado, pero hay alguien allí, y Nash me mintió cuando se lo pregunté. Me dijo que la pickup es de Grace y que ella está vendiendo la suya.

—Podría ser verdad.

—Sí, claro. Creo que Grace podría tener un novio, pero tenemos que averiguarlo, ¿vale? No me mola nada que Nash me mintiera en eso.

—¿Y quieres saberlo con seguridad para no volverte loca?

—Precisamente. Así que mañana vamos allí. Entramos en la casa. Por la noche.

—¿Por qué no esta noche?

—Estoy al borde del colapso, Zayn, y Grace está en casa. Sigue trabajando en aquel restaurante de carretera de la interestatal, ¿verdad?

Zayn asiente con la cabeza.

—Mi madre se detuvo allí de camino a casa la semana pasada. La vio sirviendo. Al parecer trabaja allí casi todas las noches.

—Bien. Iremos después de que oscurezca, cuando ella esté trabajando. En algún sitio habrá pruebas de quién es ese novio.

—¿De verdad que era como Jackson?

—Alto con una gorra azul de béisbol. Quizá no se parezca en nada a él. —Sonrío—. Lo sabremos mañana.

Pone los ojos en blanco.

—Vale, pillo la indirecta. Echa la llave cuando salga. Nunca se sabe quién andará por ahí fuera.