7 #2
No sé a qué ha venido eso, y no es algo de lo que quiera hablar.
Río, pero no hay absolutamente nada divertido en esta situación o en el hecho de que volver a estar juntos no sea ni siquiera una opción.
—Estoy segura de que a mis padres les encantaría.
—¿Tendrían que saberlo? —Me suelta la mano y va hasta la primera fila de asientos. Solo quedan cuatro filas en la parte más alta. Yo voy al otro lado.
—¿Crees que debería ver a Nash en secreto? —pregunto.
—No hasta que hayan trincado al asesino. Anoche hiciste lo más tonto que podías hacer. ¿Estabas buscando que te mataran?
—Vale, vale, ya lo pillo. —Miro al suelo mientras ando, con la luz brillando ante mis pies. Hay una chaqueta en el suelo, con una fina capa de polvo, así que quizá se la dejaran en alguna fiesta—. Zayn, puede que tenga algo.
Sus pasos resuenan hacia mí.
—¿Qué es?
—Una sudadera oscura de cremallera.
—Como la que llevaba Jackson.
—Como la que lleva la mayoría de la gente. Mira, tiene polvo, pero no tanto como las sillas.
—¿Es de Nash? —pregunta.
—¿Y cómo quieres que lo sepa?
—Mira la etiqueta. ¿Sabes dónde compra?
—La verdad es que no —contesto, pero muevo el cuello de la sudadera con la punta del pie—. Old Navy. No creo que él compre ahí.
—No, pero Grace sí. No conocía bien a Jackson, pero no lo veo comprando ropa en ninguna parte —dice Zayn—. Seguro que el tío dejaba a Grace y a Nash utilizar su tarjeta de crédito.
—Sí, quizá. Pero nunca he visto esta sudadera antes y la tela está bastante gastada.
—¿Qué quiere decir eso?
—Quiere decir que parece tener más de un año, así que se la habría visto alguna vez a Nash.
En la oscuridad, vislumbro vagamente el ceño de Zayn.
—Sigamos. Eso puede ser de cualquiera, y fijo que habría que fumigarla.
Qué asco.
Gira y vuelve a su lado de la sala.
Paso por encima de la sudadera y continúo buscando... algo.
—Envoltorios de chicle, un zapato... ¡¿quién se olvida un zapato?!... y lo que parece una tira de sujetador. No quiero ni saberlo. ¿Algo por tu lado? —pregunto.
—No mucho. Solo basura. Hay unas cuantas botellas de agua sin abrir. Sin polvo.
—Quizá alguien esté durmiendo aquí.
—¿Un sintecho? —pregunta.
—Podría ser. ¿Has visto un saco de dormir o algo así?
—No, ninguna prueba de que alguien duerma aquí.
Bien, eso sería bastante triste. Aquí hace frío y está sucio.
—Zayn, ¿tú qué crees que le pasa a Nash?
Viene hacia mí y suspira.
—¿La verdad? No lo sé. Ya hace un tiempo que está como en una espiral.
—¿Qué? ¿Una espiral de qué? Nunca me has contado nada de esto.
—No quiere que tú lo sepas, Pen.
—¿Por qué? —pregunto casi sin aliento.
—Vamos, ya sabes por qué. La última vez que hablamos, su padre acababa de intentar ponerse en contacto con él. Eso lo dejó bastante jodido. Nash no quiere saber nada de él, pero siempre será su padre.
—Hablas con él más de lo que me has dicho.
—Solíamos hablar regularmente. Hasta el mes pasado, que él dejó de hacerlo.
—¿Por qué no me lo habías dicho?
—¿Y por qué tendría que hacerlo? También es mi amigo, y vosotros no os hablabais. No todo tiene que pasar por ti.
Estaba hablando con Nash en la misma época que me dijo que yo le gustaba.
Entrecierro los ojos.
—No estaba sugiriendo eso.
—Entonces, ¿por qué te pones como si yo la hubiera cagado? Tú tampoco nos lo mencionabas nunca. No pasa nada si quieres fingir que no sigues totalmente colgada de él, pero no esperes que el resto pasemos de él por eso.
—¡No es eso lo que yo estaba haciendo! Pero ¡qué mierda, Zayn!
Él se acerca y yo también. Vamos el uno hacia el otro, dispuestos a encontrarnos en el medio, para luchar por lo nuestro.
—¿Cuándo he querido yo que pasarais de él? Yo era quien presionaba para que fuéramos a verlo —me defiendo.
—Entonces, ¿qué pasó?
Alzo las manos al cielo.
—Todo se puso muy complicado. Mis padres...
Zayn niega con la cabeza.
—Eso no importa ahora. Ya está hecho. Se ha pasado, como mínimo, los últimos cuatro meses pensando que está solo.
—¿Qué más hay que yo no sé?
—¿De qué estás hablando?
—Tienes secretos, Zayn.
—¿Y tú no? ¿Dónde estabas anoche...?
Cierra la boca de golpe cuando oímos el mismo ruido de anoche. Lo agarro por la muñeca, y abro mucho los ojos tratando de ver más en la oscuridad.
—¿Fue eso lo que oíste? —pregunta él.
—Sí. ¿De dónde venía?
Lo oímos de nuevo, el ruido de metal rascando en... hormigón, creo.
Zayn y yo miramos hacia arriba al mismo tiempo.
—Viene de allí arriba —susurro.
—¿Crees que podrían ser Omar y Adi? —pregunta Zayn.
En ese mismo instante, los dos entran en la sala de golpe, conteniendo un grito e iluminándonos con las linternas. Adi tiene los brazos alrededor de Omar y él mira hacia todas partes, con el pecho hinchado, como si estuviera listo para ir a por quien sea que esté ahí arriba.
—¿Habéis oído eso? —pregunta Adi.
—¡Hum, sí, hemos oído eso! —susurro.
—¿Es el ruido de anoche? —pregunta Omar.
—Sí —respondo, al mismo tiempo que Zayn.
Vale, se supone que fue él quien lo oyó. Aparte de Zayn y Nash, todos los demás creen que anoche yo estaba durmiendo en mi cama.
—¿Qué hacemos? —susurro.
Adi tira de Omar.
—Yo no voy a subir ahí. ¿Podemos irnos, porfa?
—Hemos venido aquí por esto, Adi. ¿Qué te esperabas? —le pregunta él.
—Pensaba que solo era un poco de coña por Halloween. No quiero seguir aquí. ¿Y si es el asesino de Noah?
Zayn la mira de un modo que hace que ella le devuelva una mirada espantada.
—Puede que haya una corriente de aire por ahí arriba. La mayoría de las ventanas están rotas y mal tapiadas.
No hay muchas ventanas, solo unas cuantas en el vestíbulo y en los pasillos.
—Adi y tú os quedáis aquí; nosotros iremos a echar un vistazo —nos dice Omar.
—¡Para nada! Yo también voy —afirmo.
—No deberíamos separarnos —aporta Adi—. Es la primera regla en situaciones como esta.
El ruido vuelve a rasgar, más fuerte esta vez, y algo da un golpe. La única persona que podría hacer que esto mejorara, la que me haría sentir menos miedo, es la persona que Zayn y yo creemos que puede estar haciendo el ruido.
—Vale —dice Omar, y carraspea para ocultar el temblor en su voz—. Vamos todos juntos.
En la cabeza, me estoy gritando: «Mala idea, mala idea». Pero tenemos que saber qué es. Zayn dijo que Nash lo estaba pasando mal. ¿Por qué me haría venir aquí sin ninguna razón? Quizá haya algo que quiere que yo vea.
Sigo a Omar, Adi se aferra a mí y Zayn viene pegado detrás. Seguimos la linterna del móvil de Omar hasta salir de la sala y llegar a la gran escalera.
—Ah, tío, esto es una mala idea —masculla Zayn desde atrás.
Bueno, ahora ya nos hemos comprometido con la estupidez.
El corazón me golpea con fuerza contra las costillas cuando pongo el pie en el primer escalón.
«¿Me estás guiando hacia algo o solo te estás burlando de mí, Nash?».
Ojalá hubiéramos ido primero a su casa.
—Odio esto —susurra Adi mientras me aprieta tanto la mano que me chafa los nudillos—. Para que conste: yo no quería subir aquí.
En lo alto de la escalera, miramos alrededor hacia la profunda oscuridad, y apenas vislumbramos algo. He estado aquí arriba docenas de veces, pero desde entonces han pasado, al menos, cuatro años.
Estoy segura de que aquí arriba hay seis puertas. Dos son las salas de cine; luego, hay dos servicios, una salida de emergencia y una sala de acceso restringido en la que pone SOLO PERSONAL AUTORIZADO en letras tan grandes que yo solía recorrerlas con el dedo mientras esperaba las palomitas.
—¿De dónde creemos que viene? —pregunto.
—Sonaba directamente encima de nosotros, así que creo que de allí —contesta Zayn, y señala hacia la izquierda. Ahí es donde está la sala de personal... o estaba.
Fuerzo los ojos, y apenas consigo verme las manos. Las pocas ventanas que hay aquí están mejor tapiadas que las del vestíbulo. Ninguna luz ha conseguido atravesarlas.
El aire es tan espeso que puedo notar el polvo en la garganta, y hace frío. Mucho más frío que fuera incluso.
Si pudiera ver, vería la nube de vapor ante mi cara.
—Entonces, ¿entramos? —pregunto mientras intento no dar arcadas por el aire sucio.
—No —contesta Adi.
—Yo voy primero —dice Zayn, y toma la delantera. Casi lo pierdo de vista con solo unos pasos.
Doy un paso en la misma dirección que él y entonces un fuertísimo golpe resuena en todo el cine. El ruido de una puerta al golpear contra la pared después de que se haya abierto de repente.
Adi grita. Yo grito. Omar grita. Zayn suelta una palabrota. Alguien cae, me parece. Me giro para correr, sin saber muy bien hacia dónde voy, pero sabiendo que necesito salir de aquí a toda prisa.
Nash no puede estar detrás de esto.
¿Llevaría él las cosas hasta tal extremo?