El acecho 7
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—¿Has perdido la poca cabeza que tienes? —pregunto, y le doy una patada por debajo de la mesa. En algún momento me tendrá que decir de qué va, ¿no? ¿Por qué íbamos a querer volver allí?

A Omar se le iluminan los ojos pensando en el subidón de adrenalina. Siempre está alentando las malas ideas de Zayn. Si este sugiriera hacer una rampa desde lo alto de las escaleras del cine para bajarla con el monopatín, Omar diría que debemos hacerla desde la ventana del segundo piso.

—¿Quieres quedarte aquí con los juegos de feria y comer algodón de azúcar? —pregunta.

Adi le tira una servilleta hecha una pelota.

—Eh, a mí me gustan esos juegos y el algodón de azúcar.

Llegan nuestras tortitas, lo que detiene momentáneamente nuestra conversación sobre allanamiento de propiedades.

Me lanzo sobre mi tortita de arándanos con todo el entusiasmo que puedo, pero después de unos cuantos bocados desearía haber pedido un menú infantil. En cuanto esto acabe, será mejor que recupere el apetito. Dejo el tenedor en el plato y bebo un poco.

—Nadie nos echará en falta mientras dure la feria —dice Omar.

—¿Esa de allí no es tu madre? —le pregunto—. Nunca se pierde nada de lo que se monta en el pueblo.

Resopla.

—Aafiya ha engordado un kilo y medio, y le ha dado un ataque, así que mamá la está llevando al gimnasio. Como si fomentar esas ideas fuera a servir de algo. No veas las ganas que tengo de que pase la boda. Si alguno de vosotros me deja colgado ese día...

—Allí estaremos —le aseguro—. Y ahora, ¿es una buena idea? Estaremos allanando la propiedad.

Zayn me da un codazo.

—¿Y dónde está tu espíritu de aventura?

Creo que él sabe exactamente lo que le pasó a mi espíritu de aventura, después de recogerme a altas horas de la noche.

—Será divertido —aporta Adi mientras se mete un tenedor cargado de tortita de trocitos de chocolate en la boca—. Me apunto.

—Y yo —añade Omar.

Bueno, no voy a dejar que vayan solos o a quedarme sola en la plaza. Además, quiero saber qué se propone Zayn. ¿Querrá ver si hay alguna señal de que Nash estuvo allí?

Y tampoco es que en el Benji’s no se entre a menudo.

—¿No tienes hambre? —me pregunta Zayn mientras Omar y Adi están distraídos hablando con Mae, que se ha parado en nuestra mesa.

—No he tenido mucho apetito desde que encontré a Noah...

—Claro. Perdona. ¿Quieres hablar de eso o algo así?

Se lo ve muy incómodo, como si creyera que ha metido la pata hasta la rodilla.

—Estoy bien —contesto—. ¿De verdad vamos al Benji’s?

—Tenemos que saber qué fue lo que oíste.

—¿Crees que el asesino de Noah podría estar escondido ahí? La poli está sobre él... o ella.

O Nash.

—No lo sé, por eso vamos.

Después de desayunar, cruzamos todos juntos la plaza, esquivando a niños pequeños que corren y gritan, envueltos en disfraces de tiendas de todo a cien y cargados de azúcar.

Una música de miedo sigue saliendo de los altavoces de la plaza, y va sonando mientras la gente corre y se divierte, como si estuviéramos en una peli de terror y a punto de llegar a la parte en la que empiezan los sustos.

—¿No es raro que no hayan cancelado esto? —aventura Adi.

—¿Por qué? ¿Crees que colgar esqueletos y sábanas manchadas de sangre es de mal gusto? —Mi voz destila sarcasmo. El año pasado no cancelaron nada hasta el doble asesinato de la Noche del Diablo, justo antes del día de Halloween.

Adi ríe.

—¿Crees que van a volver a cancelar el truco o trato?

Me encojo de hombros.

—Deberían.

La alcaldesa está en el centro de la plaza, y bebe chocolate caliente con nubes mientras habla con un reportero. Lleva unos cuernos de demonio y una capa negra.

Escucho atentamente mientras nos acercamos.

—Estamos todos destrozados por esta triste pérdida, pero queremos que los niños de nuestro pueblo...

Nos alejamos y no puedo oír el resto. ¿Qué es lo que quieren que hagamos? ¿Olvidar que ahora ya son seis los adolescentes asesinados? ¿Divertirnos a pesar del trasfondo de miedo y muerte?

—¿De verdad que está usando a los niños como excusa para justificar que sigamos de fiesta? —pregunta Adi.

Omar resopla.

—Eso parece.

—Es una joya —dice Zayn, y me echa el brazo al hombro mientras nos quedamos un poco por detrás de Adi y Omar—. Necesito saber si era él quien estaba dentro —susurra.

—¿Y qué?, ¿crees que habrá dejado alguna prueba, Scooby-Doo?

Menea la cabeza riendo.

—No lo sé, pero algo le pasa. ¿No quieres averiguar qué es?

—Claro que sí.

—Entonces, empezaremos por aquí —dice mientras esquiva a un grupo de escolares con los disfraces tradicionales de Halloween. Dráculas, momias, esqueletos y dos brujas.

—Creía que ibas a volver a pasar por su casa, ¿no? —le pregunto mientras caminamos por el callejón que lleva al cine y dejamos Halloween atrás.

—Lo haré.

—¿Has probado a llamarlo otra vez?

—¿Tú qué crees?

—Zayn, estoy de los nervios. Nadie ha sabido nada de él desde ayer. Alguien estaba en el cine anoche, y ahora los dos pensamos que podría ser él.

—Ah, ya sabía que te rayarías por eso. —Deja caer el brazo de mi hombro. Baja la voz aún más y me dice—: Ayer por la noche también me pasó algo.

—¿Qué?

—Cuando volví a casa, mi lámpara estaba encendida.

—Vale, eso es... algo, supongo —contesto, frunciendo el ceño. No es comparable con ver a un asesino enmascarado.

—Eso no es lo raro, Pen. El problema es que no la dejé encendida.

—Quizá la encendiera tu madre.

—Fue lo primero que pensé, pero ella llegó a casa después que yo. Y mi padre sigue en la plataforma hasta noviembre. ¿Quién la encendió?

Me paro al llegar al pie de la escalera del cine. Adi y Omar están arriba y tratan de mirar por entre las tablas que cubren las ventanas.

Cojo a Zayn por la muñeca.

—¿Tú crees que fue Nash?

—No lo sé. Es posible. Lo único que sé es que no fui yo. He cambiado de sitio la llave escondida para que, quien fuera, no pueda volver a entrar.

—A no ser que haya copiado la llave. Deberías cambiar las cerraduras.

Ríe y menea la cabeza como si le hubiera sugerido algo absurdo.

—Sí, esa sería una gran conversación con mi madre.

—¡Zayn!

—Ya pensaré en algo.

—Esto no me gusta. Cuando acabemos aquí, nos vamos los dos a la granja.

Él asiente.

—Muy bien, pero tú te esperas en el coche, por si no quiere verte.

Vale, auuu.

—¡Eh, vosotros dos, vamos! —grita Adi, mirando hacia atrás.

Omar baja la escalera.

—Tenemos que ir por detrás. Las puertas tienen candados.

—¿Puedes abrir un candado?

—Sí, solo pásame una horquilla.

Adi lo mira ojiplática.

—¿De verdad puedes hacerlo?

—¡No! —Omar pone los ojos en blanco—. Vamos por detrás.

Miro hacia atrás mientras rodeamos el edificio.

Todo el mundo está en la plaza y casi nadie viene por aquí, ahora que todas las tiendas están vacías. Puedo oír vagamente el sonido del Monster Mash .

—Omar y Adi están de lo más excitados con esto —le susurro a Zayn.

—Sí, bueno, ellos no saben por qué lo estamos haciendo.

Porque ellos culpan a Nash y Grace de lo que hizo Jackson. Zayn acierta al no contarles nada. Confío en ellos, pero si creen que corro peligro, irán a decírselo a mis padres.

En una situación de vida o muerte, todos lo haríamos.

—¡Aquí! —grita Omar—. Esa puerta no está cerrada.

Veo el candado reventado en el suelo.

—Antes sí.

La última fiesta aquí fue en verano. No había vuelto hasta ayer por la noche, así que no sé cuándo lo cerraron de nuevo.

—Mira, alguien ha conseguido entrar —dice Adi a Omar.

—Y no lo ha hecho con una horquilla.

Ella lo mira mal en broma mientras él abre la puerta. Yo entro detrás, seguida de Adi y Zayn.

El vestíbulo está oscuro. Delgadas capas de luz se meten entre las maderas que cubren las ventanas y crean sombras contra los cubos de palomitas y los vasos de plástico que hay por todo el suelo.

Una gruesa capa de polvo lo cubre todo. Las paredes rojas se están pelando y el aire huele a rancio, a moho y a suciedad.

—¡¿Hay alguien en casa?! —grita Omar.

Le doy una palmada en el pecho con el dorso de la mano.

—¡Calla!

Adi se mete entre nosotros.

—¿Es que quieres que nos maten?

—Guau, ¿quién dice que aquí hay un asesino? —Omar mira hacia atrás a Zayn—. ¿Estamos buscando a un asesino? Porque esa es la clase de cosa de la que adviertes a tus amigos. Lo haríamos igual, pero hubiera estado bien saberlo. Me hubiera traído un arma.

—Omar, sigue andando. ¿Por qué se iba a esconder aquí un asesino?

—¿Quizá esto sea su guarida? —digo yo, y recibo una feroz mirada de Zayn—. Si no puedes vencerlos...

Atravesamos el vestíbulo. Ante nosotros se encuentra la taquilla y en las dos paredes están las puertas para las salas de la uno a la cuatro; arriba hay dos más.

—¿Y ahora qué hacemos? —pregunto mientras miro a todos lados buscando el origen del ruido que oí anoche.

—Hay cuatro salas aquí abajo —dice Omar.

—Te juro que, como se te ocurra pensar en dividirnos, te doy una patada —suelta Adi.

—Muy bien, Adi y Omar, mirad en la uno y la dos. Penny y yo iremos a la tres y la cuatro —organiza Zayn—. Nos encontraremos aquí antes de subir.

Yo preferiría no ir arriba.

Omar y Adi ríen mientras corren hacia su primera sala.

—¿Ves las huellas? —pregunto, mientras dirijo la linterna del móvil al suelo.

—Sí —contesta—. Pero podrían no ser ni de Nash ni del asesino. No somos los primeros en estar aquí desde que el cine cerró.

—Cierto.

Muchos de nuestros compañeros han fardado de haberse colado aquí. Incluso hemos estado en unas cuantas fiestas en la sala número tres, la única a la que ya le habían quitado la mayoría de los asientos antes de que los trabajos pararan de golpe.

—Vamos —dice Zayn, y me coge de la mano.

Me alegro de que lo haya hecho, porque realmente quería cogerle la mano, pero no quería que él pensara que soy una enorme cría. Me agarro con fuerza mientras él abre la puerta. La sala tres. Recuerdo la cerveza barata que bebimos aquí el verano pasado.

El suelo aún está cubierto de vasos de plástico.

Si todo nuestro ADN estuviera en los ficheros y los polis hicieran pruebas a esos vasos, la mitad del insti tendría problemas.

Zayn mira hacia atrás.

—Buenos tiempos, ¿eh?

—Tiempos más fáciles. Los echo mucho de menos.

—¿Crees que Nash y tú volveréis a estar juntos?