El acecho 6
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—Mierda —mascullo, y me pongo en pie mientras el abrasivo ruido resuena en el edificio otra vez.

Me vuelvo hacia la calle, pongo las manos sobre el muro, salto por encima del ladrillo y vuelo escalera abajo. Los faros se van haciendo más grandes mientras corro hacia ellos por la calzada.

El coche se para fuera del cine y Zayn se inclina para abrir la puerta del copiloto.

Me tiro en el asiento y cierro de un portazo.

—¡Arranca, Zayn!

—¡Guau! ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? Hostia, Pen, haces que un fantasma parezca bronceado.

—He oído algo dentro del cine y me he asustado mucho. ¿Por qué no arrancas?

Mira más allá de mí, hacia el cine Benji’s.

—¿Qué has oído?

—¿Y qué importa? ¡Vámonos! ¿Puedes ponerle el seguro a la puerta, porfa?

Sin mirar, Zayn le da al botón y activa el seguro de las puertas. Me hundo en el asiento y, finalmente, soy capaz de respirar. El coche sigue al ralentí; Zayn no me responde.

Sus ojos color avellana me perforan al mirarme, y no tengo ni idea de en qué está pensando, aunque seguramente es algo sobre lo loca que cree que estoy.

—Tranquilízate. ¿Qué has oído, Penny?

—Metal. Como arañando. De verdad, ¿podemos irnos?

Se recuesta en su asiento, mirándome todavía como si yo fuera un bicho raro. Sus oscuras cejas están fruncidas, y se toca el puente de la nariz.

—Se supone que no deberías acercarte a él. Tus padres... ¿Qué estás haciendo aquí?

—¡Te juro que te contesto a cualquier pregunta si arrancas de una vez! De verdad que quiero largarme de aquí, ¿vale? Ha sido un día muy malo y solo ha empezado —miro el reloj— hace veintitrés minutos.

Zayn pone la primera y finalmente arrancamos.

Lo observo durante un segundo y mis pulsaciones comienzan a descender.

Zayn siempre ha sido seguro. Tiene un efecto calmante que hace que le quieras revelar todos tus secretos.

Tiene unos ojos castaños de lo más amables, piel oscura y pelo negro, que recientemente se ha hecho trenzar formando un dibujo en zigzag que le recorre toda la cabeza hasta la nuca.

Debe de habérselo hecho hoy o, mejor dicho, ayer, porque el viernes en la escuela lucía un peinado afro.

—Me gusta lo que te has hecho en el pelo.

—Tardaron horas. Dime qué está pasando —inquiere, y nunca ha sonado más como mi padre.

—¿Por dónde empiezo?

—¿Por qué habías quedado con Nash?

Dice su nombre como si fuera algo desagradable. No quiero pensar por qué. Ya habíamos superado eso... creía yo.

—Me lo pidió.

—¿Por qué?

—Para hablar, supongo. No me lo dijo cuando lo llevé a su casa desde la comisaría.

—¿Qué? —La voz le sale tan aguda que me hace reír—. ¡Penny!

—Perdón. Se lo llevaron a la comisaría para interrogarlo. Vi que lo trasladaban en un coche patrulla y los seguí. Lo esperé y luego lo llevé a su casa. Fue un poco raro, seguro, pero pensaba que nos estábamos llevando mejor.

—¿Y por qué no podíais hablar mientras lo llevabas a casa?

—Tenía que volver antes de que mis padres llegaran. Estaban fuera cuando encontré... el cuerpo. Nunca hubieran entendido por qué yo quería ver a Nash.

—Yo tampoco estoy seguro de entenderlo.

—Zayn, fue tu amigo durante años.

—Lo sé, pero también lo era Brodie.

La última víctima de Jackson.

—Nash no mató a Brodie —digo a media voz, tratando de ser lo más comprensiva que puedo. Aquella noche, perdió a un amigo. Pero la sangre de Brodie no está en las manos de Nash.

Agarra el volante con más fuerza, y aprieta el acelerador un punto más. Tiene el mentón apretado, los ojos tensos, como si ya estuviera arrepintiéndose de haberme ido a buscar.

No habíamos hablado de Nash desde la noche que Zayn me pidió salir, un mes después de que Nash y yo dejáramos de hablar, así que esto resulta de lo más incómodo.

—Lo siento —digo—. Pero él también nos necesita.

—¿Crees que no lo sé? —pregunta—. Lo he intentado, Penny.

—¿Qué?

—He intentado contactar con él hace poco. No he recibido respuesta.

Creía que yo era la única a la que le costaba no ver a Nash.

La única que seguía intentándolo, aunque últimamente no lo haya hecho muy bien.

Zayn no había estado del lado de Nash desde hace mucho, sobre todo después de que yo le dijera que aún no estaba preparada para volver a salir con alguien, así que resulta raro que haya intentado contactar con él.

—¿Por qué no me lo has dicho? —pregunto.

—Porque siempre pareces ponerte muy triste cuando lo mencionamos. Porque... ya sabes.

Ojalá no lo supiera. Zayn ha sido mi amigo íntimo durante años, pero aún no hemos vuelto a la normalidad. Sobre todo, fingimos que él nunca me dijo que quería algo más conmigo.

—¿Nadie habla de él porque creen que me molesta?

—Más o menos por eso no hablo yo de él. No puedo hablar por Omar o Adi.

Más o menos.

—Me da la sensación de que Adi lo odia. No ha tardado nada en acusarlo del asesinato de hoy.

Zayn mete más gas y aceleramos.

—También he estado oyendo esa mierda durante todo el día. Nadie lo conoce como nosotros.

Esto es auténtico; estoy segura.

—Tío, es tan agradable hablar con alguien que no le odia —digo—. Ojalá me lo hubieras contado antes.

Se encoge de hombros mientras se salta un semáforo y tuerce hacia mi calle.

—Mira, sé que las cosas han estado un poco raras entre nosotros, pero estamos bien, Pen. Puedes hablar conmigo siempre que quieras.

—¿Seguro?

Me sonríe un poco.

—¿Creías que iba a estar sufriendo por ti el resto de mi vida?

Eso sugiere que, al menos, sufrió un poco.

—¡No, claro que no! Es que... eras uno de mis mejores amigos.

—Y lo sigo siendo —ríe—. Puedo notar las ondas de incomodidad manando de ti. Para, ¿vale? Estoy bien. Tú estás bien. Habla de Nash todo lo que quieras.

—Muy bien. Gracias. Estoy preocupada por él —confieso, y los hombros se me hunden de alivio al haber limpiado el aire.

Deberíamos haberlo hablado hace siglos.

—Lo llamaré.

—¿Has hablado con él alguna vez? —pregunto.

—La última vez fue hace como un mes. Después dejó de responder a mis llamadas.

Parpadeo dos veces de la sorpresa. Hace un mes. Yo ni siquiera le hablaba.

—¿Cómo estaba?

Zayn para el coche a media manzana de mi casa, como ha prometido.

—Estaba igual. Enfadado. Dolido. Confuso.

—Debería haber contactado con él antes.

—No te culpes. Toda esta situación es una locura.

Abro la puerta.

—Cuando vuelvas a hablar con él, ¿me lo dirás?

Zayn asiente con la cabeza.

—Gracias por venir a buscarme.

—No hay problema. —Se encoge de hombros.

Cierro la puerta del coche, pero él no arranca.

Espera, como el caballero que es, mientras recorro la acera y me meto por detrás de mi seto.

Me alegro tanto de haberlo recuperado...

, por incómodo que fuera desenterrarlo todo.

Y también fue un milagro que consiguiéramos mantenerlo en secreto. Adi suele olerse las cosas como esa.

Oigo el suave ronroneo de su motor mientras abro la puerta trasera y entro en casa.

Todo está oscuro y en silencio. Me quito los zapatos, subo arriba y me pongo el pijama. Cuando vuelvo a estar en la cama, y ya no me puedo meter en líos, envío otro mensaje a Nash. El anterior sigue sin haberlo leído.

Penny: Por favor, solo dime si estás bien.

Caigo en un sueño intranquilo y sin respuestas.

Me despierto lo que me parece solo un momento después. Me doy la vuelta y miro la hora en el móvil. Las cinco y veintisiete. Tengo un mensaje que Zayn me ha enviado hace un par de horas.

Zayn: No he podido contactarle, pero pasé por la granja y su luz estaba encendida. Lo siento, Pen.

El corazón se me cae a los pies. Así que solo está pasando de mí. Me hizo creer que íbamos a hablar y arreglar las cosas, pero solo se estaba vengando. Eso no es propio de Nash. Detesto lo mucho que este último año lo ha cambiado.

Penny: ¿¿¿Estaba de relax en casa mientras yo me escondía junto al cine???

No quiero contarle a Zayn nada de la persona que vi en la calle, porque ya está bastante rayado porque haya ido sola a encontrarme con Nash mientras hay un asesino rondando por ahí.

A no ser... que la persona en la calle fuera...

No. No puede haber sido Nash. Incluso si hubiera querido asustarme así, no lo habría hecho la noche que habíamos decidido quedar. Sería demasiado evidente.

Además, Nash no es una mala persona.

Zayn: No lo sé. Hoy volveré a ir allí. No te preocupes, ya lo averiguaré.

Penny: ¿Puedo ir?

Zayn: No creo que sea buena idea. Ayer te dejó plantada y quiero hablar con él.

Es decir, si yo estoy allí, nos dirá que nos larguemos.

No puedo evitar el bajón que esa idea me produce, incluso si es exactamente lo que me merezco.

Penny: Necesito verlo.

Zayn: Déjame que primero haga el control de daños.

Penny: Vale, dime algo.

Suspirando, tiro el móvil sobre la almohada y gruño. ¿Y qué se supone que debo hacer ahora? No mucho más que confiar en que Zayn pueda hablar con él. Tenemos que hacerle saber que estamos de su lado, sobre todo ahora que ha habido un asesinato calcado de otro.

Me doy una ducha rápida y me arreglo para encontrarme con Adi, Zayn y Omar, y desayunar juntos antes de ir a la feria de Halloween en la plaza del pueblo.

Una feria que, supongo, acabarán cancelando, aunque, en este momento, la policía cree que el asesinato es un incidente aislado.

En las noticias dicen que no hay nada que sugiera que esto va a ocurrir en serie.

Ni tampoco nada que sugiera lo contrario.

—Hoy no quiero que vayas a ningún lado tú sola —dice mamá mientras se mete rápidamente en el bolso las cosas que necesita. Agarra su termo y una tostada.

—No lo haré. Lo prometo.

Últimamente me veo incapaz de mantener esas promesas.

—Lo digo en serio, Penelope.

Me ha llamado por el nombre completo. No está de broma.

—Lo pillo, mamá. Todavía no te has arreglado el pelo —le informo.

Suelta un grito ahogado, deja el café y la tostada para recogerse el pelo en alto con el pasador que le cuelga del bajo de la chaqueta.

—He hablado con el vecino. Corre el rumor de que la policía tiene un sospechoso, investigan algo relacionado con la enemistad de Noah con otro chaval, siguen esa pista.

—¿Quién? —pregunto.