5 #2
Nash ya debería estar en el cine. Solo tengo que llegar hasta él y entonces seremos dos contra uno, y eso ya me gusta más.
El estómago se me retuerce; mi cuerpo es totalmente contrario a este plan, pero ¿qué otra cosa puedo hacer ahora? Estaré más segura con Nash que volviendo a casa sola. Tengo que regresar a casa como sea, y realmente preferiría que fuera con otra persona.
Miro alrededor, y valoro mi camino hacia el otro lado. Una calzada ancha, la plaza del pueblo, que está llena de decoraciones de Halloween, y luego otra calzada ancha.
Eso es.
En cuanto pase ese punto, ya no habrá más decoraciones. No estaré constantemente pensando que estoy viendo a alguien real en vez de una estatua.
No voy a mentir, estoy deseando que llegue ese momento. Será mucho más fácil convencerme de que salir a estas horas no ha sido una idea de mierda.
Respiro hondo, me despego de la pared tomando impulso y corro todo lo rápido que puedo.
El viento me silba en los oídos mientras corro, azuzada por la adrenalina. No oigo nada más y la idea de que alguien pueda estar detrás de mí sin que yo lo sepa me resulta agobiante.
Salto limpiamente por encima de un banco y aterrizo pesadamente, pero no me detengo. Paso un cementerio de lápidas, esqueletos y un falso cadáver trajeado, y atravieso la hierba de la plaza hasta la calzada siguiente.
El callejón se nota más pequeño, más agobiante, mientras corro entre las paredes y salgo hacia el viejo edificio. Tuerzo bruscamente a la izquierda y subo corriendo los escalones del cine.
Mis pulmones necesitan oxígeno. Me agacho y me oculto detrás de una media pared, donde trago aire frío.
Me aferro a la barandilla para no resbalarme y un montón de puntos negros bailotean ante mis ojos.
Nunca tuve tantas ganas de estar a salvo, arropada en mi cama, como las que tengo en este momento.
Se me llenan los ojos de lágrimas, pero las contengo y trago. Ahora estoy aquí, por estúpido que sea, y tengo que decidir qué hago. Nash no está.
Mi reloj se ilumina cuando tuerzo la muñeca. Unos cuantos minutos pasada la medianoche.
Domingo, 24 de octubre
Espero a Nash; estoy escondida tras la pared y miro obsesivamente en todas direcciones. Si no viene, tendré que pensar cómo volver a casa sin que me vean.
Hay dos opciones que me niego rotundamente a considerar, aunque no paran de venirme a la cabeza.
Nash ha sido asesinado.
Nash es el asesino.
Hay una tercera, supongo.
He visto a alguien disfrazado, haciendo el tonto casi en Halloween, y yo estoy perdiendo la cabeza. Creo que desde el año pasado he estado perdiendo lentamente la cabeza, así que apuesto por esta última opción.
Mi reloj muestra las doce y nueve de la noche.
—¿Dónde estás? —susurro, y las palabras desaparecen convertidas en vapor.
Nash no me dejaría plantada. A no ser que esté intentando vengarse de mí por el modo en que lo he tratado. Estuvimos juntos un año antes de que yo le dijera que no podía volver a verlo.
Así fue. Dije que no podía «seguir con esto» y dejé de llamarlo. No hubo ninguna gran explicación; aunque creo que no la necesitaba. Nash sabía por qué no podía seguir viéndolo.
Como si eso fuera a importarle.
Me retuerzo un mechón de pelo en el dedo hasta que me duele la cabeza.
¿Qué voy a hacer ahora? Le doy un minuto más y luego le envío un mensaje.
Penny: ¿Dónde estás?
Miro la pantalla, deseando influirle para que abra el mensaje y me conteste; para que me diga que se ha retrasado, pero que ya llega.
Lo que me llega es nada.
Que es lo que me merezco.
Lo último que hizo antes de cerrar de un portazo fue hablarme mal.
Miro otra vez, doblando el cuello para comprobar todas las direcciones. El pueblo está en silencio, cubierto de oscuridad. Ningún coche por la calle; ni gente, enmascarada o sin enmascarar. Ahora hace aún más frío, y tiemblo dentro del abrigo.
Él no viene y yo tengo que llegar a casa.
Pasan diez minutos de la medianoche; ya es, oficialmente, el aniversario del segundo asesinato. No quiero ser la siguiente.
Suponiendo. Suponiendo. ¡Suponiendo!
Suponiendo que esté pasando de nuevo. Podría no ser un asesino imitador. Estamos precipitando conclusiones. Aunque, tengo que admitirlo, si no lo fuera, sería una coincidencia impresionante.
Penny: Al menos dime que no vienes.
La última vez que estuvo en línea fue hace veinte minutos. Más o menos la hora en la que tendría que haber salido de su casa para encontrarse conmigo. Entonces, ¿por qué no está aquí ahora?
Estoy mirando a ver si llega una respuesta de Nash cuando aparece el nombre de Zayn en la pantalla.
Me está llamando.
Mierda.
Echo una última mirada alrededor, contesto y me pego el móvil a la oreja.
Está hablando sin darme tiempo ni a decirle «hola».
—Penny, ¿qué estás haciendo en el centro a medianoche?
—¿Cómo sabes...? Oh, Dios, ¿me estás rastreando? —Mi voz es el grito más susurrado que puedo lograr.
—Find My sigue activado, Penny.
—¿Y, casualmente, te ha dado por rastrearme?
Lo cierto es que me había olvidado de que esa app seguía activa.
—No casualmente. Adi ha dicho que hoy te has mensajeado con Nash y después te has marchado a toda prisa antes de que llegáramos a su casa. Luego recordé que os solíais escapar de casa para veros. ¿Está contigo?
—No, no ha venido. Estoy preocupada —contesto con un suspiro.
—¿Por qué?
Si le cuento a Zayn lo de la persona enmascarada en la plaza, se pondrá peor que mis padres.
Vale, peor no. Nuestro grupo de cinco sobrevivió a la pérdida de Nash.
La dinámica cambió, pero en todo caso nos hizo más fuertes al resto, nos unió más.
«Hasta el fin», eso es lo que solía decir Zayn mientras patinábamos por la calle.
Una broma entre nosotros cinco; nos vigilábamos la espalda los unos a los otros.
—Porque no tiene a nadie.
—Tiene a esa hermana rara.
Zayn solo piensa que Grace es rara porque tuvo un gran cuelgue por ella y no le hizo ningún caso. Creo que una vez le pidió salir, pero nunca lo admitirá, y ella era demasiado guay para contarnos lo que pasó. Sabía que Omar se burlaría de Zayn.
—¿Quieres que vaya a buscarte? —me pregunta él cuando ve que no digo nada.
—Mis padres oirán el coche.
—Te dejo a media manzana de tu casa. Estás sola y acaban de asesinar a Noah. No puedo creer que te hayas escapado esta noche.
El viento se mete por detrás de la pared y noto que un helado escalofrío me recorre la espalda. Un pequeño recordatorio de que estoy sola y soy vulnerable.
—Vale, de acuerdo. —Me rindo—. Gracias, Zayn. Estoy en el cine Benji’s.
Pero eso ya lo sabe.
—Quédate ahí, agáchate y asegúrate de tener el móvil en silencio. Estaré allí en cosa de un par de minutos.
Yo ya había pensado en todo eso.
Cuando Zayn cuelga, vuelvo a comprobar mis mensajes a Nash.
Aún no los ha leído.
Esto no puede ser nada bueno. Aunque no estoy segura de para quién es malo. Hay muchas posibilidades de que simplemente me la esté devolviendo por cortar con él. Como si fuera tan simple.
Estoy agazapada detrás de una pared baja que va hasta la entrada del cine.
Las puertas y las ventanas están tapiadas con planchas de madera; nadie ha puesto un pie ahí dentro en años.
Una gran grieta sobre una de las salidas de emergencia y muchas tejas rotas demuestran lo poco que se ha querido este edificio.
Miro por encima del muro esperando el coche de Zayn; sé por dónde aparecerá. Debería llegar en cualquier momento y luego puedo estar segura de que no volveré a hacer nada tan estúpido como esto.
Pero aún tengo que hacer algunas cosas estúpidas. Como ir a ver a Nash otra vez. Tengo que saber por qué me ha dejado plantada.
Unos faros destellan en la distancia.
«Vamos, por favor, que sea Zayn».
No quiero ponerme en pie por si no es él, y no puedo reconocer un coche por los faros; algo que Omar sí puede... y lo hace todo el rato.
El coche se acerca lentamente. Me inclino hacia delante, y miro por la esquina de la pared mientras trato de permanecer escondida.
Es entonces cuando un fuerte chirrido, como de metal contra metal, resuena desde el interior del edificio.
Con un grito ahogado, me giro y me quedo inmóvil. Me caigo de culo sobre el frío y húmedo suelo cuando las piernas se me resbalan.
No estoy sola.