El acecho 3
7%

3

Para cuando me ducho y llego a casa de Adi, mis padres ya me están volviendo a llamar. Al menos he podido decirles, con toda franqueza, que estaba en su casa, así que no han sospechado nada.

Adi y yo nos sentamos en su habitación, de color lila oscuro. Ha encendido las lucecitas que adornan el techo y la vela con olor a cereza.

Coge un boli rosa con un pompón y garabatea algo en su libreta.

Miro el título: SOSPECHOSOS.

—Adi...

Me interrumpe.

—¿Cuánto tardó la policía en encontrar a Jackson el año pasado?

—Los polis fueron a por él durante casi una semana, pero los federales lo arrestaron al segundo día de llegar aquí. Deja la libreta, Nancy Drew.

Adi ya sabe eso. Todo el mundo lo sabe.

¿Volverán los federales? Cuando aparecieron, fue de locos.

Un circo total. Nunca antes había visto a tanta gente rondando por el pueblo; todos querían verlos trabajar.

Algunos se alegraron de que se presentaran por aquí, mientras que otros pensaban que nuestra propia policía acabaría por detener a Jackson.

Quizá, pero tampoco se podía correr ese riesgo, con más vidas adolescentes en juego.

—Sí, pero si no se hubiera dejado ese pelo, ¿lo habrían atrapado? ¿De verdad vamos a esperar que este asesino cometa un error así?

Levanto la mano.

—Tengo preguntas.

—Vamos, Pen, está volviendo a pasar. Eso es evidente.

—¿Lo es?

—Bueno...

—Gran argumento, Adi. Deberías unirte al equipo de debate.

—¿Qué vamos a hacer si no este finde? Falta una semana para Halloween, igual que el año pasado. La línea temporal coincide con la de Jackson. No lo puedes negar.

No, eso no lo puedo negar.

Ojalá se me ocurriera algo que replicarle.

Pero no puedo, porque tiene toda la razón.

La línea temporal es idéntica. Lo único que podemos esperar es que la poli encuentre a quien sea antes de que imite el siguiente asesinato.

El año pasado, hubo dos asesinatos más en la semana previa a Halloween; un doble asesinato en la noche anterior al día de Halloween, la llamada Noche del Diablo, y un arresto en las primeras horas de ese día.

Nash me había llamado a las seis de la mañana, en un estado de pánico, para contarme que los federales habían tirado la puerta abajo y arrestado a su padre. Le dije que no se preocupara, le dije que debía de ser un error y que su padre volvería pronto.

Adi enciende su radio de estilo vintage y escuchamos las noticias en directo sobre el asesinato en la emisora local.

La gente no para de llamar y soltar lo que sea.

Es algo totalmente inútil, y solo sirve para propagar el odio y el miedo.

Me alegro de que Adi tenga aversión a los canales de noticias de la tele, porque no quiero ver cómo entrevistan por la calle a gente que conozco.

Lo primero que oigo es que mencionan a Nash y a Grace, no exactamente por el nombre, sino por el nada sutil «ya sabéis que tenía hijos» que suelta la gente, y el estómago me arde de furia.

Adi percibe mi humor y, por el momento, ha evitado culparlos de nuevo. Pero se le nota en la cara. Y ahora ha inclinado la libreta para escribir sin que yo pueda ver lo que pone.

Noto que está de acuerdo con los que están llamando a la emisora, porque alza las cejas cada vez que dicen que la policía tendría que ir a llamar a la puerta de los críos Whitmore.

¿Ha olvidado que ella también era amiga de Nash? Fue ella quien lo animó a pedirme una cita y lo ayudó a escoger mi regalo de cumpleaños.

Me gustaría agarrarla por los hombros y sacudirla.

Estamos también con los móviles mientras escuchamos la radio; ella tontea entre eso y las notas en la libreta.

No sé a quién estará enviando mensajes, pero no es a un grupo en el que yo esté.

Nuestro chat ha estado en silencio desde que Omar y Zayn nos dijeron que vendrían directamente aquí en cuanto llegaran a la ciudad, más tarde.

Omar y Zayn, los dos que completan el grupo ahora que Nash se ha...

ido, habían salido de fin de semana. Omar con su familia, que está organizando la boda de su hermana, y Zayn con su madre, a visitar a sus abuelos.

Ninguno de ellos tenía planeado volver a casa hasta mañana, pero creo que los padres de ambos quieren saber qué está pasando aquí.

Por horribles que fueran los asesinatos del año pasado, sí que dieron a todo el mundo algo de lo que hablar y muchas conmemoraciones que organizar. Nunca he visto al pueblo más vivo que cuando estuvo empapado en sangre.

Es vomitivo.

Suena mi móvil. Adi alza la vista, pero no dice nada. Normalmente me preguntaría quién es, así que eso me hace pensar que está hablando sobre Nash con alguien. Si me pregunta, yo podré preguntarle también.

Casi suelto un grito cuando veo el nombre de Nash aparecer en la pantalla.

Me ha contestado. No me esperaba para nada que lo hiciera, sobre todo después de haberlo visto esta mañana. Parecía que quería echarme de su propiedad horqueta en mano.

Nash: Yo no lo he matado.

Me dejo caer de alivio. Claro que yo ya lo sabía, pero necesitaba oír esas palabras. Tenía que decírmelo él. Y, por razones en las que yo no debería pensar demasiado, él ha tenido la necesidad de decirme que es inocente.

Penny: Ya lo sabía. ¿Estás bien?

Nash: No deberías estar hablando conmigo.

Penny: Al contrario, nunca debería haber dejado de hacerlo. Lo siento.

Nash: Lo entiendo.

Que lo entienda me hace sentir aún peor. Deberían darme un premio a la peor novia del mundo... exnovia. Pero no veía cómo seguir con él cuando todas las otras personas de mi vida me ordenaban que me alejara.

Penny: ¿Qué puedo hacer, Nash?

Nash: Quedemos esta noche.

Penny: ¿Dónde y cuándo?

Nash: El antiguo cine, medianoche.

Medianoche. Entonces ya será el 24 de octubre, un año exacto desde que Jackson se cobró su segunda víctima, una chica llamada Cait. Si el nuevo asesino, si es eso lo que realmente está ocurriendo aquí, está copiando a Jackson, es posible que alguien muera a medianoche.

Nash: ??

Penny: Allí estaré.

Mis padres se acuestan siempre a las diez, porque se tienen que levantar a las cinco para ir al trabajo, así que no tengo problemas para escabullirme. Nash lo sabe. Durante el verano anterior a los asesinatos, nos escabullimos montones de veces para vernos en el parque del barrio.

No me contesta después de que yo acepto quedar, así que dejo el móvil y me centro en Adi, con un humor mucho mejor que el de antes.

—Parece que la poli está yendo a la granja Whitmore —me informa Adi.

No han tardado mucho, pero era de esperar. Alguien ha sido asesinado en el aniversario del primer asesinato de Jackson. Solo era cuestión de tiempo.

El método elegido por Jackson era el apuñalamiento, y a Noah lo han apuñalado. Al menos, eso creo. Tenía unas marcas muy claras en el pecho que me parecieron de puñaladas.

—Se veía venir —contesto mientras vuelvo a coger el móvil.

A Nash no le sorprenderá que le hagan una visita, pero quiero avisarle de que eso ya está pasando. Le envío un texto corto y él lo lee casi al instante. No hay respuesta, pero al menos lo sabe.

—¿Crees que tendrán una buena coartada? —pregunta Adi, mirando mi móvil, porque sabe lo que he hecho. Es la primera vez que parece realmente preocupada por ellos.

—No lo sé. Eso espero, porque si simplemente estaban en casa, no creo que la poli lo acepte.

—Pueden rastrear sus móviles.

—Todo lo que eso prueba es que dejaste el móvil en casa —le digo.

—No pueden condenarlos solo por eso. No te asustes, Penny.

—Espero que no. Oyendo a los que han llamado a la radio, a todos les encantaría ver en prisión a la siguiente generación de los Whitmore, con su padre.

Adi inclina la cabeza.

—Cariño, eso no es cierto. Es que están asustados. ¿Y puedes culparlos, después de lo del año pasado?

—Pues si crees que nosotros estamos asustados, ¿puedes imaginarte cómo estarán Nash y Grace?

—Ya. —Nos quedamos en silencio durante un momento y luego Adi vuelve a animarse—. Eh, alguien acaba de subir al Facebook del grupo del pueblo que dos coches de policía se han presentado en la granja. ¡Qué rápidos!

El año pasado, todos desempolvamos nuestras olvidadas cuentas de Facebook, porque los adultos estaban usando un grupo del pueblo para hablar de los asesinatos.

Todos estarán pegados a las ventanas, a la espera de que pase algo, con el móvil en la mano para poder informar a la ciudad en cuanto ocurra. Lo detesto.

—Creo que voy a marcharme —digo—. Mis padres no tardarán en llegar a casa, y les dije que nos encontraríamos allí.

—¿Estás segura? Puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras.

Me levanto, y cojo el móvil y el bolso.

—Gracias, pero tengo que estar un rato tranquila antes de que lleguen. Van a tener montones de preguntas.

Como presidente del club Nash No Te Conviene, mi padre va a tener mucho que decir sobre él. Y acabará haciéndome prometerle que nunca nunca nunca más me acercaré a él.

Una promesa que romperé en unas pocas horas.

No soy terrible solo como novia...

—Deberías tomarte un tiempo para relajarte. Quiero decir que fuiste tú la que encontró a Noah. La semana pasada estábamos sentadas en clase con él, y ahora está... ya sabes.

Sí, muerto. Ya me había enterado.

—Te prometo que lo haré.

Adi y sus padres se despiden de mí... junto con un fantasma hinchable que se balancea en su patio. Voy por el camino largo, paso mi calle y me dirijo a casa de Nash. No me meteré en el camino de entrada, porque los polis podrían verme, pero necesito saber qué es lo que está pasando.

Mientras me acerco a su calle, me cruzo con un coche patrulla.

¡No!

Nash va en el asiento trasero.

Freno un poco demasiado brusco y paro en el arcén, con el corazón en un puño, pero el coche ya se ha ido. ¿Qué pasa? Grace no estaba con él, y ¿dónde está? ¿Por qué solo quieren interrogar a Nash?

Pienso inmediatamente en hace un año, cuando Nash me dijo que los federales habían detenido a su padre: «En este momento está en el asiento trasero de su coche, Penny. No sé qué hacer».

¿Por qué se lo habrán llevado? Podían interrogarlo en casa. Con Grace seguro que lo han hecho, porque no me he cruzado con nadie más y no hay ningún otro coche patrulla en la puerta de su casa.

¿Por qué solo a él? Esa pregunta me da vueltas en la cabeza.

Nash no haría daño a nadie. Lo sé.

Respiro hondo y pienso en lo que tendría que hacer ahora, en cómo puedo ayudarlo, si es posible. Haga lo que haga, lo más importante es que no nos complique más las cosas a ninguno de los dos.

Ir a la comisaría no servirá de nada, así que arranco el coche y conduzco hasta su casa. Lo más seguro es que Grace me envíe a pastar, pero tengo que intentar hablar con ella. Quizá haya algo que yo pueda hacer.

Cuando me acerco, ella está fuera.

Al ver mi coche, cruza los brazos y sus ojos azul oscuro se entrecierran hasta ser dos finas líneas de destrucción. Me mira como si quisiera estrangularme y tirarme al río.

Así que no soy bienvenida aquí.

Salto fuera del coche y, sin darle tiempo a gritarme, le lanzo la pregunta.

—¿Por qué se lo han llevado?

Me mira con sorna y me sonríe con desprecio.

—No finjas que te importa.

—Sí que me importa. ¿Por qué se lo han llevado?

¿Se lo han llevado para interrogarle o ha sido arrestado? Que son dos cosas muy diferentes.

Se echa la ondulada melena castaña detrás de las orejas y resopla.

—Al parecer, alguien ha dicho que lo vio en el centro, observando la tienda de disfraces. ¡Como si eso fuera un crimen, aunque hubiera estado allí! Se lo han llevado. Vamos, vuelve al pueblo y ve esparciendo los rumores. Ya está por todas las redes sociales. Todos creen que Nash es culpable.

—No estoy aquí para eso. Y yo también lo vi en el centro. No me di cuenta de que lo había visto alguien más.

Endereza la espalda, lo que la hace más alta.

—¿Dónde estaba?

Grace no sabía que él había estado allí. Pero no es raro; siempre han estado unidos, pero no se controlan demasiado. Sin embargo, ya no van mucho al centro. No pinta bien para Nash que uno de los pocos días que lo ven por allí alguien aparezca asesinado.

—Frente a la Party Town, entre la librería y la farmacia.

Abre los ojos de sorpresa, y su enfado al verme se transforma en preocupación por su hermano.

—Oh, Penny. Si fue ahí donde lo vio alguien más, la cosa se puede complicar.

Él es todo lo que me queda. Van a colgarle esto —dice, y traga una larga y temblorosa bocanada de aire, que suena como si estuviera a punto de hiperventilar.

No se me dan bien las emergencias médicas—.

A todo el pueblo le encantaría que Nash fuera culpable.

—Respira, Grace. No dejaré que nadie lo culpe. Él no lo ha hecho.

Vuelve a resoplar.

—¿No vas a dejarlos? Te reto a que digas que Nash es inocente a cualquiera que no sea yo.

Se vuelve de golpe, entra en la casa y cierra de un portazo.

—¡No puedo perderlo también a él! —la oigo gritar.